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00:22h. sábado, 19 de septiembre de 2020

Hacia el esclavismo salarial, Fernando Luengo en EL PAÍS. Demasiado amables palabras, comenta Chema Tante

 

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Fernando Luengo escribe en EL PAÍS, sobre la bestialidad cometida con un nicaragüense al que unos bestias empresarios largaron moribundo en un centro de salud, después de que en una torturadora jornada de trabajo al sol sufriera las mortales consecuencias del brutal calor. Una brutalidad extrema pero que es lo que se ha visto de las intolerables condiciones de trabajo a que se somete a la gente en este estado español, de la Unión Europea. Esto es el resultado de la Reforma Laboral que no hay manera de derogar.nYo, Chema Tante, me uno a la denuncia de Luengo, con un comentario de mi triste cosecha.

Demasiado amables palabras, comenta Chema Tante

Fernando Luengo oscila entre la constatación de una intolerable realidad y la posibilidad de que ello ocurra. Me temo que esa vacilación no se justifica. No es que en el estado español "vayan en la dirección de una pérdida progresiva de derechos". Esos derechos laborales se perdieron con la funesta "Reforma Laboral" que consistió, directamente en la pulverización del cuadro de relativa justicia laboral y dejó a las trabajadoras y los trabajadores inermes, sin herramientas sindicales y legales de defensa ante los abusos laborales. Esta es la realidad. Gracias a las maniobras neoliberales, en la estrategia de dominación desplegada por la oligarquía, la gente se ha visto reducida a trabajar de manera precaria, bajo la amenaza del paro y la miseria, obligada a aceptar cualquier abuso empresarial.

Ya he dicho alguna vez que no vamos hacia el esclavismo salarial, sino que estamos en el despotismo salarial. Mucho peor, para la clase obrera, aunque parezca mentira. Las oligarquías hace mucho que descubrieron que la esclavitud resulta muy cara. Es mucho más barata, rentable y manejable la actual situación. Algo que se ha puesto de manifiesto con esta terrible pandemia. En tiempos de esclavitud, hubiera sido una ruina, porque el esclavo cuesta dinero y hay que mantenerlo y curarlo. Si el desgraciado Eleazar Benjamín Blandón fuera un esclavo, estas bestias de empresarios no lo abandonarían en un centro de salud, porque le costó dinero. Lo dejaron desamparado, porque no les costó nada y tienen muchos reemplazos, igualmente gratuitos. Yo lamento mucho no encontrar el audio que escuche, en el que la hermana de Eleazar expresaba con una desgarrada dignidad las condiciones en que trabajaba este nicaragüense. Decía, cito de memoria "Nuestro padre y nuestra madre nos nos educaron para que aguantáramos los insultos que todos los días le hacía a mi hermano". Eso es lo que está pasando, los empresarios maltratan, de palabra y obra y pagan miserablemente a la gente. No es esclavitud, es peor.

Con este modelo de trabajo que sufrimos, con paro estructural y afluencia constante de migración, no importa que la gente se enferme y se muera. Hay reserva de mano de obra de sobra 

 

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Y no se trata solo de los salarios monetarios recibidos por los trabajadores por una jornada laboral pactada, recogida en un convenio colectivo. Se ha convertido en una práctica empresarial cada vez más frecuente obligar a los asalariados a realizar horas extraordinarias, una buena parte de las mismas a beneficio de inventario; esto es, gratis, ni se pagan, ni, en consecuencia, cotizan a la Seguridad Social. Del mismo modo que se ha normalizado exigir a los trabajadores un esfuerzo suplementario para mejorar “la productividad por hora trabajada”, lo que ha supuesto la reconfiguración de los procesos productivos y los equipos de trabajo, así como el aumento de la vigilancia y la disciplina y la competencia entre los propios trabajadores.

Es evidente que reducir o eliminar los derechos de los trabajadores puede mejorar a corto plazo la cuenta de resultados de las empresas comprometidas con estas prácticas, pero dudo que apunten a una economía más resistente y eficiente; y, desde luego, contribuyen al aumento de la desigualdad, que no ha dejado de acentuarse en los últimos años y décadas.

Ampliemos, pues, el foco. Allí donde la regulación laboral no llega impera el esclavismo, la ley de la selva (la muerte de Eleazar Benjamín Blandón es un ejemplo extremo de una situación de lacerante degradación). Pero, sin llegar a esos umbrales, las relaciones laborales “normales” apuntan en la dirección de una pérdida progresiva de derechos; pérdida que se justifica apelando al binomio productividad/competitividad.

 

La masiva destrucción de puestos de trabajo, asociada al colapso económico y a un crecimiento que, en el mejor de los escenarios, será leve e inestable, puede ser interpretada, las patronales están en ello, como que disponer de un empleo es un privilegio, pues la alternativa es la pobreza y la exclusión social. La “tormenta perfecta” para que asistamos a un nuevo e intenso endurecimiento de las condiciones laborales de los “privilegiados” que disfruten de un puesto de trabajo. Todo ello en un contexto donde la correlación de fuerzas entre el trabajo y capital ya es muy favorable al segundo.

Por eso es importante poner en el centro de la agenda pública la justicia social, con medidas concretas que la promuevan. Tres piezas clave de una política orientada en esa dirección son: a) exigir a las firmas que se beneficien de recursos públicos que los salarios de sus trabajadores se mantengan y, si las circunstancias de la empresa mejoran, aumenten, b) garantizar las condiciones para que se desarrolle en la empresa la negociación colectiva, y c) implementar una renta básica universal de emergencia que garantice unas condiciones de vida dignas a las personas. ¿Estará el Gobierno de coalición a la altura de este desafío?

Todo el artículo de Luengo en EL PAÍS

https://elpais.com/opinion/2020-08-12/hacia-el-esclavismo-salarial.html?ssm=TW_CC?event_log=oklogin&o=cerrado&prod=REGCRART

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