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23:40h. martes, 25 de enero de 2022

un requisito previo importante para una vida buena es disponer de una cantidad considerable de ocio empleado de manera inteligente

Programa Bioeconómico Mínimo - por Nicholas Georgescu-Roegen en La Ley de la Entropía y el proceso económico(1971) - Comentan Federico Aguilera Klink y Chema Tante

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Comenta Federico Aguilera Klink:

FEDERICO AGUILERA KLINKFrente a tanta Transición Ecológica fraudulenta, el Programa Bioeconómico Mínimo,  de Georgescu-Roegen, con 50 años, es bien preciso

El autor era un economista norteamericano, nacido en Rumanía, que escribió uno de los libros más importantes y más ignorados, para hacer de la economía una ciencia-disciplina basada en la fisica termodinámica, en la que la degradación de la materia y de la energía se tiene en cuenta, y no en una disciplina-catecismo basura que ignora las bases físicas e impide entender nada a quien la estudia.

Georgescu escribió su importante libro, The Entropy Law and the Economic Process (Cambridge, Harvard Universty Press).hace justo 50 años.

Comenta Chema Tante

chema tanteDesde que Georgescu-Roegen escribiera este tan atinado como inversamente premonitorio, las sociedades opulentas que roban con vilencia y guerras la riqueza mundial, la riqueza de toda la Humanidad, para derrocharla sin fundamento, nos hemos dedicado a hacer exactamente lo contrario de lo que dijo el rumanoamericano.. Y seguimos en nuestra ciega carrera hacia el desastre, en una orgía de consumo que, como dice el autor, dejará la Tierra para las amebas. Estos días, en ese paroxismo del derroche que se canoniza con el maldito viernes negro y no terminará ni con las Navidades, la gente alegre y confiada, la ladrona, con las armas en la mano, de los recursos del Planeta, le decimos a Georgescu-Roegen que se meta su Programa por donde le quepa. Porque hay que recuperarse de una pandemia que no ha terminado y hay que rescatar una economía de locos que se nos va a llevar a donde no digo, por respeto, pero que pienso.

Lo que dice Georgescu-Roegen me recuerda mucho la parábola del pescador mexicano

Programa Bioeconómico Mínimo - por Nicholas Georgescu-Roegen (1971)

Una economía que descanse fundamentalmente en la energía solar eliminará, aunque no por completo, el monopolio del presente sobre las generaciones futuras, pues incluso dicha economía tendrá que seguir capturando la dotación terrestre, sobre todo en busca de materiales. Las innovaciones tecnológicas sin duda desempeñarán un papel en esta dirección. Pero es hora de dejar de destacar exclusivamente (como todas las plataformas lo han hecho hasta ahora) el incremento de la oferta. La demanda también puede por tanto desempeñar, en última instancia, un papel determinado, uno incluso mayor y más eficiente.

Sería necio proponer una renuncia total a la comodidad industrial de la evolución exosomática. La humanidad no regresará a las cuevas o, mejor dicho, a los árboles, pero hay ciertos puntos que se pueden incluir en un programa bioeconómico mínimo.

Primero, debe abolirse por completo la producción de todos los instrumentos de guerra, no sólo la guerra misma. Es en extremo absurdo (y también hipócrita) seguir cultivando tabaco si declaradamente nadie pretende fumar. Las principales naciones productoras de armamentos pueden lograr un consenso en torno a esta prohibición sin mayores dificultades si, como afirman, también poseen la sabiduría para dirigir a la humanidad. Abandonar la producción de todos los instrumentos de guerra no sólo eliminará las matanzas masivas con armas ingeniosas; también liberará una buena proporción de fuerzas productivas que se podrán destinar a la ayuda internacional sin reducir el estándar de vida de los países correspondientes.

Segundo, con estas fuerzas productivas así como con medidas bien planeadas y de buena fe se debe ayudar a las naciones subdesarrolladas a lograr lo más pronto posible condiciones buenas (no suntuosas) de vida. Ambos extremos del espectro deben participar realmente en los esfuerzos requeridos por esta transformación y reconocer el imperativo de un cambio radical en sus polarizados puntos de vista sobre la vida.

Tercero, se debe reducir en forma gradual la población mundial hasta alcanzar un nivel en que la humanidad toda se pueda alimentar adecuada y exclusivamente con productos agrícolas orgánicos. Sobra señalar que las naciones que ahora tienen un alto crecimiento demográfico deberán realizar grandes esfuerzos para tener logros lo más pronto posible en esta dirección.

Cuarto, hasta que el uso directo de la energía solar se convierta en una realidad generalizada o se logre la fusión controlada, todo gasto de energía (por sobrecalentamiento, sobreenfriamiento, velocidad o iluminación excesivas, etc.) se debe evitar a toda costa y si es necesario legislar al respecto.

Quinto, nos debemos curar de la mórbida sed de poseer lujosos aparatos, espléndidamente ilustrados por un artículo tan contradictorio como el carrito de golf, y del ansia de esplendores tan gigantescos como automóviles para dos garajes. Cuando hagamos eso, los fabricantes dejarán de manufacturar esos "bienes".

Sexto, debemos también eliminar la moda, "esa enfermedad de la mente humana", como la llama el abad Ferdinando Galiani en su celebrado Della moneta (1759). Es verdaderamente una enfermedad de la mente tirar un abrigo o un mueble cuando aún pueden desempeñar su propósito específico, pero obtener un auto "nuevo" cada año y remodelar la casa cada dos es un crimen bioeconómico. Otros autores han propuesto que se elaboren bienes que duren más, pero es aún más importante que los consumidores aprendan a rechazar la moda; sólo entonces los fabricantes se preocuparán por la durabilidad.

Séptimo, y muy relacionado con el anterior, es preciso ampliar la vida útil de los bienes duraderos con diseños que permitan repararlos (Una analogía plástica de hoy día es que, en muchos casos, tenemos que tirar un par de zapatos sólo porque se ha roto una suela.).

Octavo, en obligada armonía con los pensamientos anteriores, nos debemos curar de lo que he designado el "circúndrome de la máquina de afeitar": afeitarse más rápidamente para tener más tiempo para trabajar en una máquina que afeite con mayor rapidez para tener más tiempo para trabajar en una máquina de afeitar aún más rápida, y así ad infinitum. Este cambio exigirá una gran cantidad de retractaciones por parte de todas esas profesiones que han embaucado al hombre en esta vacía regresión infinita. Debemos llegar a comprender que un requisito previo importante para una vida buena es disponer de una cantidad considerable de ocio empleado de manera inteligente.

Consideradas sobre papel, en abstracto, las recomendaciones anteriores en conjunto serían razonables para cualquiera dispuesto a examinar la lógica en que descansan. Sin embargo, desde que me interesé en la naturaleza entrópica del proceso económico he tenido en mente un pensamiento: ¿Hará caso la humanidad de un programa que implique limitar su adicción a la comodidad exosomática? Tal vez el destino del hombre sea vivir una existencia corta pero apasionante, excitante y derrochadora, más que una vida prolongada, tranquila y vegetativa. Que otras especies (las amebas, por ejemplo) sin ambiciones espirituales hereden una tierra aún bañada en abundancia por la luz del Sol.

Georgescu-Roegen, Nicholas (1971) The Entropy Law and the Economic Process (Cambridge, Harvard Universty Press).

Traducción española: (1996) La Ley de la Entropía y el proceso económico (Madrid: Fundación Argentaria - Visor Dis.) 

Nicolas Georgescu-Roege

LEY DE ENTROPÍA

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