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11:34h. domingo, 25 de octubre de 2020

Su desfile militar es un anacronismo belicista que un pueblo pacífico debería desechar.

12 de octubre - por Antonio Cabrera de León

 

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12 de octubre - por Antonio Cabrera de León *

Si España decidiera celebrar su fiesta nacional conmemorando el día en que se inició o completó la conquista de Canarias, yo no me sumaría. Así que entiendo perfectamente el rechazo que despierta la celebración del 12 de octubre en mucha gente de América.

No obstante, condenando sin paliativos el genocidio y expolio que vino después, acepto que ese viaje y ese descubrimiento fue una gesta común que merece ser recordada. Ni vikingos ni otros marineros que pudieron avistar América antes que Colón lo documentaron. Él sí. Las grandes naciones de Europa conocieron la existencia de un nuevo continente a raíz de ese viaje.

No comparto el anacrónico revisionismo de los méritos de personajes históricos a los que se pretende juzgar con criterios actuales de justicia o moral, completamente al margen de la cultura y sociedad en la que vivieron. Ni uno sólo, hombre o mujer, merecería respeto a su obra si analizamos su vida desde nuestro rechazo actual al machismo, la violencia, la tortura, el esclavismo, la guerra, el robo, la pederastia y otras barbaridades que otras sociedades anteriores a la nuestra aceptaron. Aún hoy practicamos buena parte de esas barbaridades. Podemos encontrar grandes y pequeños motivos de condena hacia Aristóteles, Alejandro magno, Virgilio, Julio César, Newton, Einstein, Washington, Lenin, Jefferson, Almanzor, Isabel la católica, Cleopatra, Catalina la grande, Indira Ghandi o Golda Meir. Mejor dejarlos en su época, y a Colón con ellos.

Mi deseo sería que la fiesta nacional fuera únicamente el día de la constitución. La que tengamos en cada momento siempre que sea democrática. Así no molestaríamos a otros pueblos. Pero acepto que pueda ser el 12 de octubre si encontramos una manera común de celebrarlo. Si no, no cuenten conmigo. Que una cosa es la fecha y otra la conmemoración.

En ello radica una vez más el concepto de España. El que nos han impuesto a palos, con don Pelayo y la monarquía, ha mantenido la parafernalia que la dictadura fascista creó durante 40 años para celebrar el 12 de octubre. Se le sale por los poros “el día de la raza”. Su desfile militar es un anacronismo belicista que un pueblo pacífico debería desechar. Esa parafernalia del nacionalcatolicismo completa anualmente su tufo a naftalina con la acumulación de unos cientos de ultraderechistas que, bajo el pretexto de ser familiares de militares, acuden a abuchear al Presidente del gobierno elegido democráticamente. Lo abuchean cuando no es de los suyos, aunque sea el suyo el que los estrella en un avión de miseria y entrega féretros con brazos y cabezas de cadáveres sin identificar.

Este es un año como para suspender el desfile, dada la epidemia que nos atenaza. Pero si ha de haber uno, no debería haber más militares que los de la UME. La presencia de soldados como parte de un desfile de trabajadores públicos no me genera ningún rechazo, pero a condición de que no sea más significada que la de los maestros, bomberos, médicos o barrenderos. Trabajadores públicos pagados por todos, que han dado la cara y la vida por nosotros y han dejado con el culo al aire a quienes atacan lo público. Un desfile de batas blancas querría ver este año.

Celebraré con especiales ganas el día que tengamos una constitución republicana y laica. Hasta entonces conmemoraré el día leyendo algo de un escritor americano. Mañana Onetti.

 

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Antonio Cabrera de León

ANTONIO CABRERA DE LEÓN RESEÑA

MANCHETA 21