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06:44h. domingo, 23 de enero de 2022

¿Acaso creen que algo va a cambiar? - por Isidro Santana León

Por mucho que en la Metrópoli o en la colonia, en España o en Canarias, gobiernen partidos conservadores o progresistas, el estatus de Canarias no cambiará nunca.

¿Acaso creen que algo va a cambiar? - por Isidro Santana León *

Por mucho que en la Metrópoli o en la colonia, en España o en Canarias, gobiernen partidos conservadores o progresistas, el estatus de Canarias no cambiará nunca. Pudiera ser que los partidos llamados de izquierda nos doten de alguna concesión más –de alguna limosna–, pero, en lo esencial, en lo que son nuestros derechos legítimos de pueblo, jamás harán un movimiento o un acto de democracia ni el intrínseco traspaso de la soberanía que, por derecho nos deben y que supondría la libertad de nuestra nación. El hecho de que gobiernen nuevos partidos llamados progresistas, no supone para Canarias y su pueblo que podamos planificar e implementar nuestra economía, que podamos nacionalizar nuestros recursos, vertebrar nuestros sectores productivos, que delimitemos nuestras aguas, que nos relacionemos libremente con todos los países del mundo, que controlemos nuestro mercado, que tengamos una hacienda nacional canaria para fiscalizar los movimientos de capitales o el capital que se genera dentro de nuestra tierra, a fin de impedir que se vaya fuera… en definitiva: que seamos los canarios los que dirijamos nuestro futuro.

Las colonias estás para saquearlas y el pueblo de esta antigua colonia española en África no tiene condición de ciudadano sino de súbdito. Los canarios seguimos siendo –seis siglos después– los siervos de esta España colonialista, vetusta, medievalista y depredadora –por más que se vista y alardee de demócrata y moderna– que se opone a dejar su rapiña sobre nuestra nación. Canarias, históricamente le ha servido a España para desahogar y equilibrar sus tambaleante y depresivos ciclos económicos, en tiempos difíciles y no, o para utilizar a nuestro pueblo en las levas, cual meros peones para sus guerras e intereses expansionistas –como carne de cañón–, así como para ocupar plazas de colonos en los países donde tenían competencia colonial con otras potencias (Tributos de sangre). Nuca han permitido ni permitirán nuestro desarrollo, aún contando nuestra nación con unas potencialidades envidiables, pues su política ha sido la de la sujeción y el saqueo para detraer rentas inmediatas de nuestro PIB (del que, en la balanza de pago, Canarias España, podemos contemplar que aportamos mucho más a la metrópoli que lo que recibimos de ella). Mantener el estatus colonial está en los esquemas de Sistema, y estos van a ser inmutables, gobierne quien gobierne, porque la cuestión no radica en cambios ideológicos sino en un régimen de sojuzgamiento que no quiere renunciar a su prostíbulo ultramarino por los interese que éste le supone. Ni cuando el triunfo de la Revolución Francesa, este país dio la libertad a sus colonias, ya que si bien el cambio social fue radical en la metrópoli, para bien de su pueblo, el trato a los pueblos de sus posesiones fue más inclemente aún.

No nos engañemos, no esperemos que España cambie para que cambie nuestra situación, porque nuestra situación depende exclusivamente de nosotros y mantener el régimen colonial será siempre el fin de la metrópoli. Una de las formas de sujetarnos a perpetuidad es que participemos en su juego, para así expresar ante el mundo nuestra conformidad o que los canarios queremos y aceptamos esta situación deplorable que nos somete, cuando, por el contrario, la libertad de nuestra nación emana de la desobediencia y el rechazo a un sistema de dominación ilegal sobre nuestro pueblo.

Las estructuras políticas que se han articulado en la colonia, aunque se llamen independentistas, no darán nunca respuesta a nuestra demanda soberana; pues, son parte del juego colonial y de justificar al colonialismo cada vez que los llaman a las urnas. En esta colonia, en la nación canaria, los partidos políticos llamados independentistas, así como los sindicatos, son herramientas coloniales que usa la metrópoli para legitimar su invasión y sometimiento tras una aparente democracia. En una colonia, sólo es eficaz y trascendente para la consecución de la soberanía un Movimiento de Liberación Nacional. Aquellos partidos que no renuncien a sus postulados ideológicos –a sus excusas– o a sus enfermizos narcisismos de tener una taifa para sentirse profetas, están colaborando con la metrópoli y anquilosando en proceso de la liberación nacional en aras a interese privados. Seguir en esta tesitura endogámica y marginal, es continuar manteniendo al caciquismo canario en el poder –a esos medianeros del que tanto alegan que es el mal de Canarias– y posicionarse claramente al lado del colonialismo español.

Es imprescindible abandonar los fatuos personalismos y apostar en pro de un movimiento de Liberación Nacional, el único capaz en las colonias de culturizar, concienciar y mover a los colonizados, empezando por los colonizados psíquicos que creen que sus grupúsculos son la solución del problema colonial. Renunciar a las jefaturas de taifas y entrar en el Movimiento de Liberación nacional, es la forma única en que podemos buscar la cohesión nacional y acabar ya con este anacrónico problema. Esperar cuatro años más para intentar algo desde las elecciones coloniales es un dislate, o el interés de los que no quieren la emancipación de Canarias. Insisto: los partidos y sindicatos en una colonia son herramientas colonialistas –por mucho que se hagan llamar independentista– y sólo un movimiento de Liberación Nacional –como bien nos indica la historia de los pueblos coloniales que se han emancipado de sus metrópolis–, es la única estructura con capacidad para resolver nuestro problema.

 

* Publicado por gentileza del autor