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21:22h. jueves, 27 de enero de 2022

Algo huele que apesta: ¿acaso la merde  de Ltzia.? - por Nicolás Guerra Aguiar

  "El proletariado español cercano a la plebe es inculto y soez. Además, desconoce sinónimos de su propia lengua que deben usarse para significar lo mismo que la palabra vulgar pero, eso sí, con más refinamiento y apariencia estética"

Algo huele que apesta: ¿acaso la merde  de Ltzia.? - por Nicolás Guerra Aguiar *

   El proletariado español cercano a la plebe es inculto y soez. Además, desconoce sinónimos de su propia lengua que deben usarse para significar lo mismo que la palabra vulgar pero, eso sí, con más refinamiento y apariencia estética. Razón influyente, estimo, por la que un tuitero (“Me cago en el rey y en la reina”) fue condenado a 240 euros de multa.

   Así, por ejemplo, cuando el proletario quiere referirse a la acción de expulsar heces por el ano no recurre a la armoniosa riqueza léxica del español (véanse voces como evacuación, excreción, deyección, defecación). Ni al francés (merde). Muy al contrario, por su vileza y grosero uso suelta “cagada”, término relacionado con la esencia animal que lleva dentro y su pedestre prosa. Es como cuando dice que su hija “parió un macho”, tal si la niña fuera una cabra y la angelical criatura alumbrada saliera ya con chivo y el maloliente tufillo. Porque las señoras bien y refinadas no paren, en absoluto: dan a luz como si de Unelco se tratara. De la misma manera que miccionamos, expelemos o evacuamos la orina frente al urinario o receptor miccionador. Por contra el vulgo, en su similitud agreste y ruda, lo que hace es mear, casi siempre por fuera como si estuviera en el meadero ovejero, cual carnero.  

   Por estas razones el abuso de los refranes está más relacionado con la gleba. Ya advirtió Don Quijote a Sancho mientras le recriminaba que fuera “pródigo de refranes”, por más que muchos de ellos salen de la experiencia de nuestros antiguos sabios.

 

Pero como son sentencias casi siempre populares se llega a recoger alguno altamente ramplón, bajo y despreciable. Así (disculpe Vuesa Merçed mi osadía, estimado lector) leo en un diccionario de los tales algo tan chabacano como “El caballo del rey cagó en mi puerta. Y en mi portal, la jaca de la reina. Caga el rey; caga el papa; sin cagar, nadie se escapa”.

 

Caganers papales y reales

 

   Esta aparente simplonería lleva dentro de sí un revolucionario mensaje anarquista, desestabilizador socialmente, ácrata y libertario cual el mismísimo Errejón, Satanás con cara de niño bueno; que El Maligno, más sabio por viejo, sabe seleccionar a su gente. Porque, ¿qué es eso de “Sin cagar, nadie se escapa”? Pues es, ni más ni menos, que la asonada proletaria: el rey y el siervo son iguales, ¡tamaño disparate!, ¡apestoso canto a la pestilente democracia! (¡A la hoguera los Errejones, a la pira! Peor aún: ¡a “la mierda de la LOC”, que llama Ltzia.!)

   Sépase, pues, y quede para las generaciones futuras, que la cagada de un vasallo es tosquedad, miseria intelectual y animalización sonora a la manera de traca voladoril. Por contra, las reales defecaciones son sublimes sensaciones olfativas, rosáceos pétalos de la primavera. Van acompañadas por el suave susurro de una pentagrámica aura que escapa, serenamente, tras el real orificio, ojal o abertura. Incluso las evacuaciones líquidas son desplazamientos continuados en suave emanación frente al proletario, que padece cagalera y se va por las patas abajo.

   Ltzia., en consecuencia, usa merde, palabra francesa de lengua melodiosa, musicalidad…! (Ne me quitte pas / il faut oublier / tout peut s'oublier… -‘No me dejes / es preciso olvidar / todo puede olvidarse’…-, acaso la más bella canción amorosa de todos los tiempos, genial Edith Piaf…) Porque no es lo mismo que uno escuche “Lo demás, mierda” a que lo oiga en françaisL’autre, merde; En outre, la merde - con voz dulce y melosa como reacción a un artículo que salió “en la mierda de LOC”. Por contra, ¡cuánta aristocratización si hubiera sido en “la merde de LOC”!

 

   Viene a cuento lo anterior porque la jefatura del Estado de l’Espagne niega en nota oficial la relación de amistad muy personal con el señor López Madrid, excomponente de le élite bankaria y, por tanto, hipotético beneficiario de una tarjeta negra (el negro, en este caso, no simboliza tragedia o muerte). Y, a la par, supuesto partícipe en presunta financiación ilegal del Partido Popular (trama Púnica).

   ¿Por qué la nota aclaratoria? ¿Hay –o hubo- íntima amistad entre el señor López Madrid y el jefe del Estado? Pues sí, y viene de lejos. Así, cuando la prensa dio a conocer los detalles anteriores sobre el señor López Madrid y sus procesos judiciales, el diario.es reprodujo supuestos mensajes entre ambas partes. En 2014 una tal Ltzia. le dice: "Te escribí cuando salió el artículo de lo de las tarjetas en la mierda de LOC […] Nos conocemos, nos queremos, nos respetamos. Lo demás, merde. […]". Y él contesta: "Os lo agradezco mucho. […] vivimos en un país muy difícil […]". “PF PT” añade: "¡Y tanto! Me uno al chat, pero prefiero […] charlar sin intermediación electrónica ni telefónica. Comemos mañana? Abrazo". (¡Cuánto desprecio de Ltzia. por un periódico, merde! Por cierto: ¿con qué tarjeta se pagó el almuerzo? ¿O fue en palacio?)

   Así, parece concluirse que Ltzia. y PF PT distinguen entre la soez forma española (“mierda”) y la francesa (merde). La primera es más épica, más propia de soldadescas. Incluso de celestinas, lo cual traduce proletaria intención en una lengua, el español, riquísima para manifestaciones de intenso cabreo, desprecio, insultos e improperios (dispone de 10 000 voces). La voz gala es, por contra, poesía, distensión, elegancia.

   Por tanto, queda demostrado que usan el hosco español (mierda) por aquello de la aproximación al pueblo. Pero la elegancia francesa (merde) nivela. Sospecho que Ltzia. es persona de equilibro mental: fogosa por sangre española y suave por sus casi divinos orígenes. Aunque, bien es cierto, falta un elemento muy aclarador: la intensidad definida por el gramático Tomás Navarro Tomás (Manual de pronunciación española). Es decir, el mayor o menor grado de fuerza espiratoria con que pronuncia ambas voces, aunque sospecho el recio y ronco ruido de la española. Ahí está la madre de la bayfa. (Merde!, escribí “bayfa” con y griega: ¡estruendosa deyección!)

 

* En La casa de mi tía por escatológica gentileza de Nicolás Guerra Aguiar