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18:30h. Lunes, 19 de agosto de 2019

Ayer demócratas, hoy cesantes - por Nicolás Guerra Aguiar

Lo que ha demostrado la constitución de los nuevos ayuntamientos es que el Sistema funciona, aunque no con la madurez exigible. Pero que sumos sacerdotes de la política municipal hayan caído a pesar de su inmenso poder me lleva a la conclusión de que, al menos en parte, los votantes teníamos esta vez las ideas muy claras. Y la primera de todas, la básica, el afán de reformas.

Ayer demócratas, hoy cesantes - por Nicolás Guerra Aguiar *

Lo que ha demostrado la constitución de los nuevos ayuntamientos es que el Sistema funciona, aunque no con la madurez exigible. Pero que sumos sacerdotes de la política municipal hayan caído a pesar de su inmenso poder me lleva a la conclusión de que, al menos en parte, los votantes teníamos esta vez las ideas muy claras. Y la primera de todas, la básica, el afán de reformas.

   La transformación del mapa municipal fue, si no revolucionaria ('que produce cambios profundos'), sí al menos estremecedora: hizo temblar las ya relajientas bases en que se asentaba nuestra estructura de apariencia democrática, pero no en su esencia rigurosa. Personas como la señora Barberá, exalcaldesa de Valencia, por ejemplo, sucumbieron frente a la renovada voluntad de ciudadanos, transformados por experiencias personales y, además, ilusionados por la llegada de nuevas mentalidades y principiantes generaciones.

 Asi, no fueron los medios  de comunicación quienes hicieron daño al PP (aunque lo afirme el señor Rajoy) por exhaustivos tratamientos de la corrupción imperante ya fuera a través de debates (televisión), ya gracias a investigaciones de los periodistas, a quienes hemos de agradecer su trabajo riguroso y las más de las veces desapasionado. No, en absoluto: si hubo escabrosas controversias y día tras día los periódicos y noticieros de radio llevaron a sus primeras páginas temas de corruptelas, corrupciones, tramas para robar el dinero público, organizaciones para adjudicar contratas millonarias... fue, precisamente, porque toda esta podredumbre social y política no era la excepción, más bien lo contrario: fue la norma al uso. Y el PP no se enfrentó a ella con vigor, muy al contrario: intentó disimularla a veces con insultantes silencios, otras con  derrochadoras verborreas cuando hablaba de los ERE en Andalucía.

   Porque ya no solo se trataba de personas con responsabilidades públicas: la justicia acusó, además, al Partido del Gobierno de España. También a otros, miembros del Gobierno andaluz, que mancillaron el sacrosanto nombre del socialismo para -en apariencia- robar. Y así, respectivamente, el señor De la Mata -titular de un juzgado- le reclamó al PP una fianza de un millón docientos mil euros como responsable civil subsidiario por supuestos delitos fiscales relacionados con obras en su sede central.  Y la señora Alaya, jueza en Andalucía, concluye que gente del Gobierno, sindicatos... distrajeron cientos de millones de euros que debían emplearse -ironías- para beneficios sociales relacionados con la clase trabajadora.

   Que los medios de información, en fin, informaran de tanta miseria política ni se debió a un pataleo ni obedeció a conjuras, confabuiaciones o maquinaciones inventadas por enemigos del PP, o del PSOE, o de CiU, o de... En absoluto: los ciudadanos les debemos la inmensa deuda de que nos hayan informado con profesionalidad, tal como corresponde: la información, por suerte, ya no es propiedad exclusiva del Gobierno. Aunque bien es cierto que los medios son empresas privadas cuya función primera es obtener legítimos beneficios con su trabajo. Pero lo uno no obvia lo otro: yo les agradezco su esclarecedora aportación. Sin los periodistas que se dedicaron a la investigación en medio de putrefacciones morales y éticas no habríamos sabido de la misa, ni la mitad.

  Y la renovación se produjo. Aunque más bien debemos hablar de ilusionantes inicios, de gigantesco paso para la consecución de aquello que se pretende: si no la pureza absoluta, sí al menos la mayor pulcritud en la cosa pública. Pero insisto: este no es más que el primer momento de una empresa extremadamente compleja a la que intereses nada ocultos (los fondos buitre, el capitalismo depredador -que llama el señor Hernández Vigueras-; especuladores con deudas públicas y privadas; el Fondo Monetario Internacional...) intentarán boicotear en cuanto que sus paranoicas ansias de milmillonarios beneficios puedan, acaso, verse afectadas. Pero las buenas palabras de quienes pregonan -soñemos con la ética- sus iniciales coincidencias con los elementales principios humanos recogidos en la Constitución han de convertirse ahora en materializaciones, aunque al golpìto. No será fácil, claro; pero son la esperanza para millones de ciudadanos.

   Y dentro de este estremecedor cambio -aunque no serenamente revolucionario- se dieron a conocer quienes fueron removidos por la voluntad popular, personas con tradición de mayorías absolutas en alcaldías y a quienes en mayo las dejaron en minoría. Llama la atención que alcaldes de distintos signos políticos (aunque bien es cierto que dominan los del PP) no dimitieron de su condición de concejal electo al día siguiente de las votaciones. Muchos de ellos esperaron a ver si con suerte y ofertas de poder podían continuar en sus puestos, a fin de cuentas aquello ya era casi suyo desde cuatrienios anteriores.

   Algunos, con decencia, permanecen (el señor Cardona, por ejemplo). Otro es la excepción: el señor alcalde coruñés de Oza-Cesuras (del PP) renuncia al cargo en la Diputación para no compartir escaño con un exconsejero vinculado a la estafa de las preferentes. Varios se marcharon poco antes del 13. Y puedo sospechar que en algunos de estos influyó más la pérdida del absolutismo que la representación ciudadana como concejal de a pie. Así, por ejemplo, se retiraron los señores Ramos (Teror) y González (Mogán); la señora Barberá (“¡qué hostia, qué hostia!”, en Valencia); los señores Torrente (Pontedeume, La Coruña), Sedano (Toro, Zamora), Bataller (Castellón)... Sin embargo, parece que alguno cesó para beneficiar a su partido. Y los pastores cantan en Belén.

   En Canarias como región, claro, todo sigue igual: CC gobierna en alianza con el PP donde le place (Santa Cruz de Tenerife, Puerto de la Cruz, Güímar, Arafo...) a pesar de las CaCareadas CasCadas y pactos firmados con el PSOE. El socio psocialista teatralizó emputamientos y retiradas, que el honor es cosa de hombres: “Es imperdonable”, dice. Pero como es sustituible por los ppopulares y el Gobierno es cosa de ATI, tras las flagelaciones volvió a la mesa negociadora: allí se reparten los cargos y los coches oficiales.

* En La casa de mi tía, por gentileza del autor