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21:14h. Martes, 13 de Noviembre de 2018

Aznar y Álvarez-Cascos salieron indemnes - por Antonio Aguado

 

FRASE AGUADO

Aznar y Álvarez-Cascos salieron indemnes - por Antonio Aguado, coherente veterano militante socialista *

Fue indignante contemplar las comparecencias de Aznar y Álvarez-Cascos en la Comisión del Congreso para investigar la financiación irregular del Partido Popular. La primera se produjo el martes 18 de septiembre y tuvo como compareciente a Aznar. Su protagonismo fue claro y evidente hasta el punto de prácticamente anular a los diputados que le interrogaban. Estos no estuvieron a la altura e inexplicablemente le hicieron el juego, no centrándose en el motivo de la convocatoria y propiciando con sus derivaciones el lucimiento de Aznar, que más bien parecía estar dando un mitin.

El formato para ambos comparecientes fue el mismo y sus ubicaciones de forma inconcebible eran preponderantes, estando situados en un estrado por encima de los diputados. Daba la impresión que a estos tal anomalía no les importaba y más bien pretendían causar buena impresión “ante la galería” con sus recurrentes intervenciones. Lo cierto es que el Congreso de los Diputados y ellos representando a la ciudadanía, desde la dignidad quedaron en entredicho y menoscabados.

Desconozco el reglamento del Congreso y hasta que punto contempla la ubicación de los comparecientes por encima de nuestras/os representantes. Si fuera así, es evidente la imperiosa necesidad de su corrección y reforma, estipulando igualmente la obligatoriedad de ceñirse los testigos con sus respuestas al orden del día establecido, debiendo el interrogatorio o preguntas cumplir con ese mismo requisito. Puede que este apartado ya se contemple en el actual reglamento, de ser así, se evidenciaría la poca capacidad y falta de personalidad del presidente de la Comisión, no cortando a los diputados cuando hacían apreciaciones improcedentes y más aun, a los testigos o interrogados con sus evasivas y falsas respuestas, tenia que haberles recordado su obligación de decir la verdad, a la que ambos y en varias ocasiones faltaron, como por ejemplo cuando coincidieron respondiendo que no les constaban la fraudulenta financiación del PP, algo inexplicable por las posiciones que tenían en su partido de presidente y secretario general respectivamente, e igualmente los cargos institucionales que ocuparon de presidente y vicepresidente del Gobierno.

Después de haberse demostrado judicialmente la extendida corrupción y financiación irregular de su organización política el PP de la que fueron sus máximos responsables, continuaron negando lo evidente y suficientemente comprobado. Álvarez-Cascos que compareció el pasado 9 de éste mes, llegó al despropósito de manifestar que el comportamiento de los extesoreros La Puerta y Bárcenas fue intachable y sus actividades no habían sido merecedoras de ningún reproche. Negó la existencia de sobresueldos y de una contabilidad paralela. Todo lo exponía desde la prepotencia y manteniendo una cínica sonrisa.

El caso de Aznar fue mucho más grave, no en vano en él concurría mayor responsabilidad como presidente del PP y del gobierno, en el que llegó a contar hasta con doce de sus ministros imputados en casos de corrupción y dos tuvieron condenas firmes, teniendo que hacerle frente a las mismas con perdidas de libertad. Ha ocurrido con Jaume Matas y Eduardo Zaplana y próximamente ocurrirá lo mismo con el todopoderoso Rodrigo Rato.

Incomprensiblemente Aznar en su comparecencia de forma muy despótica y arrogante mantuvo la iniciativa, llevando lo que debería ser el interrogatorio a su persona por parte de los diputados al terreno que más le convenía, hasta el punto de “vender los logros y bondades de sus gobiernos”. Llegó a extremos intolerables cuando faltándole el respeto y la consideración a los diputados y en consecuencia a todas las ciudadanas y ciudadanos por ellos representados, manifestó que España no había participado en la Guerra de Irak. Aunque éste tema no era objeto o motivo de la investigación, pero como inexplicablemente  salió a relucir, propició que el diputado de ERC Gabriel Rufián le reprochara el papel que desempeño en la mencionada guerra, manifestando su deseo de verle juzgado por un tribunal penal internacional. Le faltó comprometerse con su organización política a hacer las gestiones oportunas para que eso se haga realidad.  

Las comisiones de investigación hasta ahora han sido auténticos fracasos  demostrando su inutilidad, a no ser que se vea  como “la venta de imagen” de sus protagonistas: diputados con sus inconsistentes y recurrentes interrogatorios, favoreciendo a los testigos o comparecientes y dándoles facilidades para derivar e introducir temas de su conveniencia y/o contestar al margen objeto de la convocatoria.

Tuvo el agravante de contar con un patético presidente de la Comisión el diputado por Nueva Canarias Pedro Quevedo, que carente de personalidad y capacidad, no supo cortar las intervenciones (casi todas), que no se ceñían al orden establecido y motivo de la convocatoria: “financiación irregular del Partido Popular”.

Éste nefasto personaje nacionalista de pacotilla, es un vividor de la política de la que como tantos otros ha hecho su profesión siendo ésta la peor de las lacras. Puesto por el PP preside “chupando cámara” éstas comisiones, debido a los apoyos que podría haberle facilitado al anterior gobierno de Mariano Rajoy, necesitado del único voto (el suyo) disponible por  su formación política Nueva Canarias.

Si las comisiones de investigación no sirven para nada como recientemente y públicamente ha manifestado Gabriel Rufian, ¿Por qué se presta a participar en ellas?. ¿Le puede mas su afán de protagonismo?. ¿No se ha dado cuenta de haberle hecho el juego al genocida de Aznar e indecente Álvarez-Cascos?. A través de los diputados que nos representaban me he sentido humillado y vejado por estos dos impresentables y nefastos personajes.

Es evidente la imperiosa necesidad de una profunda regeneración democrática, para que las ciudadanas y ciudadanos tengamos más protagonismo y poder ante este tipo de políticos y las tropelías que cometen.  

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Antonio Aguado Suárez

ANTONIO AGUADO RESEÑA

 

MANCHETA 4