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01:42h. miércoles, 15 de julio de 2020

Bastan tres mil palabras - por Nicolás Guerra Aguiar

 

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Bastan tres mil palabras - por Nicolás Guerra Aguiar *

Usamos en español un grupo muy reducido de términos agrupados bajo la marca de “palabras gramaticales” (suman casi cien: artículos, pronombres, preposiciones y algunas otras). Su presencia total ocupa aproximadamente la mitad de un texto. (¿Seríamos capaces de escribir alguno coherente de veinte líneas sin la presencia del pronombre relativo / conjunción que y de las preposiciones en, de?)  

SALVADOR CAJA  Para el doctor Salvador Caja (exprofesor de la Universidad lagunera) tales “palabras gramaticales” son elementos instrumentales más que significativos. Así, ejemplifico, el artículo no tiene significado léxico, pero antepuesto a un sustantivo permite conocer su género gramatical (la razón) o matizar un referente ya conocido (nos vemos en el jardín). 

   Lo afirma el también exvicepresidente de la RAE: con novecientas voces más añadidas a las cien gramaticales cubrimos el ochenta por ciento de un texto normal. Si contáramos con otras dos mil ampliaríamos las posibilidades de comunicación / comprensión del español hasta un noventa por ciento. Ya con cuatro mil conseguiremos hablar y entendernos sin mayores problemas. Entonces, ¿para qué necesita nuestra lengua un Diccionario (RAE) de 30 X 20 cm, 3,1 kg y 1531 páginas?  

DICCIONARIO RAE

  La explicación, dejando a un lado la de fortalecedor de bíceps y tríceps braquiales, pronadores y supinadores, es elemental: el cómputo de palabras recogidas en él  anda en torno a las 84 000. Es, pues, un instrumento socializador: nos convierte a todos los usuarios -académicos incluidos- en iguales frente a la lengua, pues ningún hispanohablante (cuatrocientos cincuenta millones) lo maneja al completo. 

  Por tanto, si con tres mil estamos a diez puntos de la correcta conexión lingüística - emisor y receptor manejamos códigos comunes y, además, el corpus de nuestra lengua no cabe en la cabeza de ningún usuario (carecemos de los bits necesarios)-, ¿cuáles son las causas de tal acumulación?  

  En primer lugar (y por suerte), el ímprobo trabajo de quienes se han dedicado y dedican al estudio del léxico y a su ordenación. Porque el diccionario es eso: ‘Repertorio […] en el cual se recogen […] los vocablos o expresiones de una o más lenguas, o de una materia concreta, acompañados de su definición, equivalencia o explicación’.  

   Así, el más importante monumento de la nuestra es el Diccionario de la RAE (va por la 23ª edición). Fue tarea prioritaria de sus fundadores (año 1713) y a él se dedicaron en cuerpo y alma. El efecto resultó extraordinario: entre 1726 y 1739 aparece el primero, más conocido como Diccionario de autoridades. Y en él, claro, se recogen términos no presentes en el español actual por obvias razones, entre ellas su caducidad.

DICCIONARIO AUTORIDADES

  Sí, en ediciones pasadas de la Academia hay voces ya desusadas (durandaima, jerga carcelaria hablada en Valencia, siglo XV). Tantas son las palabras afectadas que en cien años (1914 - 2014) desaparecieron 2793 (ABC Cultura). Otras tienen los años contados: es el caso, por ejemplo, de algunas muy frecuentes hasta hace cuatro décadas (zaguán, aldaba, corpiño, memorizadas en Gáldar), cuyas necrológicas ya están redactadas. 

   ¿A cuántas ascendería el listado de fallecidas si  pudiéramos comparar la edición de 1914 con una supuesta de 2214, por ejemplo? ¿Y si el primer elemento de la comparación fuera el Diccionario de autoridades (1726 – 1739)? Este, sospecho, sería una lexicalizada necrópolis. Lo cual, por supuesto, no le restaría mérito alguno pues consiguió el primer registro de miles de voces, muchísimas de las cuales permanecían en 1973 (al menos las que investigué). 

  Segunda explicación al planteamiento arriba hecho (¿cuáles son las causas para la acumulación de los otros ochenta y un mil vocablos?). La respuesta es también sencilla: corresponden a los campos de nuestra lengua relacionados, por ejemplo, con profesiones, el llamado argot (‘lenguaje especial entre personas de un mismo oficio o actividad’). 

   Así, puñir, heñir, montar, lendar (Manuel Díaz, Juncalillo, poeta y panadero)…  corresponden al específico glosario de la panadería. Paralaje, perigeo, revesa, surgencia… son voces de las cientos que forman el correspondiente a mareas, corrientes y astronomía editado por el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile. Y cerón, piquera, opérculo,  triar… se relacionan con la apicultura (profesor galdense Díaz Quintana).

MANUEL DÍAZ JUAN FÉLIX DÍAZ

Manuel Díaz, Juan Félix Díaz Quintana

   ¿Cuántas miles se añaden si entramos en el específico lenguaje de la aviación, agricultura, carpintería, pintura, industria, pesca, derecho, arquitectura…? ¿Cuántas añadirían los botánicos, matemáticos y la ciencia médica? ¿Somos capaces de definir paranomasia, metonimia, apóstrofe, onomatopeya, quintilla, serventesio…? 

   Sumemos, además, las específicas de regiones e, incluso, países americanos  desconocidas en España. Pero, eso sí, presentes hoy en el Diccionario de la Academia. Así, gofio (<<Canarias, Antillas, Argentina, Costa Rica, Uruguay. Harina gruesa de maíz, trigo o cebada tostados, a veces azucarada>>); baifo (<<Voz prehispánica. Canarias. cabrito (‖ cría de la cabra)>>); mojo (<<Salsa picante típica de Canarias, hecha principalmente con aceite, ajos, guindillas, cominos, sal y pimentón>>); guagua (<<Canarias, Antillas. Vehículo automotor que presta servicio urbano o interurbano en un itinerario fijo>>); millo (<<Canarias y El Salvador, maíz>>); tabaiba (<<Canarias. Árbol cuya madera, muy ligera y poco porosa, se usa para tapones de cubas y barriles>>); desriscar (<<Canarias, Puerto. Rico y República Dominicana. ‘Precipitar algo desde un risco o peña’)... 

    Y tercera explicación: la exactitud. Aunque palabras como miedo, horror, terror, pánico, pavor… forman parte del mismo campo, pueden significar distintos grados ante la angustia por riesgo o daño.

  Ochenta y tantas mil, en efecto. Permanecen fuera, sin embargo, términos  estudiados en catálogos como Diccionario Histórico-Etimológico del Habla Canaria (Marcial Morera Pérez), Diccionario ejemplificado de canarismos y Tesoro léxico canario - americano (doctores Corrales y Corbella), Diccionario básico de canarismos  (Academia Canaria de la lengua)... 

diccionarios

  Son los frutos de la escuela creada en la Universidad de La Laguna desde finales de los años sesenta (doctores Salvador Caja, Trujillo Carreño…): convirtió a Canarias en región privilegiada por la cantidad y calidad de los estudios realizados sobre el español aquí hablado.   

   (Por cierto: el Diccionario registra la forma ustedes como propia de Canarias para dirigirse a personas a las cuales individualmente tuteamos. Pero no saben los señores académicos que nuestros jóvenes -y por imitación, algunos puretillas- ya son cultos e incluso academizables, pues la han sustituido por vosotros. ¿¡No fumas, inglés!?)


* La casa de mi tía agradece la gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

Imagen de la mancheta de portada tomada del muro de FACEBOOK

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