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02:02h. lunes, 18 de octubre de 2021

Batallones contra botellones - por Luis Alsó

 

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Batallones contra botellones - por Luis Alsó, Attac Canarias

En varios países europeos (Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, España, , etc..) la desesperación de la población crece al ver como se acumulan las dificultades para erradicar la pandemia y recuperar  la vieja “normalidad” perdida hace dos años ante la “nueva “. Los costos sanitarios y económicos empiezan a ser peligrosos por su volumen pero los costos sociales también. Paralelamente a la  “nueva normalidad” que tratan de imponernos, se está abriendo paso una “nueva anormalidad” que se manifiesta  en la lucha callejera,  habitual los fines de semana, entre  batallones de policía cada vez mejor equipados (Israel investiga y vende  muchas “novedades y España es un buen cliente)   y grupos igualmente numerosos de jóvenes (sin miedo, sin mascarilla y sin “distancia”) que beben, bailan y se abrazan al calor de ruidosos “botellones”,  denunciados  por “los mayores” a la policía como focos  molestos y dañinos a erradicar.  En suma: “batallones” contra“botellones”; o entre “gente de orden” y “gamberros”.Ambos se retroalimentan, creando situaciones de violencia creciente  que pueden desembocar en la muerte o lesión grave de alguno de los contendientes. Sucedió ya en Francia , donde una policía sin escrúpulos, entrenada en la brutalidad (a Macron no le tiembla la mano para exigirla) dejó inválidos a algunos estudiantes que se habían unido a las manifestaciones de los “chalecos amarillos”.

     Bajo el clima de esta “nueva anormalidad” se ha ido desarrollando también un odio indisimulado entre los mayores y los jóvenes (hijos, a veces, de aquellos) que ha llegado a culpabilizar  a los “botelloneros”   de la persistencia  de la pandemia (los mayores se alegran cuando ven, en los telediarios, a la policía moler a los jóvenes a palos). Pero, pese a que esas “fuerzas  de seguridad del Estado” incrementan cada vez más su capacidad represiva y su contundencia,  los jóvenes les están perdiendo el miedo y, lejos de dispersarse, se muestran más aguerridos y se enfrentan a ellos en una auténtica batalla campal. En un reciente “botellón “ masivo llegaron a reunirse  unos 25.000 jóvenes en el “campus” de la universidad de Madrid. Al verlos los mandos de  la policía  renunciaron a disolverlo y se limitaron a prevenir desordenes y daños materiales,  evitando  que, como en Francia, se produjesen  graves consecuencias.  Sin embargo, pocos días  después,  en Barcelona, las “fuerzas del orden” decidieron atacar a un macrobotellón de 40.000 jóvenes , pero  dejaron detrás un desolador “panorama después de la batalla”, con un coste difícil de evaluar; y  confrontaciones políticas  en el ámbito municipal catalán . 

    Sus críticos adultos reprochan a los jóvenes “botelloneros” que no se comportan como “gente de orden”, tomándose una  cerveza cómodamente sentados en la terraza de  algún restaurante. La respuesta les dejó helados : “porque no tenían dinero para ello”. 

    Porque estos “alborotadores” de los fines de semana  no son  simples ”jóvenes descarriados” o “ninis”; sino “jóvenes sin futuro”,  a los que se les viene diciendo  crudamente que van a vivir peor que su padres.  La mayoría carece, en efecto, de un  empleo estable y bien remunerado; o de una vivienda digna donde convivir con su pareja; no se plantean procrear hijos (no se los pueden permitir) ni albergan esperanza alguna de futuras pensiones. Sus  títulos de licenciatura cuelgan ociosos en las paredes  de la casa de sus padres o abuelos, con quienes conviven para no morirse de hambre. Sólo les queda,  tentando la suerte,  emigrar  para vivir, probablemente,  de camareros en restaurantes de la UE, sin familia y sin tierra ; o bien suicidarse: ya se han triplicado en España el número de suicidios de jóvenes  y siguen en aumento.  Y les piden ahora sus padres  y “las “autoridades” que se confinen y eviten los botellones para que la pandemia se acabe…. 

    Pero la minoría criminal a la que sus “mayores” permitieron saquear el planeta, como denuncia Greta Thumberg,  va también  a por sus ancianos , para ahorrase las pensiones de las  que  muchos jóvenes viven, eliminándolos en sus residencias (en las que los virus siempre saben como entrar). 

    No es un problema exclusivo de España sino, en mayor o menor medida, de muchos países europeos; algunos ricos  como Holanda o Dinamarca, donde también hay batallas y batallones; o incluso Alemania, donde las parejas jóvenes difícilmente encuentran un piso asequible. En Francia, en la periferia de grande ciudades, como Paris (el de los “ banlieu”) o Marsella, donde los jóvenes  -sobre todos los descendientes de emigrantes- viven  de la delincuencia, engrosando  amenazadoramente un “lumpen social” que algún día puede devenir un poder fáctico difícil de erradicar. Desde luego, hoy por hoy, no parece probable  una segunda revolución francesa, pero quizás podríamos oír algún día consignas alarmantes , como “el lumpen al poder”; sobre todo si tenemos en cuenta que para Macron es mas importante aumentar los presupuestos militares para recolonizar Africa , que hacer que su juventud pueda labrarse  un futuro digno. 

     La pandemia decae ostensiblemente. Las vacunas han hecho su parte positiva;  pero en manos exclusivas de los genocidas  están haciendo también  -ya lo hemos dicho - su parte negativa: evitar que  la mayor parte del “tercer mundo” las posea . Aunque se caduquen (junto con “los derechos humanos”) en los almacenes de los países ricos.      

                      

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Luis Alsó

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