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08:42h. sábado, 22 de enero de 2022

Carta a Liberto Asudem Ibaraden:

 
Siento mucho lo que ha pasado, Liberto, sé la ilusión y el esfuerzo que has puesto en el programa que has creado en Radio Guiniguada, “Todo anda así” y lo que supone para tu vida tal dedicación, que haces filantrópicamente. Pero ya vez, siempre hay algún sujeto dispuesto a que las cosas no funcionen si no es él quien lo manipula todo, o si no se hacen “a su imagen y semejanza”.
Carta a Liberto Asudem Ibaraden:
 
Siento mucho lo que ha pasado, Liberto, sé la ilusión y el esfuerzo que has puesto en el programa que has creado en Radio Guiniguada, “Todo anda así” y lo que supone para tu vida tal dedicación, que haces filantrópicamente. Pero ya vez, siempre hay algún sujeto dispuesto a que las cosas no funcionen si no es él quien lo manipula todo, o si no se hacen “a su imagen y semejanza”.
 
Te agradezco, de corazón, que me hayas invitado al programa que, supuestamente, se emitió en directo, el jueves 20 de diciembre del 2012, a las seis de la tarde, para hablar de nuestro recién fenecido hermano, Antonio Cubillo. Quizás haya sido un error por mi parte aceptar tu invitación, pues no sabía que también a mí me querían tanto… jajajajaja; no obstante, podemos constatar que el odio y la envidia hacia la persona de nuestro héroe nacional está tan arraigado en este farsante que despampana de independentista –sobre todo con la lengua– al que no le importa lesionar los sentimientos de aquellos que dice que quiere, si no es él el objeto del elogio. ¡Yo!, ¡Yo!, ¡Yo!... son sus expresiones más asiduas; su egopatía necesita no menos de una dosis de panegírico diaria, que si no logra de boca de otros sale de la suya propia.
 
Sabemos y le hemos consentido siempre su narcisismo petulante –él le llama biófilo, ¡hay que joderse!– porque, para nosotros, que hemos pasado y hasta compartido la marginalidad más dolorosa con la clase paria de esta sociedad colonial, y que –en mi caso– he mamado cárcel para no chivarme de otro, el sentido de la amistad y el honor son valores que la ingeniosidad o el arte, per se, no tienen.
 
Por lo visto le tenemos que agradecer cada peo que se tira, porque él inventó la palabra, el pensamiento y la especie humana existe merced a su grandiosidad y bonhomía. Te aliento a que sigas adelante. En cuanto a mí, que no me considero mejor que nadie –la mayoría me superan en el arte de las letras y la música– te diré que este personaje, que, a chácara y tambor, propaga su conmiseración con los demás, no me va a desilusionar en mi empeño por la independencia de Canarias: porque no tiene mi altura moral y porque nací y moriré para y por ver mi patria independiente; lo de menos es si tal victoria se obtiene durante mi ciclo vital o no, ni quien sea el hombre que esté en el sitio preciso en el afortunado momento, yo sólo cumplo con mi misión. Me imagino que este palo ha sido muy letal para ti, Liberto, porque te lo pega, de forma sutil y pérfida, un sujeto al que hemos considerado más que amigo, y tú, en particular, como a un padre.
 
Que todo sirva para aprender y avanzar, por desgracia, el enemigo no está siempre al otro lado de la línea de combate, sino que lo tenemos a nuestra vera. Sigue en pie, la vida es una lucha donde a veces las adversidades no son las inclemencias del tiempo, el hambre o la sequía, sino la tirria endémica y las miserias del hombre… ahí tienes un ejemplo claro. Es un pobre frustrado, un fracasado, un dolorido perdedor, que lógicamente pierde con rencor porque siempre le gustó ganar a cualquier precio; ávido, como el más profundo drogadicto, del próximo triunfo que sacie su megalomanía. Atiende: ni su obra literaria –que le aplaudo– le va a salvar, porque en la vida hay otra obra que son tus actos y los de él han sido mucho peor que su ingenio literario. Nosotros, Liberto, nos calentamos y hasta damos cuatro esperridos cuando no estamos de acuerdo con algo, pero no odiamos porque somos más nobles que el sujeto de marras, el mismo que tacha a todo el mundo de mimoso para camuflar su envidia: no puede soportar que ningún compatriota descuelgue, porque va a por él con la maldad más fratricida, aparentando ser la victima cuando en realidad es el verdugo. Está enfermo, perdónalo, liberto, “no sabe lo que hace”, no tiene empatía y, en ocasiones, sus arranques son de psicópata. A veces hay que esperar que la vida te dé un susto y te haga recordar que eres mortal, para alcanzar un poco de humildad que te baje de lo divino a lo profano; pero, claro, quien se proclama revolucionario viviendo como un burgués, quien ha conocido la desdicha de los pueblos y de las personas a través de la lectura y de la historia, pero no la ha padecido en propias carnes, llega al convencimiento de que labora para la humanidad cuando la realidad es que lo hace para alimentar su ego. Antonio Cubillo pasará inexorablemente a la historia (esto no es mitomanía sino objetividad y las diferencias, muchas que tuve con él, se las dije a la cara, los trapitos se lavan en casa) y el narcisista biófilo ni siquiera arrastrará su sombra porque es un fantasma sólo arrastra cadenas.
 
Aparte, Liberto, ¡qué pena de Radio Guniguada!, ¡no sé cómo se le puede llamar radio libre cuando se ha convertido en el púlpito particular de algunos! Nació rebelde, allá en el Lomo Blanco, para acabar en un poso negro, en cuyo ecosistema y en rara simbiosis se emparapetan defensores de asesinos de pescadores –que si pudieran me matarían también a mí por denunciarlos–, muchos españolistas que quieren implantar el marxismo en está putrefacta colonia, para después imponerlo en España y algunos cantamañanas del colonialismo…
 
¡Joder, coño! ¡Viva la libertad de expresión! Sobre todo cuando vas a hablar de la independencia de Canarias y no pasa por la supervisión y censura del envidioso que tú conoces. Te deseo lo mejor, Liberto, no puedo ofrecerte mucho, pues sabes que yo también las estoy pasando putas, pero, como siempre hemos compartido todo, igual que en los viejos tiempos hasta el bocadillo de sardina, si precisas de mí para algún proyecto estaré ahí. Recuerda, siempre cumplo mi palabra y si no, no la doy: yo no soy de los que invito a comer y le digo a los otros que paguen. jajajajajajaja.