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18:15h. sábado, 16 de enero de 2021

El crimen beneficia al capital - por Lidia Falcón

 

FRASE FALCÓN

El crimen beneficia al capital - por Lidia Falcón, abogada, escritora, presidenta del PFE *

 

El desolador espectáculo cotidiano de mendigos, prostitutas, enfermos mentales, mujeres,  hombres, adolescentes,  sobreviviendo en la calle, se multiplica día a día en que la crisis económica ha caído sobre España como una de las plagas que nos están destrozando. Viendo muchachas bonitas pidiendo limosna, jóvenes que parecen instruidos mendigando para desayunar, hombres adultos que  han trabajado muchos años varados en el aeropuerto de Barajas, detenidos por la pandemia, sin poder comer, me planteo el panorama inmediato de nuestro país. 

La pobreza avanza sin que las medidas anunciadas por nuestro gobierno sean eficaces para detenerla por falta de financiación y de inteligencia para implementarlas,  y que además nunca contemplaron erradicarla. Los sectores sociales más desfavorecidos que siempre estuvieron abandonados de la protección estatal aumentarán en número y en situación desesperada y la única alternativa será dedicarse a la delincuencia. Y eso siempre beneficia al Capital.

El primer sector que ganará será el de la prostitución. No se ha conseguido abolir la prostitución en los 42 años de democracia que disfrutamos y no será ahora cuando se apruebe la ley. Aquellos partidos que abogan por legalizarla, como Podemos, los Comunes, Ciudadanos, Esquerra Republicana votarían en contra si el PSOE se atreviera presentarla, propósito éste que no se adivina. Porque el lobby prostituidor aumenta sus ganancias con la incorporación de nuevas esclavas, y también hombres y niños y niñas, arrastradas por la desesperación. 

En ese negocio ganan proxenetas propietarios de hoteles, casas de masaje, clubs de carretera, lupanares, casas de citas, y toda la gama de distintos nombres con se encubren los burdeles. En esos establecimientos trabajan chulos, madames, limpiadoras, camareros, gerentes, administrativos. La amplia gama de oficios que se necesitan en los negocios.

La mafia necesita también sicarios que mantengan el orden y eviten protestas y rebeliones, que se relacionen bien con las diversas policías que operan en el país: municipales, nacionales, autonómicas, Guardia Civil, mediante el mejor de los argumentos: el dinero. Ese dinero fluye también hacia algunos de los cargos de las instituciones en los Ayuntamientos, los gobiernos de las Comunidades, diputados, senadores, jueces, magistrados, forenses, oficiales de la Administración de Justicia, Consejeros del Poder Judicial, dueños de medios comunicación, periodistas. 

También, naturalmente, beneficia, aunque sea a pequeña escala, a los sinnúmeros negocios que se crean para abastecer los prostíbulos, desde los establecimientos de restauración y cafeterías a las perfumerías, el vestido, las peluquerías y esteticienes. Las clínicas de muchas especialidades médicas que afectan a ese colectivo social: abortos, enfermedades de transmisión sexual, psiquiatras y psicólogos, cirugía estética y reparadora. 

A la prostitución se añade el negocio de la pornografía, con la legión de profesionales del cine y de la administración de empresas que requiere, y que es muy útil para adiccionar a jóvenes y menos jóvenes a la prostitución y que enseña a mantener las reglas del Patriarcado, lo que siempre es rentable.

Por ello, la Unión Europea ha dictado la norma de que los Estados europeos incluyan en el cómputo del PIB los ingresos por prostitución. 

Otra vía de supervivencia para muchachos desasistidos, de familias desestructuradas, pobres, sin instrucción ni posibilidad de empleo, es el narcotráfico. Desde la adolescencia y a veces la infancia los “ganchos” adiccionan a muchachos a diversas drogas, ellos serán los camellos más eficaces para infectar a otros amigos. 

De allí a la amplia cadena de los traficantes, los que transportan la droga desde países lejanos, la almacenan y la distribuyen, los que montan laboratorios clandestinos y suministran a hoteles, bares, balnearios, discotecas, la cantidad de gente que vive o sobrevive de infectar a la población en el consumo de marihuana, cocaína,  heroína y combinados artificiales es incontable. 

Esa mafia, como la de la prostitución, tiene también que crearse sus aliados, confidentes, cómplices y encubridores en toda la gama de trabajadores y participantes en las instituciones, que ya he nombrado. 

Los ingresos de la droga y la prostitución superan juntos a los que proporciona el tráfico de armas y constituyen el número dos y tres en el ránking de los negocios ilegales más beneficiosos e importantes del mundo. 

Por ello, también  la Unión Europea ha dictado la norma de que los Estados europeos incluyan en el cómputo del PIB los ingresos por tráfico de drogas.

A estas adicciones tan rentables se unen el juego y el alcohol. En todos los barrios modestos se han abierto casas de juego, las apuestas y las timbas se anuncian en televisión, eso sí, con un cartelito ejemplarizante que dice “juega con responsabilidad”. También se añade a la publicidad del alcohol ese consejo tan bien intencionado. Las personas que trabajan en todo el entramado del juego y del alcohol cumplen el mismo papel que en la prostitución y el tráfico de drogas, desde crupiers y camareros a administrativos, que son indispensables para que los negocios sean rentables. 

Después es preciso, en un país avanzado, organizar el tratamiento de los ludópatas y de los alcohólicos. Médicos, asistentes sociales, psicólogos, psiquiatras, clínicas de rehabilitación, granjas de recuperación de los adictos y medicamentos. Muchos medicamentos para que la industria farmacéutica no deje de ganar. De la misma manera que el Capital organiza y lleva a cabo las invasiones y las guerras que destruyen las ciudades y es preciso después reconstruirlas, con lo que el negocio es doble: armas y ejércitos y empresas, arquitectos y albañiles, los adictos se fabrican y después hay que rehabilitarlos. 

A estas formas tradicionales de cometer crímenes se ha unido en la actualidad la presión del lobby trans que pretende hacer desaparecer a las mujeres, imponiendo la abolición del sexo. Esta ideología delirante que no se hubiera imaginado hace unos años se ha convertido en otra fuente de negocios. Además de pseudo intelectuales y pseudo feministas que escriben libros, dan cursos y conferencias difundiendo esa doctrina, se precisa una legión de  psicólogos, psiquiatras, endocrinos, pediatras y cirujanos, que deben atender las demandas de los que descubren que su género no es el del sexo que se les asignó al nacer.  Las clínicas de reasignación de sexo con la plantilla de trabajadores que precisan y toda la gama de medicamentos que abarcan desde antidepresivos a hormonas, amén de los que se precisan en operaciones quirúrgicas enormemente agresivas, y cuyo consumo da grandes beneficios a las farmacéuticas.

Y en los casos en que los afectados se arrepienten de la trascendental decisión que tomaron sin tener un conocimiento exacto de sus consecuencias, muchas veces en edades en que no se tiene completo uso de las facultades mentales, y en otras por la propia patología del paciente, estos pueden recurrir nuevamente a la legión de profesionales que procederán a deshormonarles y hormonarles, según sea adecuado, a operarles y a desreasignarles el sexo, con la necesaria atención psicológica y psiquiátrica y los medicamentos correspondientes. 

A estas nuevas formas de delincuencia se ha unido últimamente el negocio de los “vientres de alquiler” que utilizan la facultad reproductora de las mujeres pobres en mercancía, fin siempre deseado del Capital. Agencias de contratación de víctimas, de viajes, la industria hotelera, abogados y personal de consulados y la Administración de justicia, están empleados en cumplir los deseos de personas que como no pueden engendrar sus propios hijos los contratan en el útero de alguna hembra humana. 

Pero no son sólo estas formas de delincuencia las que benefician a los numerosos negocios del Capital. Indirectamente, todo delito, aún los de menos importancia y cuantía, proporciona un éxito a los gobernantes de derechas porque les permite implantar una política represiva. Incluso el más pequeño descuidero que roba un bolso a una vecina provoca una reacción de indignación en el barrio que reclama indignado más protección, más policía, más leyes represivas. Cuantos más delitos comunes se realicen más proclive estará el pueblo a votar a los partidos de derecha y ultra derecha que prometen mano dura contra los delincuentes. A estos les siguen los emigrantes, los refugiados, los africanos y algunos latinoamericanos y los chinos que montan negocios que quitan la clientela a los comerciantes del barrio. 

Cuanta más indignación se provoque en las clases populares víctimas de robos, agresiones y violaciones, más fácil le es a la derecha ganar estima y apoyos. La ciudadanía que se queja de los altos impuestos para pagar la sanidad, la educación, la asistencia social, está dispuesta a pagarlos para aumentar los efectivos policiales y represores, y los partidos xenófobos ganan enseguida apoyos para expulsar a los emigrantes.

Los diputados y senadores de los partidos ultras se sienten reforzados en sus reclamaciones de leyes más duras contra los extranjeros, y los demás partidos, ante el crecimiento de esas peticiones varían sus programas y los acercan a los de la ultra derecha para no perder votantes y afiliados y quedarse en la irrelevancia. No estoy contando ninguna fantasía propia, es lo sucedido en Francia, en Italia, en Hungría, en Polonia, en Reino Unido, en EEUU… 

Las leyes represivas del crimen son muy útiles también para perseguir las organizaciones sociales y políticas que protestan y critican el gobierno y el sistema. Nuestra Ley Mordaza impuesta por el PP que lleva una decena de años en vigor no ha sido ni aún modificada por el partido socialista a pesar de que éste gobierna hace ya casi tres años. Siempre se puede perseguir a un rapero, a una twitera, a unos titiriteros, que dicen cosas hirientes y molestas contra el poder, a un colectivo que se manifiesta sin permiso en la calle, a los indignados que se enfrenten a la policía, utilizando los artículos de la Ley mordaza.  

Es también muy beneficioso para diversos negocios e intermediarios que se monten negocios de seguridad ante el aumento del crimen. Sistemas de alarma, puertas blindadas, rejas para las ventanas. El clima de peligro se alimenta con las amenazas de los portavoces del Apocalipsis que se avecina ante el aumento de delincuentes que se han introducido en nuestro país. El crimen organizado tiene a su vez sus propios empleados, intermediarios y negocios, que a su vez rinden beneficios a los funcionarios de toda laya y a políticos, jueces, médicos, legisladores, como ya he relatado antes.

Además, que exista un gran sector social que vive en la marginación, oscilando entre la mendicidad, el delito y la prostitución, favorece mucho al Capital. Es el ejército de trabajadores de reserva de que hablaba Marx. Esos desgraciados están dispuestos a emplearse por un plato de comida sin reclamar protección alguna y constituyen el mejor dumping para las empresas que pueden reducir cada vez más los salarios y los derechos de los trabajadores. 

De modo que pretender que se elimine la pobreza y se proceda a un reparto justo de la riqueza no beneficia al Capital. Por el contrario le quitaría muchos de sus ingresos y prebendas, y a todos los círculos que le amparan, le protegen, le juzgan y son sus cómplices y encubridores. 

Este retrato real de nuestra sociedad tendría que servir para desvelar los verdaderos propósitos de los partidos que defienden la legalización de la prostitución y de las drogas, que mantienen la producción de alcohol y las casas de juego, que se niegan a derogar la reforma laboral, que hablan de más desregulación del empleo, de libertad para acabar con las leyes protectoras de los trabajadores, que permiten las deslocalizaciones de empresas, y que además, para más cinismo, piden ayudas económicas al Estado, como hace Feijóo en Galicia. Y desanimar a la ciudadanía que se deja deslumbrar por los discursos vibrantes de la derecha y la ultra derecha contra los enemigos de la Patria, la religión y la familia, que siempre es la izquierda.

Aunque lo peor es que hoy la izquierda institucional está a favor de regular la prostitución y las drogas y permitir la pornografía y legalizar los negocios trans, sin que se propongan calificar de delito “los vientres de alquiler”.  

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Lidia Falcón O'Neill 

LIDIA FALCÓN RESEÑA

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