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10:14h. lunes, 14 de junio de 2021

Lejos están, pues, honestidades e integridades

Cuando gobernanza y salud importan menos que los votos - por Nicolás Guerra Aguiar

 

FRASE GUERRA

Cuando gobernanza y salud importan menos que los votos - por Nicolás Guerra Aguiar *


 

En la del alba del pasado lunes CANARIAS7 abrió con el siguiente titular: "El TSJC tumba el toque de queda en Canarias y la opción de cierre perimetral entre islas”. Al poco me entró el encabezamiento de El Ideal, periódico granaíno: “Moreno [presidente del Gobierno andaluz] pide poder reactivar [la restriccióm nocturna] tras las fiestas de este fin de semana".  

ángel víctor torres (2)tsjcmoreno bonilla

  La Razón del viernes / 7 destacó esta cabecera: “El TSJCV avala el toque de queda en la Comunitat Valenciana y las reuniones de 10 personas”. Como contrapunto, el mismo día la Justicia rechaza la propuesta de Euskadi de mantenerlo, e incluye en la prohibición confinamientos y límite de reuniones: “El TSJPV impide al Gobierno de Urkullu aplicar las medidas relacionadas con derechos fundamentales sin el estado de alarma” (El Diario Vasco). El miércoles fue el TSJN quien rechazó su reimplantación (Diario de Navarra)...

BARES BILBAOBARES CERRADOS VALENCIA

 

  Las decisiones no son iguales en todo el Estado. Sin embargo, y a pesar de las contradictorias variantes, hay dos elementos comunes a las cinco noticias: el primero, los tribunales superiores de Justicia. El segundo, la prohibición (o no) de salidas nocturnas: consiste en denegar o admitir la libre circulación en calles o permanencia en lugares públicos sin causa justificada durante el horario establecido... por más que, en el uso de su inconsciencia, osadía, reto a las normas generales o caracterizador infantilismo algunos jóvenes españoles -universitarios, a puñados- presuman estos días de no acatar “por principios de libertad” las limitaciones impuestas. (¡Libertad, libertad: cuánto desordenado mental enfanga tu nombre! ¿¡Quién los habrá contagiado!?)

FIESTAS EN MADRID

  Así pues, si en estado de excepción sanitaria como el actual los magistrados de  distintos tribunales superiores de Justicia difieren  en la consideración de un principio tan fundamental (control nocturno), ¿a quién pueden recurrir los gobiernos de algunas comunidades urgentemente necesitados de apoyo legal para imponer limitaciones horarias durante la noche? 

  La opción, dícese, es el Tribunal Supremo, quien podría declararse incompetente pues, a fin de cuentas, más se trata de un tema político que rigurosamente jurídico. Y si se definiera a favor o en contra, ¿sería de obligada aplicación a las diecisiete comunidades autónomas y dos plazas de soberanía cuyas diferencias numéricas -infectados, camas UCI, defunciones…- podrían ser abismales? Los disparates de Madrid, Andalucía (Sevilla), Castilla – León (Salamanca), ¿son acaso equiparables a la estabilización conseguida en Valencia o Canarias... a pesar de  botellones playeros y vegueteros de quienes exponen su vida -y la ajena- por la deuda contraída con “la libertad”, concepto extraño a la protagonista de “ensayo sobre las libertades” (Raymond Aron): libertad política, personal, intelectual... (y la de unas cañas con los coleguillas, claro)?

BOTELLÓN EN LAS CANTERAS

Botellón en Las Canteras, 13 de mayo

  Además, a magistrados y profesores les he escuchado la misma argumentación para superar tal dicotomía: las comunidades autónomas pueden en derecho solicitar al Gobierno la reclusión horaria nocturna... pero limitada a su geografía. (Otra cosa bien distinta es que políticamente les interese aparecer ante los ciudadanos como solicitantes de tal medida de emergencia.) 

  La miseria de algunos políticos (populacheros, hueros, desleales con la razón) ha llevado a los extremismos: o con “la libertad” o contra ella. Porque la ejercen, dicen, quienes deciden por sí mismos… sin tener en cuenta el derecho correspondiente a los demás, es decir, el  constitucional artículo 43, el de protección de la salud. Y esta compete a los poderes públicos, claro. Pero el Gobierno central no monopoliza tal incumbencia, pues las comunidades son también poderes públicos obligados a organizar y tutelar la salud a través de medidas preventivas y de acción inmediata. Y ante la pandemia, el riguroso control sobre los disparates cometidos impunemente el pasado fin de semana es responsabilidad directa de los cargos políticos, todos.

  Algunas comunidades lo preveían. La población se echó a la calle a recuperar en diez horas las noches de impuestas clausuras a causa de la covid-19. Aunque, por lo visto, lo que hizo fue abordar, invadir, asaltar y atracar espacios públicos hasta la insensatez, el disparate y la demencia: avalanchas de juveniles masas humanas  llevaron hasta las mismas horas del alba su descontrolada manifestación, ajena a elementales normas de autodefensa colectiva. 

botellones en canarias

  Pero, el mismo señor Moreno, quien ahora reclama urgentes toques de queda para Andalucía, desde varios días antes defendió la prudencia de mantener abiertos bares, tascas… ¡hasta las dos de la mañana! ¿En qué racional, ordenada y normal cabeza cabe que decenas de miles de jóvenes se recogerían con orden, responsabilidad y sentido cívico tras los amontonamientos mostrados por periódicos y televisiones?

 

BARES ABIERTOS ANDALUCÍA

  Otra cosa bien distinta es la postura pasiva –tal vez complaciente- del actual Gobierno con manifiesta dejación de su responsabilidad. Bien es cierto: proponer imprescindibles medidas racionales hubiera sido perjudicial para sus intereses políticos (ahí está la prueba de Madrid). Pero gobernar obliga muchas veces a imponer. Sobre todo,  claro, ante la universalizada epidemia. ¿Temió el Gobierno que si llevaba al Congreso la solicitud de reimplantar ciertas limitaciones, acaso la radical oposición (incluso el voto de algunos aliados) le hubiera echado abajo tal pretensión? Pero, incluso ante la duda, era su obligación. Y si no recibía el apoyo necesario, podía haber dejado bien clara su disposición frente a los objetores. 

  El estado de alarma tenía fecha de caducidad bien conocida por todos. Y todos se dejaron ir -salvo excepciones- ante la gravedad de la hecatombe racionalmente previsible. La oposición, también por interés político: poco importan los altísimos índices registrados en Madrid o Cataluña, nada impresionan las previsibles consecuencias. A los ejercientes de “tal libertad” les importan un carajo los sanitarios abrasados por la impotencia, agotados psicológicamente, entristecidos ante la indiferencia ajena. Ni los cuerpos policiales, perplejos ante tanta masa disparatada, a veces dislocada e, incluso, agresiva. 

SANITARIOS AGOTADOS

  Esa es la realidad: el Gobierno central y algunas autonomías disimularon y rechazaron elementales compromisos, imprescindibles responsabilidades, obligaciones con los españoles. Prefirieron desgastar al contrincante. Y también les afectan otro carajo el sentido ético de la Política, la función primera de la misma, la condición de servidores públicos.  Lejos están, pues, honestidades e integridades.

  * La casa de mi tía agradece la gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

nicolás guerra reseña
 

 

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