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07:51h. viernes, 27 de noviembre de 2020

no son actitudes propias de un aspirante a presidente de Gobierno

La democracia consultiva del señor Casado - por Nicolás Guerra Aguiar 

 

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La democracia consultiva del señor Casado - por Nicolás Guerra Aguiar  * 

 Durante una entrevista radiofónica pregonó el señor Casado, urbi et orbi, que los españoles votaron a Felipe VI (rey) y no a los señores Garçón e Iglesias, ministro de Consumo y vicepresidente segundo del Gobierno, respectivamente. Pero, además, diputados ambos dos. 

  Eso tiene de peligrosa la buscada multiplicación frente a micrófonos y cámaras: no siempre hay tiempo para reflexionar ante específicas cuestiones, algunas de ellas muy delicadas. De ahí incongruencias, disparates, absurdos, cerros de Úbeda… si el entrevistado no acepta como algo normal la propia condición humana, es decir, su limitación de conocimientos, el lapsus memorístico... (Siempre pongo como ejemplo de prudencia y cordura a mi profesor de Geografía -el doctor Quirós Linares, catedrático universitario- ante una pregunta en clase: “Pues mire usted -le dijo a la alumna-, no lo sé. Y como profesor no puedo disimular con cualquier respuesta. Mañana le contestaré”. (Y lo hizo.)

   Sin embargo el señor Casado, en tales situaciones, es víctima de su incontinencia lingüística: jamás le he oído decir “quizás, tal vez, tengo mis dudas, debo estudiarlo en profundidad, no lo había pensado, no lo sé...”. Muy al contrario: a veces sus palabras fluyen tormentosamente (y torpemente, a veces): “Están todo el día con la guerra del abuelo,  con la fosa de no sé quién”; “El PP ha dejado un legado impecable en la Comunidad Valenciana”; “España es un desastre”; “En el 89 los jóvenes nos pusimos delante de un tanque en Tiananmén parando al comunismo”; “El Partido Popular representa a la España madrugadora”. Y los maltratadores son "personas que no se están portando bien con ellas" (infoLibre). 

  En su aparente obsesión con el rey (acaso esquemas de siglos anteriores, quizás confusión con Felipe II), llega al disparate máximo: “Cuando abrimos un hospital o abrimos un colegio estamos diciendo viva el rey”; “"Hay que incorporar la expresión '¡Viva el Rey'! a cualquier conversación de la calle o del bar”. (¿Será habilísima reproducción -acaso remedo- del patriótico grito “¡Viva Franco!” con el cual se terminaban discursos oficiales, tan arraigado en el señor Fraga? ¿Acaso -apunta sagazmente el profesor Santana Sanjurjo- siembra por si algún día es Jefe del Estado en la hipotética III República? ¿Espera nombramiento digital como presidente?)  

  Su argumento de intelectualidad para fortalecer la afirmación del encabezamiento parece contundente: “Sánchez prometió que no pactaría con ellos”, los bolivarianos comunistas. Y es que la muy angelical criatura se creyó la argucia sanchista sin tener en cuenta el dicho popular: “Al revés te lo digo para que mejor me entiendas”. 

  (No obstante es perdonable inocencia de quien jamás de los jamases ha mentido, por ejemplo, en este terrero de la política española ni en el de másteres universitarios. Pero Dios está arriba, y nadita se le escapa. Nadita. Muy al contrario: admira la ingenuidad, el candor, la falta de malicia mientras esboza una sonrisa coñona y piensa: “¡Mira que fiarse de un rojo que escarcea con los antiguos persas de Jerjes y Darío…!)  

   Y como el señor Casado usa el artículo “los” para nombrar a nuestros paisanos en preferencias electorales (tal determinante no marca cuantitativamente a la manera de “algunos, una gran mayoría, ciertos, la mitad más uno, un tercio”…), concluyo dos posibles situaciones. 

  Una: el rey fue elegido por unanimidad de los votantes en la última convocatoria (2019). Por tanto, encabezaba todas las candidaturas oficiales de su comunidad, desde el partido más votado (PSOE) hasta el PCTE (por medio, PP, VOX, Podemos-IU y otros). Así, si Franco fue caudillo de España por la Gracia de Dios (imprescindible para entrar a las catedrales bajo palio), Felipe de Borbón lo fue gracias al consenso o conformidad de 3 591 464 de madrileños como elemento unificador de las variadísimas corrientes ideológicas, lo cual ya es concentración.  

  Segunda situación: me confunde el señor Casado cuando dice “lo votamos todos los españoles”, pues ninguna papeleta -al menos de nuestra provincia- iba encabezada simbólicamente por el señor Borbón (en la mía, por ejemplo, aparecía como námber uan el señor Mariscal Anaya, mi apreciado exalumno del Pérez Galdós). Por tanto, apunto a hipotético fraude, engaño o, acaso, error tipográfico o de imprenta, los puñeteros duendes tan familiares a Pedro Lezcano. 

   ¿Debo impugnar, en consecuencia, no solo los resultados sino, incluso, el procedimiento? Mas, si lo llevo hasta las últimas consecuencias, ¿afectaría a la estabilidad política nacional si en ese “todos los españoles” incluye el señor Casado a vascos y catalanes independentistas, republicanos de centro, derecha e izquierdas y a otros millones de paisanos acaso pletorizados por la compacta unanimidad en torno a la figura de Felipe VI y, al fin, reconducidos y recuperados? 

   Otra cosa distinta es que antes de la proclamación de candidatos, encuestada la población, fuera tan abrumadora la decisión ciudadana que los partidos decidieron investirlo directamente, sin urnas. Lo cual, como retrospectiva del siglo XVII,  llevaría a la Europa de los veintisiete el mensaje salvador: España es Una en momentos trascendentales. Recen, pues, Gibraltar, Portugal, Países Bajos, Sicilia, Cerdeña, Milán, Nápoles…,  esencia española con Felipe II.

   Corroborada, así, la seña de identidad del pueblo español en torno a la monarquía sigue habiendo, no obstante, algo extraño, llamativo, casi desestabilizador psicológicamente en la afirmación del señor Casado: si los señores Iglesias y Garçón no fueron votados en las tales elecciones, ¿por qué son hoy diputados no solo ellos sino, incluso, muchos de los figurantes en la misma papeleta de UP? ¿Chapuza tercermundista? ¿Dictadura del proletariado? ¿Intromisión de los servicios secretos iraníes en connivencia con el Comité Central del Partido Comunista Chino?

  Sin embargo, nadie sugiere tal estropicio democrático salvo -¡España, España!- el señor Casado, freudiano conocedor de la mente española y estudioso de consciencias y subconscientes. A la par, forjador de la unidad de destino en lo universal. Pero su imprudente locuacidad, ciertos desórdenes conceptuales y la pasión felipista que parece sacada de épocas imperiales lo echan a perder.  

   No, no son actitudes propias de un aspirante a presidente de Gobierno. Pero ya se sabe: con el pecado, la penitencia... 

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

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