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19:49h. Sábado, 19 de Agosto de 2017

Del dicho al hecho - por Francí Xavier Muñoz

 

FRANCÍ XCAVIER MUÑOZYa ha nacido el nuevo PSOE, al menos en los medios de comunicación, en los mensajes y en los rostros de los nuevos dirigentes. Después del espectáculo bochornoso que dieron de sí mismos los dirigentes socialistas, los militantes han dado una lección -esta vez sí- de rebeldía e inconfomismo, apostando por el mismo secretario general que ya eligieron una vez para resituar al PSOE en la izquierda y enfrentarse, así, a la derecha tradicional, a la nueva derecha y a la nueva izquierda que les robó unos millones de votos.

Del dicho al hecho - por Francí Xavier Muñoz, diplomado en Humanidades y en Gestión Empresarial *

Ya ha nacido el nuevo PSOE, al menos en los medios de comunicación, en los mensajes y en los rostros de los nuevos dirigentes. Después del espectáculo bochornoso que dieron de sí mismos los dirigentes socialistas, los militantes han dado una lección -esta vez sí- de rebeldía e inconfomismo, apostando por el mismo secretario general que ya eligieron una vez para resituar al PSOE en la izquierda y enfrentarse, así, a la derecha tradicional, a la nueva derecha y a la nueva izquierda que les robó unos millones de votos. El pulso entre dirigencia y militancia, entre socioliberales y socialdemócratas se ha resuelto, de momento, a favor de éstos. Ahora falta por ver que las intenciones declaradas, los mensajes encapsulados y las declaraciones verborreicas se traduzcan en propuestas legislativas, programas electorales y promesas gubernamentales cumplidas. Y es aquí donde los espectadores seguimos teniendo muchas dudas porque hemos pagado ya varias veces una entrada para un largometraje de izquierdas y hemos salido de la sala de proyección atragantándonos con un film liberal e, incluso, conservador.

Por más que los socialistas culpen a Podemos de no gobernar por culpa de ellos, el PSOE sabe perfectamente que para su hipotético gobierno necesitaba antes el apoyo de Podemos que el de Ciudadanos y, por tanto, comenzar la negociación con este partido antes que con aquél era, además de un mal comienzo, una afrenta y una humillación para la izquierda española, de la que el PSOE de Sánchez se reclamaba entonces parte considerable. Para formar un gobienro a la portuguesa o a la valenciana no se comienza a negociar con el partido de centro-derecha que va a rebajar tus propuestas sino, primero, con la izquierda que suma el bloque de votos monolítico y, una vez consensuado un programa de gobierno realista y progresista, tiempo habrá de ajustarlo a las demandas o exigencias de ese tercer partido liberal que necesitas para formar gobierno. Pedro Sánchez se equivocó en comenzar la negociación con Ciudadanos y relegar a Podemos al papel de convidado de piedra que asiste a un pacto cerrado al que se le niega posibilidad de grandes retoques. Aquella negociación no fue ni acertada ni sincera desde una óptica de izquierdas y ese fue el motivo de que Podemos se cerrara en banda a un apoyo parlamentario al gobierno del PSOE en minoría. Aún así, visto el veto de Ciudadanos y de la dirigencia territorial e histórica del PSOE a Podemos, yo defendí en aquel momento (http://www.nuevatribuna.es/opinion/franci-xavier-munoz/hora-gente/20160409182515127206.html) el apoyo de Podemos a ese gobierno en minoría que planteaba Sánchez con el programa de legislatura pactado entre PSOE y Ciudadanos, porque el partido de Pablo Iglesias habría sido la oposición en España tanto al Gobierno como a la derecha del PP, si bien es verdad que habría tenido que saber ejercerla y no consumirse ante los posibles éxitos gubernamentales que habrían vendido PSOE y Ciudadanos y que redundarían en una mayor proyección para esos partidos, que siempre intentarían rentabilizar para sí mismos la acción del Ejecutivo antes que la del Legislativo. Pienso que aquí Podemos pecó de impaciencia y que habría ganado más que perdido de haber apoyado aquel Gobierno en minoría pues, ahora, tendría la alternativa de ser oposición a todo, o bien, apoyo necesario a dicho Gobierno.

De alguna manera, el reloj se vuelve a poner en marcha casi en el mismo instante en que se detuvo hace poco más de un año, pero con el riesgo para Podemos de que el nuevo PSOE de Sánchez convenza a una parte considerable de la izquierda de que ya se ha resuelto la crisis interna y que, ahora sí, el PSOE vuelve a ser el partido de izquierdas que nunca tuvo que dejar de ser. Puede que los más jóvenes caigan en esa tentación, la de creer a ciegas sin ver primero. Los que ya no somos tan jóvenes y los que dejaron muy atrás la juventud han visto ya demasiadas veces esta táctica del PSOE de ser muy de izquierdas en la oposición y muy de centro (incluso de derechas) en el Gobierno, así que gran parte de esa izquierda que abandonó al PSOE en estos últimos años no volverá a confiar en él hasta que comience a gobernar, para comprobar si su giro a la izquierda es real o publicitario. Y eso no ocurrirá hasta que cuente con el apoyo de Podemos, así que podríamos decir que el juego vuelve a comenzar. La clave está en cuántos electores crean ahora a Sánchez a pie juntillas y cuántos esperarán a ver si hay sincera intención de colaborar con Podemos para ahormar un bloque de izquierdas que revierta las políticas neoliberales de estos años, que tanta desolación y pobreza han causado a las clases trabajadoras.