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04:22h. Miércoles, 24 de julio de 2019

Diego: víctima del franquismo y del actual gobierno de Las Palmas de Gran Canaria - por Marisa Ruiz Asensio

 

DIEGO GONZÁLEZ GARCÍA

¿Qué siente un niño de once años cuando le quitan la vida a su hermano? ¿Y cuándo hacen lo mismo con su padre? ¿Cómo se puede afrontar tanto dolor y sufrimiento sin que queden secuelas a nivel mental y anímico?

Diego: víctima del franquismo y del actual gobierno de Las Palmas de Gran Canaria - por Marisa Ruiz Asensio *

¿Qué siente un niño de once años cuando le quitan la vida a su hermano? ¿Y cuándo hacen lo mismo con su padre? ¿Cómo se puede afrontar tanto dolor y sufrimiento sin que queden secuelas a nivel mental y anímico?

Diego era un niño de once años cuando el cruel franquismo le arrebató la vida a su hermano y a su padre, lo que le supondría una constante lucha vital para no caer en la más absoluta depresión y desesperanza.  Braulio solo tenía cuatro meses cuando los seguidores de un sistema corrupto basado en el asesinato y la tortura lo sacaron de la cuna y le abrieron la cabeza estampándolo contra una pared, lo que marcaría a su hermano Diego durante toda su existencia.

No hay definición posible para expresar el dolor de perder a un hermano, de saber que no podrás abrazarlo más sintiendo esa esencia que brota de su alma y que tan solo tú eres capaz de captar, que no podrás mirar sus brillantes y  vivarachos  ojos que buscan los tuyos esperando esa complicidad que solo los hermanos comparten, que no podrás ver su preciosa e inocente sonrisa que suena como un cántico celestial y se esboza dibujando la mejor de las formas, que no podrás acariciar sus diminutas y delicadas manos sintiendo esa piel tan suave que te acaricia como si se tratase de la mejor seda que existe y que nunca más podrás besar su cándido rostro, ese rostro que no es más que el reflejo del tuyo y que la maldad de un podrido régimen liderado por un criminal psicópata se empeñó en destruir.

 La muerte de Braulio dejó un vacio en Diego que nadie reemplazaría jamás acentuándose aun más con el asesinato de su padre cuatro meses después. ¿Cómo le explicas a un niño pequeño que han matado a su padre por tener unas ideas contrarias a otras personas? ¿Cómo le haces entender que han asesinado fríamente a su hermano solo por placer? ¿Qué argumentos le das para que no caiga en la peor de las locuras que crea la angustia de ver como matan a su familia por gusto? La ansiedad y la depresión que supone un suceso de este calibre se enfatiza conforme la persona va creciendo y no llega a olvidarse jamás.

Demasiado bien ha sabido Diego encajar los hechos que le acontecieron siendo un niño porque no ha sido nada fácil y no solo por ver morir a parte de su familia sino por vivir con el intenso sufrimiento de una madre desolada, una madre muerta en vida, una madre que le arrancaron de los brazos a su bebé y le arrebataron el amor de su marido,  una madre cuyo único deseo hubiera sido que todo fuera un mal sueño y no una realidad que destrozó su alma ennegreciendo su espíritu y anulando sus ganas de seguir adelante por un sendero por el que nadie estamos preparados para caminar.

Con noventa y un años que tiene Diego en la actualidad solo espera recuperar algo de la paz que le arrebataron en el pasado, solo desea que se haga justicia y que se brinde algo de dignidad a los que la perdieron a manos de monstruos desarmados que seguían órdenes de un genocida neurótico y desequilibrado. Los restos mortales del padre de Diego y de otros muchos inocentes que fueron represaliados se hallan en una fosa común del cementerio municipal de Las Palmas de Gran Canaria pero el equipo de gobierno formado por Augusto Hidalgo (PSOE), Javier Doreste (PODEMOS) y Pedro Quevedo (Nueva Canarias) no permite la exhumación incumpliendo la Ley de la Memoria Histórica y negando a Diego y otras muchas familias afectadas lo que les corresponde. Hay informes favorables realizados por organismos competentes que determinan que la exhumación es apta para llevarse a cabo y también el Cabildo está de acuerdo en que se proceda a ello pero el ayuntamiento se niega a ejecutar dicha labor sin explicación alguna y sin informar a las familias de las decisiones tomadas, con lo que aumenta el dolor de aquellos que, como Diego, han llevado una vida marcada por el dolor y el sufrimiento.

¿Por qué no quiere este equipo de gobierno ayudar a su pueblo? ¿Por qué le niega lo que le pertenece? Es un misterio el motivo por el que este ayuntamiento no concede a su ciudadanía lo que le corresponde y es realmente indignante apreciar la falta de empatía, competencia y humanidad que los caracteriza así como la cobardía de no dar la cara ante las familias afectadas negándose a reunirse con ellas.

* En La casa de mi tía por gentileza de Marisa Ruiz Asensio

exhumación fosa