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14:29h. lunes, 12 de abril de 2021

Dijo una vez - por René Behoteguy Chávez

Dijo una vez un tal Felipe en Tinduf: “Hemos querido estar aquí hoy 14 de noviembre de 1976 para demostrar con nuestra presencia, nuestra repulsa y nuestra reprobación por el acuerdo de Madrid de 1975...

Dijo una vez - por René Behoteguy Chávez *

Dijo una vez un tal Felipe en Tinduf: “Hemos querido estar aquí hoy 14 de noviembre de 1976 para demostrar con nuestra presencia, nuestra repulsa y nuestra reprobación por el acuerdo de Madrid de 1975... Para nosotros no se trata ya de derechos de autodeterminación, sino de acompañaros en vuestra lucha hasta la VICTORIA FINAL... El partido está convencido de que el Frente Polisario es el guía recto hacia la Victoria Final del pueblo saharaui y está convencido también que vuestra república independiente y democrática se consolidará sobre vuestro pueblo y podréis volver a vuestros hogares”.

Uno supondría que la persona que dijo estas palabras estaría hoy en Gran Canaria, en el barrio de Guanarteme, más concretamente frente al Nº 14 de la calle Pelayo, lugar donde una mujer sencilla y fuerte como el viento del desierto está dando una lección enorme de dignidad y coraje, exigiendo algo que es tan de sentido común, que el hecho de que los gobierno del Estado español y Marruecos no le hagan caso, prueba lo insensible y demencial que pueden llegar a ser las élites que nos gobiernan.
 
Takbar Haddi, bajo sol y lluvia, ha dejado de comer hace casi ya un mes, para que los asesinos de las primaveras que mantienen cautivo a su pueblo le entreguen el cuerpo de su hijo asesinado en El Aaiun por la combinación de la violencia criminal que el régimen alienta en los colonos de los territorios ocupados, y la voluntad asesina de unos servicios sanitarios marroquíes que han puesto el “ser saharaui” de Haidala por encima de su condición de “ser humano”, negándole la asistencia sanitaria más básica.
 
Pero Felipe no está, y probablemente nunca estuvo de este lado de la barda, es decir aquel de quienes sufrimos y contestamos la injusticia. Él tiene asuntos mucho más importantes. Tiene que velar, en un lejano país de Sudamérica, por los derechos humanos donde unos pobres señores que no han hecho más que intentar torcer la voluntad popular induciendo un golpe de Estado, unos dignisimos señores que solamente se han confabulado con la potencia más grande del mundo para incendiar de violencia las calles de Caracas sin más ánimo que defender la sacrosanta libertad de los mercados. Vamos, unos verdaderos héroes a los que se juzgará y que, por tanto, necesitan de la sapiencia y enorme conocimiento en la legislación venezolana de don Felipe Gonzales.
 
Ellos, que tendrán un juicio, y abogados defensores, y a media prensa internacional cubriendo lo que allí sucede, obviamente necesitan de todo el apoyo posible. A diferencia de Haidala, y de muchos miles de saharauis que año tras año son agredidos, torturados, encarcelados y asesinados sin derecho a juicio alguno en el Sahara ocupado.
 
Además hace tiempo que pasó de moda eso de que la izquierda tenga que ser coherente, hoy puedes ser socialista y millonario, dirigente de un partido que en sus siglas lleva la palabra “obrero” y  consejero de Gas Natural Fenosa, puedes ser un gran demócrata y a la vez amigo personal y socio de un dictador como Mohamed VI. Por poder, inclusive puedes dártelas de defensor de los derechos humanos y al mismo tiempo creador de grupos estatales paramilitares, todo un GALimatías .
 
Y miren, que quieren que les diga, yo ya estoy un poco harto . Harto de supuestos defensores de los derechos humanos que se ocupan, casualmente, de los lugares en el mundo donde tienen intereses empresas de las que son consejeros delegados, que con aire prepotente juzgan y prejuzgan a los gobiernos que no les son favorables, pero nos ponen como ejemplo a gobiernos como el de Colombia. Intuyo lo entretenida que habrá sido la conversación entre Felipe y Santos, otro experto en sonreír democráticamente a las cámaras, mientras en las cloacas de su administración crecen como hongos el paramilitarismo, la desaparición, la cárcel política y la tortura.
 
Harto también estoy, de tanto discurso sobre derechos humanos en la boca de los mismos que generan en el mundo, millones de humanos sin derechos. A veces ante tanta podredumbre dan ganas de pensar que ya nada vale la pena.
 
Pero entonces se aparecen personas como Takbar, que sin escándalo , sin el apoyo de las grandes corporaciones mediáticas, sin discursos grandilocuentes y sin el más mínimo cálculo político pone su vida en juego por tres valores olvidados en el mar de la infamias de este mundo, la verdad, la libertad y la justicia.
 
 
 
 
 
 
 
 
* En La casa de mi tía, por cortesía del autor