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07:50h. lunes, 06 de diciembre de 2021

¿Dónde está el feminismo en la campaña electoral? - por Lidia Falcón

 

FRASE LIDIA

¿Dónde está el feminismo en la campaña electoral? - por Lidia Falcón, presidenta del Partido Feminista de España *

En esta agonía de la campaña electoral a la Comunidad de Madrid, constato con tristeza y a la vez pasmo, que en la primavera del año 2021 del siglo XXI, los temas del feminismo no tienen ningún protagonismo. Recordando, yo tengo tanto que recordar, cómo irrumpimos en las consultas electorales exigiendo que los candidatos atendieran las demandas de las mujeres, desde los lejanos tiempos de la Transición, estoy indignada de escuchar los discursos de los políticos en los que ni siquiera la violencia contra la mujer tiene un espacio.

La presidenta Isabel Díaz Ayuso, que se caracteriza por la representación de un papel de joven ingenua, coqueta y superficial, cuyo único propósito en la presidencia es el de defender la libertad amenazada por el comunismo –y cuando la oigo me planteo cómo no tiene  consejeros que le impidan decir tales disparates- no ha tenido ni una palabra para pronunciarse sobre la situación de las mujeres en la Comunidad de Madrid. El paro femenino que dobla el masculino, las diferencias salariales entre hombres y mujeres que no contabiliza ni persigue la inspección de trabajo, la pobreza e indefensión de las familias monomarentales que sostiene una mujer sola, no son problemas que la afecten. Y no hemos oído propuesta alguna para ayudar a las víctimas de violencia machista, porque niega que existan. Tampoco sabemos si se propone derogar la ley trans, cosa bastante improbable dado que cuando era diputada en la Asamblea se abstuvo con su partido para permitir su aprobación.

Mónica García se postula con la pretensión de ser la candidata feminista, pero no olvidemos su aceptación de legalizar la prostitución y su defensa a ultranza de la ley trans que pretende aprobar Irene Montero. Hemos visto a su jefe de filas Iñigo Errejón abrazado a ese trans que se hace llamar Mar Cambrollé, en la puerta del Congreso, reclamando la aprobación de la ley.

Por supuesto la derecha hace caso omiso de las demandas del Movimiento Feminista.

En julio de 2017 me preguntaba en otro artículo que titulé ¿Qué hemos hecho mal? refiriéndome a las feministas, con motivo de la celebración durante toda una semana del Orgullo Gay, que invadió Madrid. Hoy, cuatro años después, tengo que repetirme la pregunta ante las elecciones del próximo 4 de mayo.

¿Cómo es posible que, ni aún ante las últimas tragedias vividas por mujeres y niñas, que han sido asesinadas y secuestradas, ninguno de los partidos políticos haya intentado prometer medidas que podrían implantarse en la Comunidad de Madrid para proteger a las víctimas? ¿Cómo es aceptable que una de las mayores esclavitudes que soportan las mujeres, la prostitución, sea defendida por aquellas formaciones que se presumen feministas, como Más Madrid y Unidas Podemos? Y, ¿con quién contamos para derogar la ley trans que se aprobó en la Comunidad en 2016 y que tiene el mismo propósito del proyecto que se propone aprobar en el Congreso nuestra ínclita Ministra de Igualdad? Hemos visto a Pablo Iglesias afirmar enérgicamente que la ley trans se aprobará “pese a quien pese”.

¿Y a quién pesa? ¿Se lo plantea el ex Vicepresidente de Asuntos Sociales? No creemos que sea ignorante de la oposición frontal que mantenemos desde el Partido Feminista y otros grupos del Movimiento contra los despropósitos que contiene ese proyecto legal. No puede fingir que a “los que les pesa” es a la derecha, que en el año 2016 se abstuvo para que pudiera aprobarse esa norma en la Asamblea de Madrid y que en cinco años de gobierno nunca se ha planteado derogarla.

Los eternos temas de la discriminación laboral y salarial que agobian y empobrecen la vida de las mujeres están ausentes del debate electoral. Ni aún Adolfo Suárez fue tan insensible con las demandas del feminismo. La pregunta vuelve a ser, como en 2017, ¿qué hemos hecho mal? si es que podemos acusarnos a nosotras mismas de la indiferencia con que los partidos políticos nos tratan.

Esta experiencia de las elecciones madrileñas resulta aleccionadora. Si después de más de diez años de reclamaciones repetidas por el Movimiento Feminista, para resolver los graves problemas que he mencionado, no sólo no hemos avanzado en ninguno de los aspectos más graves, sino que tenemos que enfrentarnos a nuevas agresiones del Capital, como significan las leyes trans y los vientres de alquiler, sin que apenas tengamos ni apoyos ni protección institucional, es indudable que tenemos que reflexionar si las luchas que libramos son las acertadas.

El movimiento asociativo, en general, ha entrado en su nivel de inoperatividad. Y ese era el propósito del Capital cuando permitió y alentó la creación de multitud de asociaciones, de todo tipo, la mayoría minúsculas y atendidas por pocas personas, con las que se dio la imagen, y así se lo creyeron las protagonistas, de que existían multiplicidad de tendencias y de protagonistas, como exige una sociedad democrática.

Si la mayor parte de esas asociaciones no estuvieran dirigidas y financiadas por los principales partidos políticos, y las otras estuvieran dispuestas a participar de una reflexión sincera sobre el devenir del MF en los últimos años, se podrían reconocer los defectos y las carencias que han marcado el camino de la lucha feminista en los últimos años y buscar nuevas soluciones y estrategias.

El reconocimiento de que únicamente cuando el feminismo tenga influencia política podrá avanzarse en lograr las reivindicaciones ya centenarias de las mujeres, que algunos grupos están haciendo, no cristaliza en ningún proyecto concreto. Porque para batirse en la arena electoral hace falta mucho más que buenas intenciones.

Sin una ideología, estudiada concienzudamente, con seriedad y preparación, una organización jerárquica, estatutariamente dispuesta y aceptada lealmente por sus componentes, un objetivo claro y un programa a cumplir que acoja las necesidades y anhelos de la sociedad, cualquier proyecto que se baraje quedará en el terreno de la fantasía.

Si el Partido Feminista no ha alcanzado todavía la importancia que se merece en su afán de representar los intereses de las mujeres y de las clases trabajadoras en las instituciones, es debido a esa atomización del MF, a la hostilidad que soporta de tantos bandos, incluidos los de la propia izquierda, y a la debilidad ideológica de la mayoría de la clase mujer.

Por ello, en estas elecciones el PFE no ha podido competir y el panorama que se presenta es el que he descrito: Imperio de los partidos capitalistas y xenófobos, indiferencia hacia el feminismo de otros y complicidad con el Patriarcado de los terceros. Habrá que esperar una nueva oportunidad para transformar un feminismo esclerotizado e inoperante en una fuerza animosa que irrumpa con entusiasmo en el corrupto y anquilosado mundo de la política actual. Y consiga ser el motor de la transformación social que tanto necesita nuestro país.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Lidia Falcón

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