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00:15h. lunes, 18 de enero de 2021

Reconocí en usted al fascismo desde que vi algunos fragmentos de sus mítines electorales de 2016

Elogio de Donald Trump - por Antonio Cabrera de León

 

frase cabrera de león

Elogio de Donald Trump - por Antonio Cabrera de León *

Hay miradas que se entienden en cualquier lengua, pero hay quienes son ciegos en todas las lenguas porque simplemente no quieren mirar. Quiero agradecerle, míster Trump, que le haya quitado la venda de los ojos a millones de personas que se negaban a ver la reencarnación del fascismo.

Reconocí en usted al fascismo desde que vi algunos fragmentos de sus mítines electorales de 2016. Ciertamente, no es usted un fascista cualquiera. Normalmente los fascistas muy muy ricos se esconden mientras compran al militarote sanguinario (Franco, Pinochet…) o financian al vividor de la política (Abascal, para no ir más lejos). Pero en la plutocracia americana el triunfo de un fascista habría sido imposible para quien no presumiera de tener tanto dinero como el más rico del lugar.

Usted no ocultó sus propósitos racistas, violentos, empobrecedor de los pobres y enriquecedor de los ricos. Mintió cada día, impulsó la violencia policial, justificó los asesinatos racistas, intentó el fraude electoral. Y ni por esas. No había manera de que millones de personas aceptaran que usted es un fascista que buscaba poner fin a la deteriorada democracia en su país y en el mundo. Ha tenido usted que parodiar a Tejero y causar muertes para que se rindieran a la evidencia. Parafraseando a Churchill, diríamos que quienes le adularon con deshonor, al final sólo tendrán el deshonor y la vergüenza.

Su golpe y sus muertos, señor Trump, han sido comparados por sus aduladores ibéricos con la manifestación del 15M que rodeó al Congreso, que no traspasó ningún límite legal y que fue autorizada por el gobierno de entonces. Poco importa que lo diga un fascista como Abascal, o uno que sueña con sustituirle como Riverilla. El problema lo tenemos en que buena parte de los conservadores españoles, que jamás condenarán a Franco, justifican el fascismo. El problema lo tenemos cuando el líder de la oposición, como si fuera uno de los líderes republicanos que le adulaban a usted hasta anteayer, dice que el presidente del gobierno es un sepulturero traidor, felón, desleal, e ilegítimo. Ni usted lo mejoraría.

El problema lo tenemos en que nuestra ministra de defensa aún diga que es “una insignificante minoría” la soldadesca intolerante. Quizá su golpe y sus muertos, señor Trump, la ayuden a reconocer que, aunque minoritarios, no son tan insignificantes. Quizá nos sirvan para percatarnos de que el rey no le dio la razón a la ministra, sino las gracias por su claridad. El soldadito real, el mandamás de nuestros ejércitos, cuya voz meliflua me recuerda cada vez más a la voz afeminada de Franco, no expresó ninguna condena de los subordinados que, jubilados o no, hablan de fusilar a 26 millones de hijos de puta.

El problema lo tenemos en que este rey sí tiene quien le escriba. Le escriben los discursos y le escriben cartas. El problema lo tenemos en sus silencios porque calla sobre el fascismo y la corrupción familiar. El problema lo tenemos en sus palabras porque habla para tomar partido. En esto, señor Trump, también puede usted ayudarnos. A poco que veamos cómo su país le declara a usted perdedor y le despide, podemos aprender. Nunca es demasiado tarde para nada.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Antonio Cabrera de León

ANTONIO CABRERA DE LEÓN RESEÑA

 

MANCHETA 9