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09:02h. domingo, 23 de enero de 2022

No ha sido su lejanía sino la desidia

La España abandonada - por Antonio Cabrera de León

 

FRASE CABRERA

 

La España abandonada - por Antonio Cabrera de León *.

Ni vacía, ni vaciada. Allí aún hay gente. Mucho menos de la que hubo, pero mientras la haya no está vacía. Es la España abandonada, la ignorada. No olvidada, como si de un problema de memoria se tratara, sino negada en su existencia. Deliberadamente excluida de la política durante 80 años, es decir, excluida de un reparto justo de recursos y finalmente privada de cualquier servicio público.

Garafía en la isla de La Palma. Montejícar en Granada. Sepúlveda en Segovia. Treviño, en mitad de Álava pero políticamente en Burgos. Taramundi en Asturias. Piedrafita en Lugo. La provincia entera de Teruel. Margalef en Tarragona. Todos ellos y mil más. Miles de pueblos, ciudades e incluso provincias enteras tienen hoy la mitad o menos de la población que alcanzaron en algún momento del siglo pasado.

No ha sido su lejanía sino la desidia. No entender la importancia de facilitar una vida digna en todo el territorio del país. Nunca llegaron a esos pueblos las buenas carreteras. Muchos tuvieron tren y se les quitó. Otros perdieron el médico, la farmacia, la escuela, la guardia civil, la oficina del banco, la de correos. Ni siquiera un cajero electrónico les han dejado. La guagua pasa una vez al día, o no pasa. Les alcanzó la luz eléctrica pero no llegó internet. Casi no hay cobertura para el teléfono móvil. Ya del cableado y un ancho de banda aceptable, no vamos a hablar.

Se asumió que de esa población sólo cabía esperar su envejecimiento, su disminución y su voto conservador hasta que llegara la desaparición final. Pero despertó Teruel e hizo tanto ruido que ha despertado a otros. Ahora todo son carreras, ahora todo son promesas.

En mi opinión, quienes prometen rebajas fiscales e inversiones para implantar industrias están proponiendo justo lo contrario de lo que necesita esa España ignorada. No le arreglas la vida a un pueblo instalándole una macrogranja en su municipio. Incluso puedes empeorar su vida si le implantas una población inesperada que presione al alza los precios demandando más viviendas de las existentes.

Lo que se necesita en esa España es más Estado. Exactamente lo que no les gusta a quienes llevan décadas defendiendo el Estado menguante. El tren, la carretera decente, la guagua, el médico, la farmacia, la escuela, la guardia civil, la oficina de un banco público, la de correos, el cableado de banda ancha y hasta el cajero electrónico los debe poner el Estado de Bienestar.

Sólo oír esta expresión se raja el corazoncito ultraliberal que no quiere impuestos a los ricos. Pero al final se trata exactamente de ese dilema: o Estado menguante sin impuestos y todos a la ciudad, o Estado de Bienestar con impuestos y vida digna en todo el territorio. Y no me parece a mí que esa España abandonada se esté organizando políticamente para dejar que la lleven a misa mientras el Estado sigue menguando. Eso se acabó. A misa irá quien quiera ir, pero usted me pone a mí los mismos servicios públicos que a los demás.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Antonio Cabrera de León

ANTONIO CABRERA DE LEÓN RESEÑA

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