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19:09h. Jueves, 20 de Junio de 2019

No, España no es socialista - por Nicolás Guerra Aguiar

 

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No, España no es socialista - por Nicolás Guerra Aguiar *

 

Entiendo que llevados por euforias y júbilos tras la victoria del pasado domingo miles de seguidores del PSOE (siete millones y medio de votos frente a veintiséis millones de votantes) pregonaran cánticos por la imaginada socialización de España: “¡Ista, ista, ista, España socialista!”.

  Pero no es cierto, ni tan siquiera con los casi cuatro millones de Unidos-Podemos. Como tampoco lo es que Cataluña y Euskadi sean comunidades nacionalistas: en la primera, ERC y JxCAT obtuvieron millón y medio de votos sobre cuatro millones; y PNV más EH-Bildu casi rozan el cincuenta por ciento (Euskadi). Otra cosa bien distinta, claro, es el reparto de escaños con sus impertinentes irregularidades (ley D’Ont): así, por ejemplo, el PSOE consigue dos con 141 000  votos en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Sin embargo, CC logra los mismos con 38 000 papeletas menos.

  Por tanto, fue algo precipitado identificar plenamente a España con el socialismo y a las dos comunidades con los nacionalismos, pues olvidan a votantes que optaron por otras ofertas. Y la suma de estos es siempre superior a la obtenida por el PSOE (territorio nacional) y nacionalistas catalanes y vascos en sus respectivas circunscripciones. España, pues, no es socialista. Ni las dos comunidades autónomas son nacionalistas.

  El bipartidismo dominó hasta 2015. Se identificaba con las dos Españas de Machado presentes en Campos de Castilla (1912): una “ha de helarte el corazón”, le dice el poeta al simbólico españolito recién nacido; la segunda corresponde a la “España de la rabia y de la idea”, la soñada por quien cantó a los campos de Soria (“mi juventud veinte años en tierras de Castilla”) y la miseria cultural de quienes oran y embisten desde rancias tradiciones.

  Pero aires frescos de cambios traídos por gentes nuevas entraron en la política (Ciudadanos, Podemos) y rompieron la alternancia, tradición imperante desde el siglo XIX cuando conservadores o liberales se imponían para beneficios privados y repartos del poder. Así, Pérez Galdós fue elegido diputado a Cortes por Madrid (mayo 1907) en las filas del Partido Republicano a pesar de las reticencias de Rafael Pérez del Álamo (republicano y líder de los campesinos granadinos) adelantadas por carta (abril) a nuestro paisano: Es difícil su elección puesto que la basura monárquica no escatimará en medios [...] para hacer el chanchullo que acostumbran robando lo más sagrado: “la voluntad nacional”.

 Las elecciones del domingo ratifican la implantación de un Congreso multipartidista y, parece, el definitivo enterramiento de los absolutismos alternativamente ejercidos por PSOE y PP. Hoy, entre el primero (ciento veintitrés escaños) y Compromís y PRC (ambos, con uno) hay doce partidos o coaliciones: copan los doscientos veinticinco asientos restantes.

  El PSOE, parece, gobernará en solitario. Pero serán precisos pactos, diálogos y cesiones (¿con quién?, ¿con quiénes?) para alcanzar las mayorías absolutas necesarias en determinados momentos. Lo cual supera al bipartidismo, pues exige conversaciones y entendimientos. Porque la Cámara puede echar por tierra proposiciones del Gobierno. Es más: al propio Gobierno.

  El veintiocho pasado, pues, trajo algo más que ajustes, modificaciones o cambios: los ciudadanos, en el ejercicio de su libertad y poder decisorio, llevaron a cabo la  revolución -serena, desapasionada y, por tanto, racional-: significó el desmoronamiento de una forma de entender la política ajena a los intereses del país y a los modos de una sociedad avanzada, respetuosa, dialogante y nada agresiva. Frente a actitudes impropias de aspirantes a la presidencia del Gobierno -afectó a la misma esencia democrática- el pueblo reaccionó y puso a cada uno en su sitio.

  El infantil recurso a una tesis doctoral (“Le voy a regalar un libro que usted no ha leído”); mentiras, embustes; repetitivas consideraciones de “Gobierno franquestéin”, “peligro público”; toletas acusaciones de “Gobierno socialista ilegítimo”; invenciones sobre “impuestos comunistas”; falacias como “gobierno de Torra sobre todos los españoles”; “comunistas bolivarianos” y un sin fin de machangadas más, dieron la imagen de quienes solo usaban palabras y voces para desprestigiar al contrincante y no con la noble tarea de rebatir y explicar coherente y claramente ideas, juicios, razones, conceptos, programas...  

  Lo otro -chulerías, bravatas, cinismos, prepotencias, fantasmadas, engreimientos,  arrogancias- es la pura herencia del endiosado fanfarrón que se come crudos a los contrincantes. Así le fue al señor Casado para rubor, espanto y desmoralización de gentes serias y respetuosas, militantes del PP perplejos ante la torpeza de quien es, hasta el momento, su presidente.

  El señor Casado resucitó al señor Aznar, quien había considerado “un chico lleno de cualidades” al líder de VOX. El aspirante pepero necesitaba lisonjas, elogios, loas. No hizo caso a militantes prudentes: ya le habían avisado de su negativa irrupción. Lo bajó de los cielos, pero cuando abría la boca… los votos se escapaban escandalizados. (Más astuto fue el candidato socialista: jamás se le ocurrió invitar al señor González, presidente durante los GAL y a quien se le atribuye “El Estado de Derecho también se defiende en las alcantarillas” -Todo por hacer, octubre 2017-.)

  Es el mismo señor Casado que con desprecio se burla de víctimas del franquismo desaparecidas en fosas, arcenes, pozos...: “No puede estar de moda ser de izquierdas, ¡pero si son unos carcas! Están todo el día con la guerra del abuelo, con las fosas de no se quién, con la memoria histórica". Sus palabras lastiman, hieren a quienes solo buscan los símbolos óseos de los asesinados...     

  Gobernarán, pues, los socialistas (gobernar implica diálogo, manos tendidas). Se lo ha ganado a pulso el señor Sánchez. Pero España seguirá siendo plural, dictan los votantes. Por tanto, otro PP regenerado y con nuevas mentalidades resulta imprescindible para el equilibrio democrático (al equipo completo del señor Casado le tira más lo otro: es el subconsciente).

  El señor Casado -angelical todo él- descubre ahora a VOX y las hipotéticas mamanzas/mamandurrias del señor Abascal en la casa común. Espero que los perdedores no vengan ahora con derechos humanos, justicia social, ayuda a inmigrantes africanos, feminismo, abortos, derecho a la eutanasia: “No los oirá ni Dios, que está más cerca, / no los oirá ya nadie” (Pedro Lezcano).

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

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