Buscar
15:22h. Miércoles, 11 de diciembre de 2019

Falsas esperanzas - por Mario Erre

Cierro, por el momento, esta inesperada serie sobre la condesa de Murillo. Y digo por el momento porque esta mujer en su alocada carrera hacia ninguna parte pareciera que ha perdido por completo la razón.

Falsas esperanzas - por Mario Erre (Miembro de Podemos LGTBI y Podemos Chueca) *

Cierro, por el momento, esta inesperada serie sobre la condesa de Murillo. Y digo por el momento porque esta mujer en su alocada carrera hacia ninguna parte pareciera que ha perdido por completo la razón

En su soberbia, a pesar de que la candidatura que encabezó a las elecciones municipales de la ciudad de Madrid fue la más votada y ganó por la mínima siempre que obviemos ese extraño apagón informático durante el cual se produjo el vuelco con respecto la la candidatura vencedora moral, la de Manuela Carmena, no es capaz de asumir ni escuchar lo que los madrileños le han dicho: que ya están hartos de su prepotencia, su corrupción, sus gracietas y su desprecio a lo público, es decir, a la gente y le han sacado tarjeta roja.

Esperanza Aguirre no asume que se acabó su tiempo. Su largo tiempo político que comenzó haciendo oposición a Tierno Galván, allá por los primeros ochenta y que la llevó en una carrera repleta de casualidades a los más altos puestos imaginables para una mujer tan mediocre que se creció rodeándose de arribistas y lameculos que la convirtieron en icono. Fue la peor ministra de Educación, la tonta de “Caiga quien caiga”, la peor presidenta del Senado, la peor presidenta de la Comunidad de Madrid, puesto al que accedió en extrañas circunstancias (el “tamayazo”), la asesina de la sanidad la educación y la televisión pública madrileña y la peor candidata de todos los tiempos y partidos al ayuntamiento de Madrid a la vista de los resultados obtenidos.

Esperanza Aguirre se está comprortando como lo que realmente ha sido toda su vida: una persona soberbia y machista. Soberbia porque no admite que a pesar de ganar ha perdido y machista por ese tufillo a odio hacia Carmena por el hecho de ser una mujer que representa lo que se espera de una mujer, y no me refiero a lo que esperaría alguien del entorno de Aguirre como podría ser el inefable y también expulsado del paraíso corrupto León de la Riva, si no lo que la gente decente espera de una mujer: empatía y una inteligencia emocional e intuitiva muy superior a la soberbia masculina.

Manuela Carmena es todo lo contrario a la condesa Aguirre. Se ha dedicado toda su vida a lo público y tiene un marchamo de honradez impecable, todo lo contrario a Aguirre con sus casos Gürtel y Púnico y su vicepresidente y medio equipo en las cárceles que ellos mismos inauguraron tras construirlos en terrenos recalificados y de cuyas construcciones sacaron presuntamente unos buenos dineros que acabarían en cuentas suizas. Por eso la odia. Porque ha recibido un cheque en blanco de una ciudadanía harta de bandas mafiosas enquistadas en las instituciones, mientras ella, con todos sus condados y sus señoríos medievales todo lo ha tenido que comprar con ese dinero que parce ser su único Dios y que al final hasta él le ha abandonado.

Aprendamos de este negro capítulo de la más negra Historia de la política madrileña (y española, pues todo esto es aplicable a ritas, fabras, pujoles, rudis y cospedales) y en el futuro intentemos detectar a las falsas esperanzas.

 

* Publicado por gentileza del autor