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16:34h. Lunes, 05 de Diciembre de 2016

De Fernando Guanarteme a Beneharo - por Nicolás Guerra Aguiar

 

NICOLÁS GUERRA AGUIAR 100Desde el siglo XVII hasta nuestros días, la literatura canaria simboliza en el mencey Beneharo al aborigen tinerfeño amante de la libertad frente al castellano invasor: prefirió lanzarse al vacío para evitar la esclavitud. Sin embargo, doña Balbina Rivero revoluciona la tradición histórica: según ella, fue hecho prisionero y desterrado a Gran Canaria (Arguineguín), donde murió y está enterrado.

De Fernando Guanarteme a Beneharo - por Nicolás Guerra Aguiar *

   Desde el siglo XVII hasta nuestros días, la literatura canaria simboliza en el mencey Beneharo al aborigen tinerfeño amante de la libertad frente al castellano invasor: prefirió lanzarse al vacío para evitar la esclavitud. Sin embargo, doña Balbina Rivero revoluciona la tradición histórica: según ella, fue hecho prisionero y desterrado a Gran Canaria (Arguineguín), donde murió y está enterrado.

balbina rivero

Balbina Rivero

  Aunque desconozco los derroteros actuales de la revista canaria Insularia, sé que la señora Rivero, prolífica escritora tinerfeña, está muy relacionada con ella. Por tanto, ni es iniciada ni desconocida. La pertenencia a tal equipo permite sospechar que su obra (relatos, poesía, novela, semblanzas, literatura infantil) es seria. En consecuencia, la aparición de Beneharo, mencey de Anaga. Fin de un mito, su libro recién presentado, puede servir como punto de partida para remontarnos siglos atrás en la historia de Canarias. Con ella, por tanto, dos personajes interesantes –Guanarteme y Beneharo- pues están relacionados entre sí por accidentales circunstancias y radicales contrastes.

   Entre las concomitancias accidentales, su poder caciquil: uno fue guanarteme de Gáldar; el otro, mencey de Anaga; ambos, además, fueron víctimas directas de los españoles, esclavistas y nuevos propietarios de las Islas. Entre las diferencias, el galdense se entregó con parte de la “nobleza” a los nuevos amos. El tinerfeño, según Gil – Roldán (acaso romanticismo tardío), prefirió suicidarse frente al enemigo (tal como hizo Bentejuí, guayre de Telde). Así lo recoge la composición épica del poeta tinerfeño (años 20 del XX), inspirador de la Cantata del mencey loco (1975), obra discográfica de Los Sabandeños.

   Fernando Guanarteme fue compensado con tierras de escorial, ruinas improductivas y algunos menores privilegios a cambio de su inquebrantable adhesión transformada, a la vez, en deslealtad hacia los suyos. Más: luchó con los españoles contra sus hermanos de Tenerife, y allí encontró la muerte. Dícese –sin rigor científico por el momento- que sus restos yacen en la ermita lagunera de San Cristóbal. Así, al menos, reza la placa colocada en la fachada. Pero ya se sabe: las placas contienen a veces mensajes interesados. (“Guanarteme teme teme teme teme, / Guanarteme teme teme teme  temetá: / ¿Qué demonios tienes, Guanarteme tú?, / que no sabe nadie dónde coño estás”. Así canta el estribillo sabandeño, mediados de los sesenta).

   Hay más: la interesada historia en torno a su bautizo cristiano en Calatayud, apadrinado por los Reyes Católicos, se vino abajo tras al estudio analítico y documentado del doctor Lobos Cabrera: es rotundamente falsa tal aventurada y osada afirmación. Fernando Guanarteme jamás estuvo allí. Sin embargo, su memoria se perpetúa en la Plaza Guanarteme, producto de una apasionada interpretación histórica que arranca el 16 de mayo de 1959.

   Sobre el tinerfeño Beneharo, otra tradición lo sitúa entre quienes nunca fueron doblegados por los conquistadores. Muy al contrario, prefirió la inmolación antes que vivir como subyugado. También lo cantan Los Sabandeños (Cantata): “No puede morir jamás / quien de esclavos se libera, /rompiendo para ser libre / con su vida, las cadenas”. Sin embargo –y esta es la aportación revolucionaria de Balbina Rivero- la muerte violenta y voluntaria de Beneharo fue mito, leyenda, ficción, historia recreada por Antonio de Viana,  poeta lagunero muerto en 1650: escribió Antigüedades de las Islas Afortunadas (1604) y Conquista de Tenerife. Historiadores actuales desconfían de la autenticidad de muchos nombres que en sus obras aparecen: son inventados. Por tanto, también pudo ser producto de su fantasía el suicidio de Beneharo.

   Error (de antropónimos y acciones) mantenido por Viera y Clavijo (muere en 1813), historiador, máximo exponente de la Ilustración canaria. Así, la autoridad intelectual de ambos (Viana, Viera y Clavijo) y su constante literaria del pasado indígena influyen notablemente en rezagados románticos canarios (Graciliano Afonso, Ventura Aguilar, Nicolás Estévanez Murphy… y el mismo Gil – Roldán). Estos evocan el tema indigenista y exaltan, también a la manera romántica, a supuestos héroes de épocas pasadas e, incluso, cantan a la libertad. Sin embargo, según la señora Rivero, Beneharo fue desterrado a Arguineguín, Gran Canaria, donde murió y fue enterrado: hay “documentación histórica que lo atestigua”. 

   Obviamente nada puedo discutir, afirmar o negar en cuanto a rigor científico, documentación, investigaciones… por una sencilla razón: no he leído el libro (lo cual exige elemental prudencia). Por tanto, desconozco sus fuentes y su método de trabajo para llegar a tal conclusión, revolucionaria, como adelanté. A fin de cuentas, pretende desmontar la leyenda de un tinerfeño enfrentado al conquistador y, ante la impotencia, el suicidio para evitar su esclavitud. Pero hay más, mucho más: intenta demoler el mito de Beneharo, la admiración de siglos hacia un personaje acaso solo literario pero, a la vez, impregnado de carácter heroico y definido por su intenso amor a la libertad.

   Me viene a la memoria el año 1975, año de la Cantata sabandeña: estertores y muerte del dictador; calles abarrotadas de voces y gritos que reclaman libertades; convulsiones sociales; acciones y contundencias cargadas de violencias, odios y muertes en mentes y manos del poder que se derrumba a pasos agigantados; agonías de un régimen fascista incapaz de entender la nueva realidad… Y en los siguientes cinco años, urnas, cantos y canciones de un pueblo sojuzgado que también exige amnistías, absolutas libertades, poderes populares… 

    A la vez, vibrantes nacionalismos en Canarias. Al fin, por fin, será Región autónoma con poderes isleños, políticos de la tierra amantes de su insularidad. Bautizos con nombres de aborígenes se multiplican por mil, las más de las veces inventados por apasionados ciudadanos o acientíficos creadores de mentiras… Entre tales antropónimos, el de Beneharo, recreación de un paisano no sojuzgado por los conquistadores.

   Si la señora Rivero acierta, bienvenida sea su conclusión. No obstante, muy sólidos han de ser sus argumentos en cuanto que para el doctor Álvarez Delgado (mi catedrático de Latín en la ULL, historiador y humanista), Beneharo fue una invención del poeta Viana. Y don Juan era un científico muy exigente, sabio.

* En La casa de mi tía por gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

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