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19:03h. Viernes, 19 de julio de 2019

Ganas, esfuerzo y colaboración. Cambio y éxito: el ejemplo del pueblo de Mozaga - por Ayoze Corujo Hernández

Corría el verano de 2012, cuando unos jovenzuelos del pueblo de Mozaga se llenaron de fuerzas, coraje y ganas, para organizar unas fiestas, a priori "pueblerinas", en unas fiestas donde primara la colaboración /cooperación de todos los ciudadanos.

Ganas, esfuerzo y colaboración. Cambio y éxito: el ejemplo del pueblo de Mozaga - por Ayoze Corujo Hernández, Estudiante de Ciencia Política y Administración Pública en la Universidad Autónoma de Madrid.

Corría el verano de 2012, cuando unos jovenzuelos del pueblo de Mozaga se llenaron de fuerzas, coraje y ganas, para organizar unas fiestas, a priori "pueblerinas", en unas fiestas donde primara la colaboración /cooperación de todos los ciudadanos.

Estancados en años y años de fiestas populares arcaicas, con programas de festejos repetitivos y con algún que otro "desliz" de fondos públicos, los aparentes "chinijos" se pusieron el mono de trabajo, tomaron las riendas en grupo, transformaron lo viejo por nuevo y consiguieron hacer de unas fiestas tradicionales, la fiesta de todos y para todos.

El principio nunca es fácil, pero no siempre fue así. Intentar movilizar a un número de jóvenes que se interesaran en un proyecto con voluntad y seriedad, era difícil y trabajoso. Pero a decir verdad, nos encontramos con jóvenes que deseaban ponerse a ello desde el minuto uno. Hablo de chicas y chicos  entre 12 - 18 años. Niños que jugaban con sus monopatines en el parque y que nos hablaban de la falta de actividades que poseía el pueblo. La catarata de propuestas e ideas que nos expresaron, que nos trasmitieron con sus caras de pupilos, nos dio el empuje necesario para seguir con lo planeado.

Una vez formado un grupo donde se daban la mano juventud, ganas e ideas, el siguiente paso era transformar esas ideas en propuestas serias para, posteriormente,  transmitírselo a los que legalmente, o mejor dicho, los que de cara a la gente, tenían la potestad de hacer/deshacer dichas propuestas. He de decir que mantuvimos diálogos entre ambas partes, donde las tensiones y las discrepancias se hicieron notar -es normal que los que sustentan monopolios se pongan nerviosos si se les pisa el terreno-, pero al final nos dejaron total autonomía para organizar el programa como quisiéramos, pero no sin antes, establecer las líneas "rojas" que no se deben traspasar en un buen programa de pueblo.

Los tres ejes fundamentales que nos propusimos para organizar el programa fueron el ocio, la cultura y el deporte. Estos tres ejes eran las líneas a seguir, la base para establecer unos actos completos. Estos tenían que ser propuestas frescas, innovadoras, que pudieran atraer a la gente del pueblo, pero por supuesto, a todos aquellos foráneos que quisieran participar. Unas fiestas tradicionales no deben  ser nichos particulares de determinados vecinos, sino que deben ser la excusa para conectarnos con otros ciudadanos, pueblos o culturas.

Las tres "patas" del programa estaban encima de la mesa. Las propuestas surgieron a borbotones entre todos los jóvenes reunidos en un particular centro de operaciones, la plaza de nuestro pueblo. En un ambiente plenamente asambleario, sin connotaciones jerárquicas ni propuestas verticales, todos y cada uno de los presentes elaboramos un programa de festejos innovador y colaborativo. Los actos iban desde los más sencillos pasacalles de "cabezudos", hasta un museo histórico-fotográfico del pueblo. Pero sin duda, los dos actos que personalmente me llenaron de satisfacción, por su grado de esfuerzo, colaboración e identidad, fueron la creación de la primera zona verde del pueblo y el mural de graffiti representando escenas tradicionales.

La zona verde era una idea espectacular, tanto en contenido como en proceso de elaboración. No era simplemente crear un jardín, era elaborarlo, trabajarlo y conservarlo por todos y cada uno de los ciudadanos del pueblo. Desde las 7:00am estábamos frente a un antiguo espacio de arena, hierbas y cacas de perros. Me acuerdo, que al llegar a la zona, ya se encontraba "Diego", un niño de 13 años que madrugó y se personó con su pala y escardillo con unas fuerzas inverosímiles. ¡Increíble!. Seguramente la madre de este niño, día tras día, se pasa un largo tiempo intentando despertarlo con el fin de que se prepare para ir a la escuela, sin embargo, ese día quería levantarse  y participar. A mitad de mañana, ya éramos un pelotón de muchachos trabajando conjuntamente en un fin, en un propósito. Nos imaginábamos el resultado, el esplendor del verde que tendría que relucir en contraste con el paisaje árido y seco. Al medio día, ya la base del jardín estaba hecha. Faltaba que a la hora indicada -a eso de las 16.00pm- empezaran a llegar los primeros vecinos con sus plantas, para que fueran ellos mismos los que las sembraran. El fluir de gente se hizo notar. Cada vecino sembró lo que quiso, piteras, regaderas, flores varias o un magnífico drago yacían en lo que podría ser la primera heredad creada por todos los ciudadanos del pueblo -después del mítico Centro Socio Cultural que nuestros abuelos trabajaron para que tuviésemos un punto de encuentro y reunión-. La satisfacción no se puede explicar con palabras, no se puede expresar en unos pocos párrafos. Lo que sé, lo que mayor gozo me proporcionó, es ver a mis conciudadanos unidos por un objetivo común. Las zonas verdes de los pueblos o ciudades son normalmente realizadas y conservadas por los organismos públicos, y las quejas de los contribuyentes van en la dirección de mejorar y proteger los espacios ajardinados. Esta vez, no hizo falta un sin fin de quejas al Ayuntamiento o un centenar de llamadas al concejal de parques y jardines. Sólo hizo falta participación, colaboración y ganas. Eso vale más que cualquier acto burocrático para conseguir tal o cual cosa. Pero el colofón de este acto, el broche final, fue la aparición de la Televisión Autonómica de Canarias y el periódico "La Provincia", para hacerse eco de la magnífica tarea llevada a cabo. Nadie pensó que estaríamos en las televisiones de todos los canarios, como nadie pensó que estábamos realizando un acto que en muchas ocasiones se presenta difícil de conseguir: hacer que todos nos unamos para un fin común.

Ilustración 1. Jóvenes trabajando en el jardín.

Con respecto al mural de graffitis representando escenas tradicionales, fue un rotundo éxito. Queríamos utilizar el valor añadido de contar en nuestras filas con uno de los mejores graffiteros de la isla y, me atrevería a decir, de Canarias. La idea principal era hacer una única proyección, es decir, una única escena representando algo simbólico de nuestra tierra. Sabíamos que el punto de partida era la tradición y la cultura. No podía ser menos tratándose de un pueblo con unas raíces campesinas fuertemente arraigadas. Al final, y por recomendación del autor de la obra, el mural se proyectó de forma escenificada. Se realizó tres proyecciones independientes pero con el núcleo conductor de la tradición y la cultura. La primera era la foto de una anciana campesina junto a un camello. Esta foto era muy gráfica, en el sentido que buscábamos proyectar la tradición del pueblo, identificar las raíces y buscar el lado emocional. Es incuestionable el binomio campesina-animal, siendo este último, el camello, animal por excelencia de las duras jornadas de trabajo bajo el sol abrasador. La sombrera, los “harapos” del animal, el horno de piedra o la montaña Mina al fondo, daban el punto de identidad que se quería buscar y, de hecho, se encontró; la segunda foto se eligió de forma esporádica, se lanzó la idea y todos la aceptamos sin cuestionarla. El sol, o si se prefiere, el volcán de César Manrique, fue el elegido para seguir a la campesina. Es lógico pensar que el volcán –o el Sol- está muy visto por los vecinos y visitantes de Lanzarote y que se ha convertido en el símbolo publicitario de la isla contribuyendo a establecer marca y marketing. Pero no es menos cierto, que se ha convertido en idiosincrasia, en algo inmutable a nuestro ser conejero, a nuestra realidad y vida, lo sentimos como propio y es la sinapsis de nuestra personalidad isleña. Estoy seguro que el señor César Manrique quería que sintiéramos como nuestro este icono, y nosotros lo hemos llevado con orgullo más allá de los intereses comerciales y políticos; la tercera y última imagen también hace homenaje al señor Manrique, pero va más allá del símbolo arquitectónico y artístico que esta supone. Es sabido, que toda obra de arte encierra un mensaje, un código descriptivo que intenta transmitir historia, sentimientos, cultura o tradición. El Monumento al Campesino es sin duda alguna, el icono por excelencia de todo aquel que sienta y quiera a Lanzarote, es el emblema y el homenaje al centro vinculante de nuestra historia: el campesino conejero, nuestras abuelas y abuelos que con tanto trabajo y sudor nos dejaron un legado digno de las mayores maravillas del mundo. Observar el Monumento al Campesino, es observar a cualquier abuelo que se dejó la piel por su tierra, que luchó con mesura hasta el último resquicio de su arenado, que trasmitió sabiduría, que traspasó tradición, que creó arte. Si tenemos lo que tenemos y si somos lo que somos hoy día, es incuestionablemente por el trabajo realizado por nuestros campesinos. Homenajearlos es lo menos que podemos hacer, tenerlos siempre presentes y conservar su herencia es lo verdaderamente importante.

Ilustración 2. Mural: "Mozaga, corazón de la isla"

Ilustración 3. Jóvenes que realizaron las fiestas.

 

Así se fraguó el éxito. A lo mejor, para muchos,  un éxito paupérrimo considerando que se trata de un pueblecito del centro de una isla en medio del Atlántico. Pero, a veces,  el éxito es éxito, no por el grado de grandeza comparativa, sino por el grado de esfuerzo, trabajo y resultado que esto produce. Un resultado para los vecinos y para los que quisieron acercarse esos días, de tal satisfacción, de tal emoción, que nos creímos que verdaderamente las grandes hazañas empiezan con pequeños retos. Jóvenes llenos de ganas, inflados de ideas, cargando con responsabilidades y demostrando que la edad son meros números contables; un pueblo que se abrió al consenso, que saboreó el colaboracionismo y donde, junto a la participación, hicieron la ecuación perfecta. Después de casi cuatro años, doy las gracias a todos aquellos que fueron parte de esa ecuación, que aportaron su granito de arena, que estuvieron codo con codo trabajando para hacer ver que los clichés y los estereotipos son prejuicios que se desvanecen cuando topan con las ganas, el esfuerzo y la colaboración, cuando tropiezan con gente con ideas claras y con metas fijas. A todos ellos, les animo a que sigan con esa ilusión, no ya en su pueblo sino en su municipio, en su isla, en su región o en su país. La transformación total se realiza cuando ésta consigue llegar a todas las personas, cuando cada uno de nosotros interiorizamos el sentir transformador, cuando lo empírico se yuxtapone a la creencia. Es entonces y sólo entonces, cuando el CAMBIO es el ÉXITO logrado.

 

Ilustración 4. Continuación del mural en 2013.

 

 

Ilustración 4. Joven entrevistando al señor Ildefonso Álvarez Hernández, pregonero de las fiestas.

 

* Publicado por gentileza del autor