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09:11h. Lunes, 25 de mayo de 2020

Guará y La Matilla - por Paco Déniz

Cuando me disponía a bailar en una verbena en Guará (La Gomera), mi hija, cogida de la mano, me dijo: Papá, esto es igual que La Matilla

El Almendrero de Nicolás

Guará y La Matilla - por Paco Déniz, diputado por Tenerife de PODEMOS al Parlamento de Canarias *

Cuando me disponía a bailar en una verbena en Guará (La Gomera), mi hija, cogida de la mano, me dijo: Papá, esto es igual que La Matilla (Fuerteventura). ¿A qué se refería? Pues al perfil de la gente, al tipo de música verbenera, al ventorrillo oliendo a carne de cochino. Pero, sobre todo, se refería al ambiente familiar que allí se respiraba. Ella lo conoce, está echando raíces en Fuerteventura, está haciéndose con las claves del mundo majorero, y sabe que en el secano, en el llano, la gente es cariñosa, producen un ambiente familiar en donde no hay extraños, donde se respeta la música, donde se respeta a los cantadores y a los que, con sus manos, rasguean las cuerdas. Por eso, en La Gomera, en su primer viaje, comiendo encima de los manteles que se desplegaron a modo de comida comunitaria, todo le parecía familiar. Incluso, alucinó cuando se fue arrimando una parranda de chácaras y tambores, y vio, como en Maxorata, que todos nos fuimos arrimando. Y como quiera que los adultos estábamos embriagadamente acartonaditos, prestos a levitar sobre los riscos, ella nos miraba absorta. Fue entonces cuando alguien le dedicó un pie de romance “Isora es una estrella,  de su padre compañera”. Claro, la chiquilla con sus oídos a la altura del tambor, por debajo de las chácaras  y en medio del estruendo étnico gomero, se emocionó. Los adultos estábamos erizados, porque, mira que uno ha andado en parrandas, pero cuando suenan esos cantos nos sumergimos, no en la raíz de nuestra tierra, sino por debajo. No importa si la garganta se te rompe, porque merece la pena gastarla allí, no importa que de las chácaras salgan chispas. Lo importante es que en nuestros mundos canarios, las chiquillas se sientan en su casa, arropadas, cuidaditas, seguras, alimentadas y emocionadas, porque no sólo de pan vive el hombre, ni las mujeres. La sociedad es un acuerdo legal y administrativo, sí, pero es más que eso. También es un vínculo afectivo que se va tejiendo, una emoción que funciona más allá de los papeles y los carnés, la verdadera sociedad está en los lazos  identitarios  que se construyen a lo largo de toda una vida, desde la vida de nuestros antepasados,  como una fuerza magmática que nos va en el alma. Efectivamente, mi hija tiene razón, Guará y La Matilla transmiten las mismas sensaciones y nos construyen como pueblo. Ahora ya sabe quienes son los nuestros.

* En La casa de mi tía por gentileza de Paco Déniz