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13:48h. miércoles, 04 de agosto de 2021

En el café del pueblo no se le cobra. Todos en pie

Héroes del silencio - por Antonio Cabrera de León

 

frase cabrera

Héroes del silencio - por Antonio Cabrera de León *.

Los “Héroes del Silencio” fueron, para mi gusto, el mejor grupo español de rock. No han sido superados. Encabezados por Valdivia y Bunbury, quizá alcanzaron su cumbre con “Senderos de traición”.

Pero hay otros héroes del silencio de los que sólo se habla excepcionalmente. Su vida transcurre en el anonimato y no buscan salir de él. Simplemente cumplen con su trabajo y son decentes. Punto. Casi nada es más heroico que mantener la decencia. Suelen ser también héroes de la oscuridad: rehúyen la luz de los focos, tan codiciados por la sociedad insustancial, y la mayoría de las veces consiguen evitarlos. Pero de vez en cuando la luz se cuela por una rendija de la valla que les protege y entonces los vemos tal como son.

Hablo de la madre que pierde a un hijo en un atentado y se convierte en portavoz de las víctimas, aunque ello le suponga que todo un aparato político y mediático la atosigue durante años. Hablo de héroes que durante los años de plomo en Euskadi o en Irlanda del Norte fueron capaces de condenar todos los asesinatos, vinieran de donde vinieran, y exigir paz aunque por ello fueran considerados traidores en los dos bandos. Hablo del juez que aguantó la presión de todo el estamento jurídico servil con el rey e imputó a hija. De los médicos y enfermeras que cuando no había EPI, en marzo y abril de 2020, no se rajaron y expusieron su vida para salvar a los pacientes de un virus desconocido y letal. De la funcionaria que no se deja untar en la operación urbanística y se niega a estampar su firma, aunque ello le suponga insultos, amenazas y expedientes.

Entre todos ellos, la luz ha alcanzado en las últimas semanas a Manuel Morocho, un funcionario de la policía. Esta persona, un trabajador decente, recibió presiones, amenazas, intentos de soborno, y todo tipo de hostigamiento, por parte del gobierno de España, del partido de ese gobierno, y de la estructura jerárquica a la que estaba supeditado en su cuerpo policial. Presiones para que no investigara la mafia denominada “Gürtel” y la caja B del PP. Rechazar la indecencia fue renunciar a una vida acomodada en Roma, Lisboa u otra embajada, para obtener a cambio un destino en un pequeño pueblo de los Pirineos. Un héroe del silencio, capaz de aguantar todo eso en solitario y no venderse.

Tras el golpe de Estado de 1936, personas como éstas que menciono fueron asesinadas. Ahora escuchamos a Rantaplán decir que “es tiempo de apuntar y no olvidar”. No sé si en realidad le apetece decir que “es tiempo de apuntar y disparar”. Pero sí sé, leído lo tengo, que de la madre que perdió a su hijo en un atentado dijo un secretario general de su partido que “por esta puta y cuatro muertos de mierda perdimos las elecciones”.

Acertaron Valdivia y Bunbury. Los héroes del silencio caminan por los senderos de traición. Cuando uno de estos héroes entra en la sala, yo me pongo de pie y les guardo el silencio que ellos quieren desde el respeto que me merecen. Ya saben los habitantes de Canfranc la joya que tienen. En el café del pueblo no se le cobra. Todos en pie.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Antonio Cabrera de León

ANTONIO CABRERA DE LEÓN RESEÑA

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