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15:40h. Jueves, 23 de enero de 2020

De la huerta y la fauna al habla canaria - por Nicolás Guerra Aguiar

Que Rafaelito el Pisulá le suelte batatas ('mentiras') a Pepe Monagas en Gran Canaria; que tanto en Argentina, Uruguay y Puerto Rico como aquí algunos iluminados sean batatas   ('incompetentes'); o que alguien parezca -con incorrecta concordancia- “un batata” ('singuango'), tiene que ver con la riqueza del español, no necesariamente vulgar. Y que en las Canarias Orientales se llame majalulo a Panchito por su torpeza y lentitud (Unamuno descubrió esta voz en Fuerteventura) no es apelativo burlesco, mucho menos vejatorio: se trata, simplemente, de un símil con el camello recién destetado. 

De la huerta y la fauna al habla canaria - por Nicolás Guerra Aguiar *

   Que Rafaelito el Pisulá le suelte batatas ('mentiras') a Pepe Monagas en Gran Canaria; que tanto en Argentina, Uruguay y Puerto Rico como aquí algunos iluminados sean batatas   ('incompetentes'); o que alguien parezca -con incorrecta concordancia- “un batata” ('singuango'), tiene que ver con la riqueza del español, no necesariamente vulgar. Y que en las Canarias Orientales se llame majalulo a Panchito por su torpeza y lentitud (Unamuno descubrió esta voz en Fuerteventura) no es apelativo burlesco, mucho menos vejatorio: se trata, simplemente, de un símil con el camello recién destetado. 

 Porque nuestros hablantes aprovechan experiencias con animales y productos de la tierra para definir con ellos determinadas características humanas. De ahí que, como en Cuba, un amigo se haya quedado como un peje cuero (sin escamas) porque su pareja enfervoriza durante horas veinticuatro. O que la vaca (a la manera del portugués de Madeira) pueda convertirse en una medida no precisamente modélica para definir el volumen físico de una mujer. (El Diccionario de la Lengua Española -DLE- no recoge este significado.)

   Sin embargo, a veces no llego a captar el porqué de ciertas relaciones entre animales y personas. Así, por ejemplo, el caso de tonino, masculino de tonina, voz esta que el DLE remite al  delfín y al atún, casi de las mismas dimensiones. Pues bien: el DBC -Diccionario Básico de Canarismos (Academia Canaria de la Lengua)- define la palabra femenina como 'persona extremadamente gruesa'. Y aunque no lo recoge, la voz masculinizada es muy conocida y no precisamente con el mismo significado, ni tan siquiera parecido. ¿Por qué “tonino” se usa en Gran Canaria  -amplía el doctor Morera en su Diccionario Histórico-Etimológico del Habla Canaria (DH-EHC)- para referirse al 'hombre afeminado'?

   Otro caso. La palabra maroma no figura relacionada con la mar en el DLE. Sin embargo, en Canarias se refiere a un pescado cartilaginoso en forma de raya y que puede llegar a los 500 quilos de peso. Veo, pues, la relación que sectores canarios establecen con una señora bien despachada en prominencias carnosas. Pero, ¿por qué al maromo -voz ausente del DBC- se le relaciona con el tonino en su mismo significado? ¿Qué vínculo vieron quienes impusieron tal identificación? Y respecto a la primera (maroma) existen variantes como maromero (en La Palma, 'persona arriesgada'; en Tenerife, 'persona desaliñada'. Sin embargo, ¡qué belleza la de este animal cuando mueve sus aletas y se desplaza con serenidad, sin aspavientos, como si volara en medio de las profundidades!)

   O la cabra, mamífero rumiante. Cierto es que se puede estar como una cabra cuando las neuronas no funcionan bien, beeeé, beeeé. O se le puede “cargar la cabra” a alguien aunque sea inocente. E, incluso, en Bolivia y Chile la gente adelanta la “pata de cabra” cuando entrega alguna cantidad a cuenta de algo. Pero en Canarias se usa la voz para referirse a algunas jóvenas 'alocadas o casquivanas' (DBC) que, como bien dice la canción popular, desenfrenan (¡viva la libertad!): Yo tuve una cabra rusia, / me salió cascabelera. / Mal rayo parta a su madre / y a quien a mí me la vendiera. ¿Influencia latinomericana? Sin duda: los doctores Corrales – Corbella (Tesoro léxico canario-americano, TLC-A) la documentan en Chile, Costa Rica, El Salvador y Puerto Rico, bien por significado próximo o relacionado.  Y ya se sabe: La cabra jala pal risco, se oye en Gran Canaria. Y en Tenerife y El Hierro lo tienen clarito, clarito:  Donde la cabra muerde, la rama / la hierba pierde. (Con el significado de 'mujer disoluta' se trata de otro portuguesismo presente en el español de Canarias.)

   Hay algunos vocablos (tortuga, jirafa, hipopótamo, tigresa, pajarito, lirón, foca, rata...) que se usan en Canarias para referirse a personas o a comportamientos de las mismas. E, incluso, en algunos momentos reflejan no correctas concordancias entre sexo y género gramatical (“Aquella calle de la piscina es para los tortugos”; “Luis tiene cuello de jirafo”; “Ojo con aquel: ¡es un rata!”.) No obstante, ya no son originalidades de esta tierra; su uso está mucho más extendido y, por supuesto, lo imponen los hablantes españoles.

   Sin embargo, la palabra marinera caboso (pescado) no está registrada en el DLE, pero sí aparece en la República Dominicana y en Canarias, concretamente en Lanzarote, Fuerteventura y La Palma (TLC-A) con significado de 'persona tonta, idiota' (aunque escrita con z). Ahora bien, lo que tenga el caboso que ver con la idiotez de algunos cerebros racionales es algo que se me escapa, y eso que lo conozco desde que yo era así de saltaperico: lo llamábamos el marido de las barrigúas, su eterno acompañante en los charcos.

   Como ya apunté al comienzo con la batata ('mentira', 'persona zoqueta'), en el léxico de la agricultura  hay también muchos vocablos relacionados con las personas. Así, cuando el hablante (Gran Canaria) quiere referirse a una cabeza que desborda las flexibles previsiones aceptadas (es el caso del niño cocú), echa mano al símil. Y la planta y el bulbo del distintivo agrícola gardense reflejan con precisión lo que hubiera necesitado quizás mayores explicaciones: el piso último del niño cocú (el del coco o cabeza ostentosamente dominante) es como las cebollas de Gáldar, a veces de dos quilos y medio (“Oiga, señora: ¿y toa esa cabesa es del?”, preguntaba el niño gago). De ahí -no por las cabezas, sino por el producto- que llamen “cebolleros” a los nacidos en Gáldar, de comportamientos en momentos muy fitipaldescos con sus coches-discotecas porque uno de los componentes de la cebolla favorece la circulación, tal justifican los acelerones por aquellas carreteras de Juncalillo, Sardina...

   Y todo esto me lo recordó un paisano pocos días antes de las elecciones: “¡Menúas batatas conejeras están soltando los candidatos! ¡Con tres llenan el cardero... y el agua se desparrama toíta toíta!”. 

 

* En La casa de mi tía por gentileza del autor