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01:47h. Lunes, 17 de Diciembre de 2018

Iglesias-Montero compran una casona, ¡qué horror! - por Erasmo Quintana

 

FRase erasmo

Iglesias-Montero compran una casona, ¡qué horror! - por Erasmo Quintana *

iglesias monteroEl cuerpo de la sociedad española se halla postrado y tan gravemente enfermo que ante la noticia de que la pareja Irene Montero-Pablo Iglesias, de Unidos Podemos, se han comprado (con hipoteca) un chalet en Galapagar, las afueras de Madrid, ha entrado en una especie de shock, pues tenía interiorizado en el hondón de sus caletres que esa clase de adquisición estaba reservada en exclusiva para los diputados del PP, PSOE, PNV, C,S y así, gente con relevancia social; éstos nunca han sido noticia de primeras páginas y obertura de todas las televisiones, porque en ellos comprar una buena casa se ve la cosa más natural del mundo. Pero cuando gente de izquierdas hace lo mismo -porque ser diputado conlleva un suculento sueldo, y en el caso de los de Podemos son dos-, la urdimbre del escándalo nacional ha sido impactante.

Los políticos representantes de izquierda aquí están condenados a vivir sine díe como desharrapados, como indigentes, tengan lo que tengan. Para ellos vivir bien o de puta madre es sinónimo de inmoral impostura, de copiar los caprichos de la derecha. “Para defender bien a los pobres, hay que vivir como pobres”, les ha dicho ya Monedero, cofundador de Podemos, uniéndose a la crítica mendaz propia de la derecha. Es lo que piensa la gran mayoría, lamentablemente. Sin embargo esto no es nuevo. Ya tenemos en la Historia cómo se metía el caciquismo con el santo varón laico, aquél que tanto admiraba y apreciaba el grancanario Benito Pérez Galdós, el fundador de la UGT y el PSOE, Pablo Iglesias Posse, sembrando la patraña sobre su imagen, de que se quitaba un reloj de oro antes de bajarse del tren que le llevaba de una ciudad a otra en sus mítines. Sin duda aquella escoria era sabedora del efecto negativo causado en un hombre tan íntegro, cabal y luchador por el bienestar del pueblo llano y trabajador, en el estrato social al que iba dirigido.

No es ningún deshonor comprarse un chalet -si puede-, una joven pareja en la edad en que todo está por hacer, llena de ilusiones y jalones por alcanzar, espoleados por la certidumbre de una doble descendencia. El gran deshonor sería que se la regalasen en contrapartida de algún chanchullo que es propio y tuvo que ver con actos delictivos, o que lo compren con el fruto del latrocinio de dinero público, corrupto, en función de sus altos cargos. Lo han comprado con su propio dinero, y con hipoteca, como todo el mundo. Porque son de izquierda y representan a los más desfavorecidos de esta injusta sociedad, teniendo posibles, ¿no pueden comprar una casona en la sierra madrileña? ¿A la vista de todos tienen que parecer lo que no son? Eso sería auténtica hipocresía, ¿verdad? Lo que habría de censurarles es que no defiendan a los más necesitados para que vivan lo más dignamente posible. En el veterano comunista Santiago Carrillo vemos su opción, que fue vivir lo que le quedaba de vida en un pisito madrileño de lo más modesto. Pero sin menoscabar el valor de su ejemplaridad, también es cierto que su ilusión ya no era la misma de cuando no llegaba a la cuarentena; lo hizo en momentos en que la obra de su vida la tenía toda hecha.   

Estos jóvenes han dado muestras de ejemplar transparencia, presentando de inmediato nueva declaración de bienes en la Mesa del Congreso de los Diputados, y que publicará el Boletín de Las Cortes. Detallan lo que cada uno pagará mensualmente y son conscientes de que muchas familias españolas, incluso con dos sueldos, como ellos, no pueden permitirse una hipoteca igual, por lo que entienden que es tan importante defender salarios dignos para todas y todos. Alguien de otros partidos que han comprado lo que Montero e Iglesias, ¿han hecho lo mismo y en similares términos? ¿Cuántos diputados han tenido que explicarse tanto? Menos hipocresía, señoras y señores.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Erasmo Quintana

ERASMO QUINTANA RESEÑA

 

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