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02:35h. Jueves, 14 de noviembre de 2019

Dos jueces que no podrán juzgar - por Nicolás Guerra Aguiar

Dos magistrados no podrán intervenir profesionalmente en el inmediato juicio del llamado “Caso Gürtel”,

Dos jueces que no podrán juzgar - por Nicolás Guerra Aguiar *

   Dos magistrados no podrán intervenir profesionalmente en el inmediato juicio del llamado “Caso Gürtel”, la supuesta y continuada corruptela que afecta al PP como institución y a cuarenta personas (entre ellas, tres extesoreros del partido y la exministra señora Matos) pues, según la Fiscalía, fueron “partícipes a título lucrativo” de específicos delitos. Y mucho me temo que esto no ha hecho más que empezar. Para el señor Rajoy y su guardia pretoriana todo fueron negaciones, disimulos, oscurantismos y ausencia de urgentes  actuaciones. Pero, por lo que se intuye, aquello era una fuente de euros con muchos chorros.  

   No obstante, un posicionamiento personal: el Partido Popular merece absolutamente todo el respeto que le corresponde en cuanto entidad apoyada por millones de ciudadanos de cuya decencia, obviamente, no debe dudarse. Por tanto, y aunque pueden contarse a cientos los aparentes corrupptos, se trata de militantes (eso sí, con altísimas responsabilidades en el poder) que han traicionado a personas honradas, crédulas y convencidas de que su opción política es correcta, que también lo es.

   Conozco a muchas, y me satisface contar con la amistad personal de un buen número de militantes peperos, entre ellos exalumnos con quienes sigo manteniendo personales relaciones. Desde su honestidad –aunque no coincidimos ideológicamente-, están avergonzados de todo lo que sucede. Algunos se han dado de baja a la espera de regeneraciones éticas. Otros esperan la inmediata reacción desde arriba, aunque cada vez más sospechan y confirman que la honesta verticalidad se asienta en principios preocupantes, cuando no pantanosos. Porque las reacciones habidas –caso de mensajes rajoyanos al señor Bárcenas, en prisión por orden judicial- desmoralizaron a más de cuatro y echaron por tierra la confianza en su máximo líder.

   A las par quiero centrarme en otro aspecto también muy importante y, a la vez, íntimamente relacionado con la inicial trama Gürtel. Es el caso, como adelanto al comienzo, de que dos magistrados hayan sido recusados y apartados como integrantes del Tribunal al que todos los acusados del PP han de enfrentarse. O lo que es lo mismo, que la señora Espejel y el señor López no tuvieron la sensibilidad pública y privada de presentar sus renuncias como miembros del Tribunal antes, precisamente, de que sus colegas de la Audiencia Nacional los apartaran. Bofetón personal, me parece.

López y Espejel

   Porque ambos –y aquí es donde entra lo que Valle-Inclán llamó la “Prensa canalla” en aquella revolucionaria teatralización tituladaLuces de bohemia- fueron biografiados y comentados profesionalmente desde años antes por serios y desapasionados periodistas. Y por tales reporteros supimos, por ejemplo, que la señora Espejel fue elegida vocal del Consejo General del Poder Judicial con el voto a favor del PP en el Senado, uno de cuyos peperos asientos ocupaba el señor Bárcenas, hoy principal encausado. Y que el señor López también lo fue; y que el Gobierno del señor Rajoy (en el que figuraba la encausada señora Matos) lo convirtió en magistrado (hoy ex) del Tribunal Constitucional. Y que estuvo muy muy vinculado a FAES, fundación ideológicamente consanguínea del PP.

   Por consiguiente, ambos sabían que la sociedad estaba al tanto de tales relaciones porque la Prensa nos había informado en el cumplimiento de su misión. Vinculaciones, sin duda, absolutamente respetables como ciudadanos de a pie… pero desestabilizadoras emocionalmente desde el punto de vista profesional. Relaciones no definidoras de imparcialidad, en absoluto. Pero sí impactantes ya que, en apariencia, podrían restar valor a aquella máxima universal en derecho: “El juez no solo debe ser imparcial; además, ha de parecerlo”. Y este es, precisamente, el quid de la cuestión: la imparcialidad se supone. Pero la apariencia quedó conmocionada.

   Por otra parte, la ya aceptada recusación que presentaron la Asociación Libre de Abogados, Izquierda Unida, Ecologistas en Acción y Los Verdes –recogida, ampliada, difundida y sostenida por varios medios de comunicación frente al silencio sepulcral de algunos- da pie a otros considerandos como, por ejemplo, la satisfacción de que a veces las cosas funcionan. Y, además, a una conclusión: la nefasta y desestabilizadora presencia de la política en lo que a promociones internas de jueces y fiscales se refiere. 

   Sobre la primera -que a veces la cosa funciona- supongo que en un Estado de derecho riguroso y serio sobraría cualquier comentario por su obviedad: la Ley es la Ley y es absolutamente igual para todos. Pero hay momentos en que caben al menos recelos o desconfianzas de que –en apariencia- no es así. Como, por ejemplo, en el caso de la hermana y el cuñado del rey o de la familia Pujol, al menos en lo que a la absoluta libertad de movimientos se refiere. Parece que las pruebas en su contra son tan contundentes que no admiten duda alguna, así al menos podría concluirse. Por tanto, actuaciones preventivas estimo que debieron aplicarse tiempo ha.

   En torno a la segunda –intromisión política en nombramientos y ascensos en la carrera judicial- choca sobremanera y perturba la esencia democrática que, por ejemplo, el Gobierno nombre al fiscal general del Estado y los partidos se repartan proporcionalmente algunas plazas del Consejo General del Poder Judicial. Es como si los accesos a cátedra se realizaran a través de votaciones en los parlamentos autónomos y por afinidades o simpatías.

   Por tanto, reitero lo rigurosamente innegable: deben ser los profesionales de la carrera judicial quienes elijan a sus responsables máximos al margen de parlamentos, senados, gobiernos y contubernios. Está claro que esta fórmula tampoco es la perfección, ni garantiza el impecable acceso a un cargo de responsabilidad. Pero deben ser los profesionales, única y exclusivamente, quienes elijan a través de tribunales de méritos o con otras fórmulas. Así, varios serán los candidatos y no deberán favores a quienes los promocionen o proclamen. 

   Con este sistema, quizás los señores magistrados Espejel y López no hubieran sufrido el impacto emocional de una recusación con todas las de la ley.

 

* En La casa de mi tía por gentileza de Nicolás Guerra Aguiar