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10:16h. Viernes, 21 de febrero de 2020

Juro por mi conciencia y honor - por Nicolás Guerra Aguiar

En estas prevísperas electorales los candidatos hablan y hablan; muchos se repiten en memorizadas monotonías las más de las veces vacíos de contenidos, y prometen lo que sea menester con tal de arrancar un voto. Pero en los discursos no están los reconocimientos de sus contradicciones, ni el mea culpa ante privilegios a ellos reservados.

Juro por mi conciencia y honor - por Nicolás Guerra Aguiar *

En estas prevísperas electorales los candidatos hablan y hablan; muchos se repiten en memorizadas monotonías las más de las veces vacíos de contenidos, y prometen lo que sea menester con tal de arrancar un voto. Pero en los discursos no están los reconocimientos de sus contradicciones, ni el mea culpa ante privilegios a ellos reservados.

Y no lo digo, claro, por quienes se acercan como noveles (Ciudadanos y Podemos, por más que en ambos hay viejos vividores de la política que se camaleonan sin pudor). Los principiantes llegan con ilusiones (o intereses personales); otros, con Ideas (¡malo, malo!); la mayoría con juventud. Y aunque bien es cierto que no todos son iguales, sabemos que algunos pretenden imitar a veteranos cargados de cuatrienios («Hay a quienes les gusta reunirse con grandes banqueros», dijo el señor Monedero): a fin de cuentas, para muchos jóvenes el cargo político será su primera nominilla ahora que la cosa está jodida y las perspectivas laborales no auguran inmediatos cambios. 

Ya sabemos que en política lo nuevo no tiene por qué ser lo mejor ni tan siquiera, incluso, lo bueno. Pero frente a mucho de lo que hay a la vista y al olfato; a manifiestas mediocridades e incompetencias; a la profesionalización de tanto servil que lo mismo puede usarse para ayuntamientos,  cabildos, Parlamento canario, Gobierno de Canarias,  Senado, Congreso o como regente de un neonato cargo, lo cierto es que habrá novedades con los nuevos, «todavía no están corrompidos», prioritaria característica que los define según comentarios generalizados. Sin embargo, a pesar de que un día sí y otro también el bipartidismo tradicional sigue impactando en ya encallecidas éticas y emputa a miles de gentes, ambos partidos coinciden en las listas de preferidos, qué perplejidades.

No todos los políticos son iguales, dicen, no todos roban ni están corrompidos. Verdad inquestionable. Dejemos, pues, a un lado a los corruptos. Pero, ¿están todos los profesionales de la política en estado puro por más que, al decir de aquella señoría, determinados comportamientos «podrán no ser éticos, pero sí legales»? Porque en esta campaña previsperal partidos y políticos profesionales ya veteranos no racionalizan sus realidades.

Así, aunque lleva veintitantos años en el Gobierno de Canarias, CoATIción reclama el voto (señor Clavijo)  para que una fuerza nacionalista represente a las Islas porque «están en juego» aspectos muy importantes para Canarias. La señora Julios, también coÁTIca, tiene ya propuestas «que la formación sí va a poder cumplir». Y critica a otros partidos que incumplen sus compromisos. Sin embargo, la Sanidad canaria cita a un paciente para 2018. El sábado pasado CANARIAS7 muestra imágenes del Hospital Insular: el servicio de urgencias está colapsado. Canarias ocupa los ultimísimos puestos en enseñanza. Los servicios sociales del Gobierno de Canarias no funcionan,  tragedias humanas de nuestros paisanos no encuentran soluciones urgentes. ¿Ética política?

Dos: la señora Hernández, doña Patricia, insiste en que «Los socialistas vamos a demostrar que se puede gobernar de otra forma, con la gente y para la gente». Pero los psocialistas canarios gobiernan, son responsables de la consejería de Enseñanza. Y su silencio en estos cuatro años dio fuerzas a CoATIción para mantener en sus puestos a dos consejeras que, con todos mis respetos, son inútiles para tan altas responsabilidades. Y han callado ante injustos e inhumanos desahucios; y han dejado hacer lo que con toda razón hubiera criticado desde la oposición. Por tanto, ¿ética política?

Tres: la señora Navarro, doña María Australia, calla ante la Ley de Seguridad Ciudadana, la ley mordaza de los suyos, el Partido Popular: la alteración de la seguridad pública por manifestaciones frente a edificios oficiales será constitutiva de delito. Sin embargo (InfoLibre), expertos de Naciones Unidas afirman que algunos apartados «amenazan con violar derechos y libertades», según la ONG Rights International Spain. Y The New York Times acaba de publicar un editorial contra la misma: «Es un retroceso preocupante a los oscuros días del régimen franquista», afirma.  (Por cierto: el eurodiputado señor iglesias la denunció ante el Consejo de Europa en diciembre.) Así, cuando la señora Navarro dice que quiere «devolver la dignidad a la vida de los canarios que no tienen recursos y que más necesidades básicas sufren en Canarias», ¿se refiere acaso a que desde el Gobierno no enviarán a la policía a disolver supuestas manifestaciones frente al Parlamento canario en las que participen, precisamente, esas personas «abandonadas a su suerte»? Por tanto, ¿ética política?

Cuatro. ¿Qué pasa con los tránsfugas? ¿Es ética política acoger -NC- con los brazos abiertos a quienes abandonen sus supuestas ideologías anteriores por intereses personales y de poder?

Pero hay más en lo que a la ética se refiere. ¿Cuántos parlamentarios canarios, consejeros de cabildos, alcaldes... que pretenden la reelección han renunciado a cobrar el mes de mayo porque estarán en plena campaña electoral fuera de sus despachos? (De igual a igual: ¿se les permitirá a los profesores interinos tomarse el mes de mayo sin asistir al aula para preparar las inmediatas oposiciones?) Más: ¿cuántos políticos se han quejado de sus nominillas, excesivamente elevadas en comparación con la generalidad obrera? ¿Quiénes han renunciado -por injustos- a los privilegios que significan sus viajes gratis fuera de periodos de trabajo, los seguros médicos privados, las pagas extras ¡por asisitir a sesiones!, las compensaciones económicas cuando se retiran de la política…?  ¿Es ético, acaso, lo expuesto? Legal sí lo es, desde luego. Pero, ¿quiénes lo legalizaron? ¡Aaaamigo!...

* Publicado con autorización del autor