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17:44h. miércoles, 20 de octubre de 2021

Los ladrones van a la oficina - por Antonio Cabrera de León

 

frase cabrera de león

Los ladrones van a la oficina - por Antonio Cabrera de León *

Ese fue el nombre de una serie de televisión, emitida a principios de los 90 y protagonizada por actorazos de la talla de López Vázquez, Fernán Gómez o Manuel Alexandre. Con ese plantel, muy mala no debió ser.

Pero hoy le tomo el título a la serie para hablar de otros ladrones que van a la oficina. En realidad, la mayoría de los ladrones van a la oficina. Hay mucho ladroncete de poca monta que va al taller cuando no roba, pero apenas alcanza la categoría de simple ratero, de mero ladrón de cuello azul. No obstante, la mayoría, la amplísima mayoría, son ladrones de cuello blanco y van a la oficina.

Los ladrones que van a la oficina tienen distintas categorías, claro. No es lo mismo un abogado que nos roba cobrando sus minutas en negro, que un premio Nobel que nos roba poniendo sus dineros en paraísos fiscales. No es lo mismo un futbolista con una cuenta en Andorra que un rey que se pasea con el “trolley” cargado de billetes. Todos son ladrones, pero no todos alcanzan la primera división del latrocinio, y entre ellos el que roba más mira por encima del hombro al que roba menos. Para codearte con un rey ladrón, para jugar en la primera división de la estafa y la rapiña, tienes que ser capaz de tener un yate con bandera de Malta. No todos logran robar tanto.

En el viejo chiste soviético, el ciudadano ruso estaba dispuesto a compartir una de sus dos vacas y una de sus dos granjas con sus vecinos necesitados, pero jamás una de sus dos gallinas ¿Por qué? Porque ni tenía dos vacas, ni dos granjas, pero sí tenía dos gallinas. En cambio no hay chiste para el ladrón de oficina, el ciudadano del “mundo libre” que está menos dispuesto a compartir sus ganancias cuanto más roba.

Tu rey no acepta compartir una de sus muchas gallinas, ni de sus muchas vacas, ni de sus muchas granjas. Eso se lo afina la fiscalía. El país entero es su granja y nosotros sus animales, de momento incapaces de urdir la rebelión que nos sugirió Orwell. Cuello blanco aparte, la vestimenta apropiada para el ladrón de oficina es siempre la bandera. Del rey abajo ninguno, ninguno deja de envolverse en ella. Una bandera, sea cual sea, tapa. Te puedes declarar patriota de roja y gualda, estelada o ikurriña, pero usa una grande si quieres robar en serio.

El máximo nivel, el pódium de los dioses ladrones, se alcanza cuando eres capaz de evitar la risa mientras tienes el privilegio de que la cámara te enfoque para que des un discurso moral como si nunca hubieras robado, como si fueras una persona honrada. Ahí llegan muy pocos. Que yo recuerde: algún banquero o empresario hablando de “la responsabilidad social de la empresa”, algún viejo político catalán hablando de la identidad nacional, el empresaurio maltés recabando elogios por sus limosnas sanitarias, el premio Nobel hablando de que sólo es demócrata quien vota bien, y el rey, por encima de todos el rey, mirándonos a los ojos y explicándonos que “la justicia es igual para todos”.

Ellos esconden en paraísos sus granjas, vacas y gallinas, pero la lista de espera quizá impida que tu madre se opere de cáncer a tiempo de evitar una metástasis. Que se joda tu madre.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Antonio Cabrera de León

ANTONIO CABRERA DE LEÓN RESEÑA

Gracias a Artistas Legales @ArtistasLegalesMexico  por el gráfico de delitos de cuello blanco

 

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