Buscar
06:36h. Martes, 24 de Octubre de 2017

¿Qué es la legalidad?  - por Erasmo Sánchez García

 

erasmo sánchez garcía"...no podemos perder el norte, la legalidad no puede ser tomada como palabra sagrada o como verdad absoluta que se impone frente a la realidad de las cosas y a la evolución misma de la sociedad. La legalidad no siempre es justa, ni segura."

¿Qué es la legalidad?  - por Erasmo Sánchez García *

¿Qué es la legalidad? La legalidad es imprescindible en toda convivencia social. Aporta seguridad jurídica en las relaciones humanas, y es el instrumento que sirve para garantizar la paz , la seguridad o la libertad. La legalidad regula nuestra convivencia y los funcionarios y profesionales del derecho se tienen que ceñir a ella con rigor.

Ahora bien, dicho lo anterior, no podemos perder el norte, la legalidad no puede ser tomada como palabra sagrada o como verdad absoluta que se impone frente a la realidad de las cosas y a la evolución misma de la sociedad. La legalidad no siempre es justa, ni segura. Podemos citar mil ejemplos de nefastas legalidades: la esclavitud, el apartheid, el holocausto, los fusilamientos en la dictadura. Todos ellos ocurrieron de conformidad con una legalidad y con pulcritud y riguroso respeto a la norma vigente. (Hoy mismo en Filipinas hay ejecuciones sumarias a narcotraficantes y drogadictos, amparadas por la ley).

En estos días salen en todos lados estudiosos de la Constitución del 78 y juristas de toda condición que nos citan hasta el aburrimiento cuestiones sobre la "soberanía nacional", "la indisoluble unidad de la nación", "la patria común e indivisible" y otros mantras enunciados en el Título preliminar de la misma Constitución. 

A todos ellos yo les digo: Estudien ustedes la Constitución, pero estúdienla de verdad,  en conciencia,  no sólo su "texto", sino también su " contexto". 

La Constitución, como todo texto de esta naturaleza, fue un pacto jurídico en una España que vivía inmersa en un clima de gran inestabilidad política. No hace falta estudiar de noche para darse cuenta de que hubieron cesiones de ambos lados, pero sobre todo que hubo grandes imprecisiones y ambigüedad en su texto, que fueron deliberadamente pactadas.  Por ejemplo: podemos acudir a 10 manuales diferentes de derecho constitucional y ninguno nos dirá lo mismo sobre el concepto de "monarquía parlamentaria" (concepto no existente en derecho comparado ni en la historia constitucional de España). 

Es importante estudiar el contexto para darse cuenta de que en el oído de los padres de la constitución retumbaba con gran estruendo el denominado "ruido de sables" (citando la canción de Sabina). 

Solo ello explica, por ejemplo, que La Corona tenga una posición reforzada frente a una eventual reforma de la Constitución (refuerzo que solo tiene el Título preliminar y los derechos fundamentales), a diferencia de otras instituciones como el Gobierno, las Cortes o el Poder Judicial, que no tiene dicho refuerzo y pueden ser reformadas por el procedimiento simple. 

O que las Fuerzas Armadas ocupen una posición de privilegio en el título preliminar como garantes de la "unidad de España", mientras que instituciones tan relevantes como el poder judicial se regulan en el 117, el ministerio fiscal en el 124 o la policía en el 126.

Como ya dije antes, la legalidad en un estado de derecho debe ser respetada por todos como expresión de ese pacto social que implícitamente  aceptamos al vivir en sociedad. Y hay que reconocer que la constitución ha cumplido fielmente su cometido de pasarela desde un estado autoritario a una democracia ya consolidada. Sin embargo, ¿qué pasa cuando la Constitución es utilizada por un sector de la sociedad como instrumento y como coartada para acallar la pacífica, en conciencia y por tanto legítima expresión de otra parte de la sociedad? En este caso, en mi opinión, deja de ser justa y se transforma en un instrumento de opresión. Y frente a eso solo hay dos opciones:

-  Primera: La resistencia a la opresión. (Derecho que ya reconocía por allá por el  1789 el art. 2 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano). Cosa que ya estamos viviendo estos días. Corriendo el riesgo de que la cosa se desmadre, se radicalicen  aún más las posiciones, se termine en la confrontación social y que los oprimidos se terminen convirtiendo en mártires políticos a lo Martin Luther King, salvando las distancias. (Ya lo son desde el punto de vista de la comunidad internacional)

- Segunda: Cambiamos esa legalidad (entiéndase Constitución) que cumplió fielmente su cometido, pero no nos engañemos, ha quedado obsoleta; y así dejamos que aquellos que quieren expresar su opinión lo hagan dentro del marco de la misma. Claro que para esto necesitamos representantes con altura ética y política, cosa que no abunda en estos tiempos.

* En La casa de mi tía por gentileza de Erasmo Sánchez Quintana

erasmo sánchez garcía