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14:06h. domingo, 25 de octubre de 2020

Manifiesto. Agrupación al Servicio de la República (1931) - por Antonio Aguado

 

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Manifiesto. Agrupación al Servicio de la República (1931) - por Antonio Aguado Suárez, coherente veterano militante socialista *

Redactado el martes 10 de febrero de 1931, está vigente y es perfectamente extrapolable a nuestros días. En aquel entonces la monarquía estaba justamente cuestionada y puesta en entredicho, lo mismo que merecidamente lo está en la actualidad.

Mediante un debate previo constructivo, sosegado y sereno. Va siendo hora, que el conjunto de la Sociedad Española se manifieste y a través de un referéndum libre y con todas las garantías, decida que Estado quiere, si el actual monárquico, u otro, el republicano mucho más democrático, transparente y participativo.    

Las declaraciones recogidas en el manifiesto, están firmadas por los extraordinarios intelectuales: José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala.

Antonio Aguado Suárez

EL SOL

El Sol

Madrid, martes 10 de febrero de 1931 año XV, número 4.211
página 12

Un manifiesto

Agrupación al Servicio de la República

Con el título que antecede se ha publicado el siguiente documento:

«Cuando la historia de un pueblo fluye dentro de su normalidad cotidiana, parece lícito que cada cual viva atento sólo a su oficio y entregado a su vocación. Pero cuando llegan tiempos de crisis profunda, en que rota o caduca toda normalidad van a decidirse los nuevos destinos nacionales, es obligatorio para todos salir de su profesión y ponerse sin reservas al servicio de la necesidad pública. Es tan notorio, tan evidente, hallarse hoy España en una situación extrema de esta índole, que estorbaría encarecerlo con procedimientos de inoportuna grandilocuencia. En los meses, casi diríamos en las semanas, que sobrevienen tienen los españoles que tomar sobre sí, quieran o no, la responsabilidad de una de esas grandes decisiones colectivas en que los pueblos crean irrevocablemente su propio futuro. Esta convicción nos impulsa a dirigirnos hoy a nuestros conciudadanos, especialmente a los que se dedican a profesiones afines con las nuestras. No hemos sido nunca hombres políticos; pero nos hemos presentado en las filas de la contienda pública siempre que el tamaño del peligro lo hacía inexcusable. Ahora son superlativas la urgencia y la gravedad de la circunstancia. Esto, y no pretensión alguna de entender mejor que cualesquiera otros españoles los asuntos nacionales, nos mueve a iniciar con máxima actividad una amplia campaña política. Debieron ser personas mejor dotadas que nosotros para empresas de esta índole quienes iniciasen y dirigiesen la labor. Pero hemos esperado en vano su llamamiento, y como el caso no permite ni demora ni evasiva, nos vemos forzados a hacerlo nosotros, muy a sabiendas de nuestras limitaciones.

El Estado español tradicional llega ahora al grado postrero de su descomposición. No procede ésta de que encontrase frente a sí la hostilidad de fuerzas poderosas, sino que sucumbe corrompido por sus propios vicios sustantivos. La Monarquía de Sagunto no ha sabido convertirse en una institución nacionalizada, es decir, en un sistema de Poder público que se supeditase a las exigencias profundas de la nación y viviese solidarizado con ellas, sino que ha sido una asociación de grupos particulares que vivió parasitariamente sobre el organismo español, usando del Poder público para la defensa de los intereses parciales que representaba. Nunca se ha sacrificado aceptando con generosidad las necesidades vitales de nuestro pueblo, sino que, por el contrario, ha impedido siempre su marcha natural por las rutas históricas, fomentando sus defectos inveterados y desalentando toda buena inspiración. De aquí que día por día se haya ido quedando sola la Monarquía y concluyese por mostrar a la intemperie su verdadero carácter, que no es el de un Estado nacional, sino el de un Poder público convertido fraudulentamente en parcialidad y en facción.

Nosotros creemos que ese viejo Estado tiene que ser sustituido por otro auténticamente nacional. Esta palabra “nacional” no es vana; antes bien, designa una manera de entender la vida pública que lo acontecido en el mundo durante los últimos años de nuevo corrobora. Ensayos como el fascismo y el bolchevismo marcan la vía por donde los pueblos van a parar en callejones sin salida: por eso, apenas nacidos padecen ya la falta de claras perspectivas. Se quiso en ambos olvidar que, hoy más que nunca, un pueblo es una gigantesca empresa histórica, la cual sólo puede llevarse a cabo o sostenerse mediante la entusiasta y libre colaboración de todos los ciudadanos unidos bajo una disciplina más de espontáneo fervor que de rigor impuesto. La tarea enorme e inaplazable de remozamiento técnico, económico, social e intelectual que España tiene ante sí no se puede acometer si no se logra que cada español dé su máximo rendimiento vital. Pero esto no es posible si no se instaura un Estado que por la amplitud de su base jurídica y administrativa permita a todos los ciudadanos solidarizarse con él y participar en su alta gestión. Por eso creemos que la Monarquía de Sagunto ha de ser sustituida por una República que despierte en todos los españoles a un tiempo dinamismo y disciplina, llamándolos a la soberana empresa de resucitar la historia de España, renovando la vida peninsular en todas sus dimensiones, atrayendo todas las capacidades, imponiendo un orden de limpia y enérgica ley, dando a la justicia plena trasparencia, exigiendo mucho a cada ciudadano trabajo, destreza, eficacia, formalidad y la resolución de levantar nuestro país hasta la plena altitud de los tiempos.

Pero es ilusorio imaginar que la Monarquía va a ceder galantemente el paso a un sistema de Poder público tan opuesto a sus malos usos, a sus privilegios y egoísmos. Sólo se rendirá ante una formidable presión de la opinión pública. Es, pues, urgentísimo organizar esa presión haciendo que sobre el capricho monárquico pese con suma energía la voluntad republicana de nuestro pueblo. Esta es la labor ingente que el momento reclama. Nosotros nos ponemos a su servicio. No se trata de formar un partido político. No es sazón de partir, sino de unificar. Nos proponemos suscitar una amplísima Agrupación al Servicio de la República, cuyos esfuerzos tenderán a lo siguiente:

1.º Movilizar a todos los españoles de oficio intelectual para que formen un copioso contingente de propagandistas y defensores de la República española. Llamaremos a todo el profesorado y magisterio, a los escritores y artistas, a los médicos, a los ingenieros, arquitectos y técnicos de toda clase, a los abogados, notarios y demás hombres de ley. Muy especialmente necesitamos la colaboración de la juventud. Tratándose de decidir el futuro de España, es imprescindible la presencia activa y sincera de una generación en cuya sangre fermenta sustancia del porvenir. De corazón ampliaríamos a los sacerdotes y religiosos este llamamiento, que a fuer de nacional preferiría no excluir a nadie; pero nos cohíbe la presunción de que nuestras personas carecen de influjo suficiente sobre esas respetables fuerzas sociales.

Como la Agrupación al Servicio de la República no va a modelarse un partido, sino a hacer una leva general de fuerzas que combatan a la Monarquía, no es inconveniente para alistarse en ella hallarse adscrito a los partidos o grupos que afirman la República, con los cuales procuraremos mantener contacto permanente.

2.º Con este organismo de avanzada, bien disciplinado y extendido sobre toda España, actuaremos apasionadamente sobre el resto del cuerpo nacional, exaltando la gran promesa histórica que es la República española y preparando su triunfo en unas elecciones constituyentes, ejecutadas con las máximas garantías de pulcritud civil.

3.º Pero, al mismo tiempo, nuestra Agrupación irá organizando, desde la capital hasta la aldea y el caserío, la nueva vida pública de España en todos sus haces, a fin de lograr la sólida instauración y el ejemplar funcionamiento del nuevo Estado republicano.

Importa mucho que España cuente pronto con un Estado eficazmente constituido, que sea como una buena máquina en punto, porque bajo las inquietudes políticas de estos años late algo todavía más hondo y decisivo: el despertar de nuestro pueblo a una existencia más enérgica, su renaciente afán de hacerse respetar e intervenir en la historia del mundo. Se oye con frecuencia más allá de nuestras fronteras proclamar, como el nuevo hecho de grandes proporciones que apunta en el horizonte y modificará el porvenir, el germinante resurgir ibérico a ambos lados del Atlántico. Nos alienta tan magnífico agüero; pero su realización supone que las almas españolas queden liberadas de la domesticidad y el envilecimiento en que las ha mantenido la Monarquía, incapaz de altas empresas y de construir un orden que a la vez impere y dignifique. La República será el símbolo de que los españoles se han resuelto por fin a tomar briosamente en sus manos propias su propio e intransferible destino. Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala.»

——

 

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Declaraciones de los firmantes del Manifiesto

Don José Ortega y Gasset

Barcelona 9 (12 n.). El semanario “La Rambla de Cataluña” publica el manifiesto de Ortega y Gasset, Marañón y Pérez de Ayala, y además una entrevista de un enviado especial con los tres citados señores.

Don José Ortega y Gasset le ha dicho:

“La forma en que ha sido recibido nuestro llamamiento supera todas mis esperanzas. Al decir esto me refiero tanto al volumen de la adhesión como al grado de madurez que en la opinión pública revela interesarse por un escrito político del que quedaron eliminados todos los tópicos melodramáticos. Creo que se ha entendido perfectamente nuestra intención y que hemos visto expresada en nuestras palabras una profesión que se disciplina ella misma y evita su desgaste con inútiles gestos emotivos. Es cuestión de marear al adversario a fuerza de serenidad y de energías constructoras. La táctica ha de consistir, naturalmente, en ir organizando el nuevo Estado, y esto no se hace con fanatismos verbales, sino uniendo unas con otras las fuerzas sociales sobre las cuales ha de sostenerse el nuevo Estado.

Desde la pasada primavera, y muy especialmente desde el viaje a Barcelona de los intelectuales castellanos, trabajo en este sentido. En mi artículo “Un proyecto” proponía la reunión de una Junta magna que recogiera la representación de todos los que en España aspiran a un Estado nuevo. Este Parlamento espontáneo y claro es ajeno y hostil a todo lo oficial y pseudovigente y sería el órgano adecuado para dirigir, con máximo ardor y mínima violencia, el cambio de régimen, la preformación del nuevo Estado, y evitaría las dificultades de lo que Mirabeau llamaba la simultaneidad del tránsito.

Ahora bien: dentro de este movimiento general hacia otro Estado, yo defiendo, como única solución da suficiente profundidad histórica, la instauración de la República, y por esto, con Marañón y Pérez de Ayala, dirijo este llamamiento a los españoles de oficio intelectual y, a través de ellos, a todos los que quieran formar una gigantesca falange republicana.

Creo que existe no ya una, sino dos generaciones inéditas en política: la nuestra y la que hoy tiene treinta años. No se olvide que desde 1914, fecha en que la guerra del mundo suspendió la vida pública en todas partes, no ha vuelto a haber vida política normal en España. Esta es la razón por la que no existen grupos políticos ya formados. No se les ha dado ocasión ni posibilidades de formarse tranquilamente. Esta es una de las más grandes estulticias del régimen monárquico.

En mi conferencia “Vieja y nueva República”, dada en 1914, ya vaticinaba yo que pronto el Estado español se encontraría sin fuerzas políticas para funcionar.

Permítame que no hable del papel de Cataluña en la hora actual, ni de sus hombres. Es bien sabido que desde hace muchos, muchos años, combato desde el centro de la Península pro Cataluña. No es posible, pues, ninguna tergiversación de mi silencio de ahora. Si callo es sencillamente porque para hablar de Cataluña tendría que hablar a fondo, y esto no es posible en una entrevista. En rigor, lo que más urge decir hoy a Cataluña solamente podría decirlo un catalán, que busco en vano desde hace mucho tiempo. Sólo quiero desglosar de este magnífico y amplio tema, Cataluña, un punto para decir que los republicanos han de reflexionar mucho antes de resolverse a tomar parte en las innobles elecciones que se anuncian. Esta participación puede convertirse en un error histórico de primer orden.

Siempre he estado dispuesto a actuar en política. ¿Por qué no lo he hecho? La contestación es taxativa, y consiste en preguntar por mi parte: ¿Qué han hecho, lo que se llama hacer, crear, construir, los que han actuado en los últimos veinte años? Los hechos lo proclaman: nada. Pues bien: yo he esperado para actuar en política a que me fuera posible hacer alguna cosa.”

Don Gregorio Marañón

Don Gregorio Marañón, por su parte, dice, al preguntarle qué relación tiene el manifiesto con el proyecto que Ortega y Gasset publicó en EL SOL:

—Este documento no invalida la idea de la reunión expuesta por Ortega y Gasset; antes bien: al calor de esta Asociación se formará, quizá como en propio ambiente, la Asamblea que pedía Ortega y Gasset.

—¿Hasta qué punto cree usted en la eficacia de su acto?

—Quisiéramos que tuviera mucha. No sabemos si la tendrá; esperamos que sí. De todas maneras, nosotros sabremos cumplir con nuestro deber en estas horas trascendentales.

—¿Qué papel reservan ustedes a Cataluña?

—Tal como nosotros vemos al Estado español futuro el problema catalán no existiría. Este problema lo ha creado una diferencia emocional, no una realidad política. Esta diferencia, por nuestra parte, no existe, y me refiero a todas las generaciones postdictadura no contaminadas por el virus predictatorial y dictatorial; pero sobre esto no tengo bastante autoridad ni ahora puedo hablar.

Don Ramón Pérez de Ayala

Ramón Pérez de Ayala ha dicho:

“Me imagino que las figuras más preeminentes de la vida espiritual española y los hombres más capacitados de la España actual formarán parte de esta Agrupación al servicio de la República, que nosotros sólo hemos iniciado y promovido. No estoy autorizado para anticipar los nombres. Ellos mismos lo harán saber en la ocasión solemne y propicia. De momento hay ya diversas personalidades eminentes.”

Sobre Cataluña ha dicho: “Es un asunto para tratarlo muy extensamente o bien con una sola palabra: libertad.” (Febus.)

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Antonio Aguado

ANTONIO AGUADO RESEÑA
mancheta neoliberalismo