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21:14h. Martes, 13 de Noviembre de 2018

El movimiento estudiantil en La Laguna: de las postrimerías del franquismo a la Constitución de 1978 - por Julián Ayala Armas

 

FRASE AYALA

El movimiento estudiantil en La Laguna: de las postrimerías del franquismo a la Constitución de 1978 - por Julián Ayala Armas *

el díaSANSOFÉEn la época acotada para esta charla, años 1973-1978, yo me encontraba ya fuera de la Universidad, pues había terminado Periodismo, la tercera de las carreras en que me había embarcado los años anteriores, y formaba parte de  la plantilla de  redactores del periódico El Día y de la revista Sansofé. Sin embargo, seguía vinculado al movimiento estudiantil de La Laguna a través de la organización universitaria del PCE, de la que había sido responsable de 1966 a 1969, en que abandoné transitoriamente el partido.

RUPTURA DEFINITIVA.- El año 1973 fue precisamente el de  mi ruptura definitiva con el PCE, por discrepancias con las políticas trazadas en su VIII Congreso. No me fui solo. Conmigo se escindió casi la totalidad de la organización universitaria, que pasó a engrosar el primer núcleo de la OPI, la Oposición de Izquierdas del PCE, en cuya fundación a escala del Estado habíamos participado, como representantes de los comunistas disidentes canarios, Fernando Sagaseta y yo.

OPI PCE

PCE

La OPI jugó un papel decisivo en la radicalización del movimiento universitario lagunero, tanto ideológicamente, por su oposición frontal a las estrategias pactistas del eurocomunismo, como organizativamente, con la creación de los Comités de Curso, una vez comprobado el agotamiento de objetivos como el Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad (el SDEU), imposible de llevar a la práctica en el contexto del régimen franquista.

sdeuEl SDEU nunca llegó a constituirse formalmente en La Laguna ni en casi ninguna Universidad española, con la excepción de Barcelona, Madrid y Valencia. En los sitios donde funcionó fue prontamente asfixiado por la represión del régimen, pues por su propia naturaleza sus cargos, necesariamente públicos, estaban expuestos fácilmente a la acción policial. Fue uno de los ejemplos fallidos de la política de "salida a la superficie" y creación de "espacios de libertad" que propugnaba el PCE.

MAYO DEL ’68 Y OTRAS INFLUENCIAS.- Aunque aparentemente Mayo del '68 había pasado por el movimiento estudiantil sin alterar sus objetivos, lo cierto es que la experiencia francesa, con su modelo asambleario y antiautoritario, unida a otros acontecimientos del momento, como la vía insurreccional de la revolución cubana, la revolución cultural china y la derrota del imperialismo en Vietnam, condicionaron la postura de los nuevos militantes revolucionarios.

MAYO 68

Anteriormente, en años de mayor penuria política e ideológica, nos habíamos limitado a trasladar al movimiento estudiantil de La Laguna los esquemas de agitación, trabajo y organización que se daban en otras universidades españolas, especialmente en Madrid y Barcelona, de donde nos venía la mayor parte de la información. El Partido Comunista de España había sido el puente principal por el que transitaba esa información y a través de él se empezó a articular aquí el movimiento universitario, que debió su éxito inicial a la carencia de sectarismo político, pues se trataba simplemente de luchar contra la dictadura y por la democracia. En un principio, la democracia en la Universidad y entre los y las estudiantes, lo que se concretó en la oposición al Sindicato Español Universitario, el SEU falangista, y después a las Asociaciones Profesionales de Estudiantes (APE) y a las Asociaciones de Estudiantes (AE), que fueron dos agrupaciones "técnicas" (entre comillas) y aparentemente desideologizadas, que inventó el régimen para sustituir al desgatado SEU.

La alternativa a todo esto era el ya citado Sindicato Democrático de Estudiantes Universitarios, cuyo proceso de constitución se organizaba a través de las Reuniones Coordinadoras y Preparatorias (RCP), que habrían de desembocar en el Congreso Democrático de Estudiantes. A dos de estas RCPs, la IV celebrada en 1967 en Madrid y la VI, que  tuvo lugar en Sevilla dos años después, asistimos delegados de La Laguna. A la primera fui yo en representación de lo que entonces llamábamos la Comisión Sindical Democrática, y a la segunda Luis Fajardo, que todavía no estaba en el PSOE,  Julio Pérez Hernández  y Paco Nóbrega, que en esos momentos militaban en el PCE, aunque posteriormente el primero se afiliaría al PSOE y el segundo sería un destacado activista del MPAIAC.

OTROS ASPECTOS.- Pero el movimiento estudiantil no se ocupaba solamente de aspectos organizativos. La recuperación de la cultura democrática anterior a la guerra civil fue uno de sus objetivos en aquellos años, plasmados en actividades como las "Jornadas de Renovación Universitaria", o en actos culturales alternativos, con la reivindicación de escritores considerados "malditos" por el régimen, como Antonio Machado, Miguel Hernández, César Vallejo, Rafael Alberti y toda la corriente de la llamada "poesía social", con Blas de Otero y Gabriel Celaya al frente, así como con poetas canarios "comprometidos", como se decía entonces, entre ellos Agustín Millares, Pedro Lezcano, Félix Casanova de Ayala o Carlos Pinto Grote, que participaron en recitales y homenajes en el paraninfo universitario.

En aquéllos tiempos la oposición política era mucho más fácil de ejercer que ahora, pues en un marco tan estrecho como el del franquismo cualquier apetencia de libertad o expresión crítica susceptible de ser naturalmente sentida por un sector social, desbordaba inmediatamente los límites tolerados. Así, reivindicar la formación del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de La Laguna, que ahora puede parecer algo pintoresco, tenía el efecto de una puñalada en la espalda del régimen y a nadie le gusta que lo apuñalen, lo que explica la reacción de la dictadura, aunque no lo justifique.

“ACCIÓN-REPRESIÓN-MÁS-ACCIÓN”.- Porque la respuesta de las autoridades del momento fue fundamentalmente  la represión de la disidencia estudiantil, desde sanciones más o menos leves, como la imposición de multas o el despojo de las prórrogas de Milicias a los estudiantes en edad militar (eso me pasó a mi) hasta las más graves, como la expulsión de la Universidad y de la enseñanza, las palizas en comisaría o las penas de cárcel, bajo cualquier acusación de la amplia gama de lo que entonces se consideraba subversivo: propaganda ilegal, insulto a la autoridad, alteración del orden público, manifestación, reunión ilegal, asociación ilícita, etcétera, etcétera.

Aunque esté feo decirlo, esta represión nos venía como anillo al dedo a los "agitadores profesionales", como nos consideraba el franquismo, pues era indiscriminada, lo mismo afectaba a justos que a pecadores, ocasionando una verdadera siembra de rebeldía que al final se volvía como un boomerang sobre quien la había iniciado. Se trata de la famosa ecuación "acción-represión-más-acción", sostenible hasta el infinito y cada vez con aspectos más virulentos, Antonio, Bartolomé y Javierincluso con casos de asesinatos a manos de las fuerzas represivas. Y quiero recordar expresamente a Antonio González Ramos, nuestro camarada del PUCC asesinado por el inspector Matute Fernández en 1975 –un mes antes del descenso del general Franco a los infiernos– o los asesinatos de  los estudiantes Bartolomé García Lorenzo –dicen que confundido con “El Rubio”–, en septiembre de 1976, y Javier Fernández Quesada, muerto a tiros por la Guardia Civil en las escaleras del viejo edificio universitario, en diciembre de 1977. Pero estos casos que si ustedes quieren podemos ampliarlos en el debate, fueron ocasionales y nunca al  nivel del salvajismo genocida planificado de la guerra y la inmediata postguerra civil, lo que hacían imposible las circunstancias del momento.

DESPEGUE, AUGE Y DIVISIÓN DEL MOVIMIENTO.- Aunque ya desde  mediados de los 60’ estudiantes y profesores vinculados al PCE habían iniciado la resistencia organizada contra la dictadura, el despegue del movimiento universitario en La Laguna tuvo  lugar en el curso 1967-68, cuando después de los enfrentamientos frontales que produjeron la desaparición del caduco SEU, el régimen intentó sustituir esta organización típicamente fascista por las asociaciones falsamente profesionales y asépticas a las que nos hemos referido más  arriba. En principio las boicoteamos, como habíamos hecho con el SEU, y aunque no pudieron implantarse, la carencia de fuerza y organización suficientes para articular una alternativa a las mismas, produjo un vacío organizativo en el movimiento estudiantil.

Por eso el curso siguiente cambiamos de  táctica y  decidimos  presentarnos a los cargos de las asociaciones oficiales, que fueron tomadas en gran parte por estudiantes contrarios al régimen y empezó el auge del movimiento, que al mismo tiempo fue también el inicio de su división. Ésta se manifestó en primer lugar entre los militantes y afines al PCE y los estudiantes procedentes de otras familias ideológicas, como los núcleos cristianos vinculados al cura Elías Yanes, profesor de Religión en la Universidad; y más  tarde –ya muy avanzado el curso– en el seno del mismo PCE, entre los sectores que veían la utilización de la legalidad como un simple medio para nuevos avances, tanto en los objetivos como en la organización, y los que estimaban que todavía no había "condiciones objetivas" para ese "salto cualitativo", lo que significaba caer en el "izquierdismo", que, como teníamos bien aprendido, era la "enfermedad infantil del comunismo".

Yo siempre he sido muy propenso a las insanias infecciosas, así que me cogí un fuerte sarampión ideológico –cuyas secuelas, atemperadas por la edad y los tiempos, me duran   todavía, pero convertidas ya en una soportable enfermedad crónica–y, como he dicho, me marché del Partido. Fue la época –la primera época, pues luego hubo otra, aunque ya no intervine en ella– de la revista Universidad Crítica y fue también la época del periódico clandestino Frente Democrático (mal visto por algunos sectores del Partido, pues le hacía la competencia) y de la organización –también clandestina– Unión Democrática de Estudiantes Canarios (la UDEC), impulsora de actividades al margen del PCE, como la huelga estudiantil de enero de 1972, en protesta por la subida de las guaguas de Transportes de Tenerife, que en esos tiempos eran casi un leitmotiv referencial en las luchas del movimiento universitario.

Aquella primera ruptura del PCE en la Universidad fue más por discrepancias de tipo táctico que por contradicciones políticas profundas, aunque no deja de ser significativo que los que entonces disentimos fuimos los que en etapas posteriores, después de haber regresado transitoriamente al redil, volvimos a discrepar (entonces en cuestiones de fondo), a raíz del ya citado VIII Congreso del PCE, hasta coincidir en la creación de la OPI y más tarde del PUCC, el Partido de Unificación Comunista de Canarias.

VIDA MÁS ALLÁ DE LA UNIVERSIDAD.- Hay que decir también que el movimiento estudiantil, aunque reducido a los muros de la Universidad, no era impermeable a las luchas sociales externas. El año '70 fue la campaña por la amnistía a los presos políticos y contra el proceso de Burgos, como el '69 había sido el de las protestas contra los sucesos de Sardina del Norte, en Gran Canaria, que algunos de ustedes recordarán. La solidaridad con las personas –trabajadores, profesionales e intelectuales– tiroteadas y detenidas por la Guardia Civil y condenadas después a duras penas de J Jcárcel,  fue uno de los motivos de movilización ese año y nos enfrentó acremente a los comunistas con otros sectores activos entre los estudiantes (los cristianos antes citados), que luchaban por la hegemonía en el movimiento con un punto de vista cerradamente sectario de oposición al “peligro comunista”. Fue entonces cuando tuvo lugar una asamblea en el Paraninfo en la que, a propuesta de José Juan Rodríguez (J.J.), que años después sería diputado regional del PSOE, fue declarado persona non grata en la Universidad el entonces capitán general de Canarias Héctor Vázquez, según se había decidido la noche antes en el comité universitario del PCE.

Esto se unió a la difusión masiva entre las poblaciones de La Laguna y Santa Cruz de un panfleto contra el capitán general, confeccionado en la multicopista de la delegación de estudiantes, lo que no hubiera tenido mayor significación si no fuera porque un desperfecto del aparato hacía que en todas las hojas apareciera una raya oblicua, igual a la aparecida en los comunicados de las asociaciones estudiantiles. A este panfleto, cuya autoría se me atribuyó, se refirió el catedrático de Derecho Administrativo, Alejandro Nieto García, diciendo que sus autores, como incursos en un presunto delito de  rebelión militar, podrían incluso ser condenados a muerte. A nadie extrañó que tanto J.J. como yo pusiéramos pies en polvorosa y nos trasladáramos primero a Madrid con intención de cruzar después la frontera francesa. Por  fortuna no pasamos de Barcelona y en Navidades, aplacados los ánimos, regresamos a Canarias.

iudeEL ESTATUTO DEL IUDE Y OTROS ACONTECIMIENTOS.- En esta época hubo algunos aspectos no directamente relacionados con las movilizaciones estudiantiles, JERÓNIMO SAAVEDRAque  me parece necesario destacar, como fue la elaboración del primer estatuto de autonomía De Canarias –el llamado Estatuto del IUDE–, realizado por una comisión de juristas y economistas de tendencia socialista y comunista, bajo el paraguas del Instituto Universitario de la Empresa (el IUDE), que dirigía el profesor de Derecho del Trabajo y director del Colegio Mayor San Fernando, Jerónimo Saavedra.

Ocurrió también, en el año 1976, la primera gran manifestación estudiantil legal que recorrió las calles de Santa Cruz. Reivindicaba la implantación del segundo ciclo de la Facultad de Psicología –“¡Queremos 4º y 5º!” fue la consigna repetidamente coreada– y constituyó un acontecimiento al que se unieron muchísimas personas de dentro y fuera de la Universidad.

Hubo además en estos años una renovación en el campo de la enseñanza con la llegada a La Laguna de profesores como Emilio Lledó, Javier Muguerza, José Luis Escohotado o el citado Alejandro Nieto, que crearon escuela e influyeron de manera importante en las generaciones   posteriores de docentes.

Y hablando de los docentes más jóvenes no quiero pasar por alto un episodio que marcó también las luchas de entonces, y fue la expulsión de la Universidad de los profesores no numerarios Lorenzo Arozena (que había sido mi sucesor al frente de la organización  universitaria del PCE), Miguel Martinón y Vicente Rodríguez Lozano.

NO SE TRATA DE NOSTALGIA.- En fin, no quiero aburrirles más de lo estrictamente necesario. Para mí y para muchos compañeros de entonces, las postrimerías del franquismo y los primeros años de la transición fueron una época abierta a muchas esperanzas. La revolución no sólo era necesaria –lo sigue siendo ahora, aunque con otros matices–, sino que incluso parecía posible. Muchos creímos entonces que el movimiento estudiantil, con su cuestionamiento   radical del sistema era, junto con el movimiento obrero, uno de los "sujetos históricos de cambio".

Pero a pesar de la existencia de esos "sujetos históricos", los acontecimientos fueron entonces por otros derroteros y muchos hemos sacado la conclusión, no necesariamente descaminada, de que en realidad lo que hubo fue un espejismo producido por el hundimiento de un sistema político que desde hacía tiempo se encontraba desahuciado por la historia y que después de la muerte de Franco, con la llamada transición democrática y la Constitución de 1978, dio lugar a un nuevo ciclo de dominación, que ahora se encuentra también en grave crisis, lo que abre otra vez posibles puertas a un cambio mejor y más profundo.

No se trata –o no es solamente eso– de un canto nostálgico al pasado, que indudablemente fue peor, pero tampoco de caer en la trampa de los gurúes neoliberales que hace unos años decretaron erróneamente el fin de la historia. La debilidad de la izquierda tradicional está siendo sustituida por nuevas formas de disenso que apuntan al desarrollo de  las contradicciones del capitalismo en la fase de la mundialización y de las contradicciones entre globalizadores y globalizados. Ascender de lo particular a lo general no es fácil, pero sigue siendo necesario.

Muchas gracias por su atención.

La Laguna, a 22 de junio de 2017

Intervención en la segunda tertulia organizada por el Museo de Antropología e Historia de Tenerife sobre “Transición(es)políticas y movimientos estudiantiles en Canarias”. “De lo que (no) se sabe, se debe hablar”.

 

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Julián Ayala

julián ayala

 

 

 

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