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19:45h. Sábado, 20 de julio de 2019

El movimiento feminista y la política - por Lidia Falcón

FRASE FALCÓN

El movimiento feminista y la política - por Lidia Falcón

El pasado 16 de enero el Partido Feminista emitió un comunicado que decía: Celebramos las concentraciones realizadas el 15 de enero en cien ciudades de España contra los pactos establecidos entre los partidos PP, Ciudadanos y Vox en el Parlamento de Andalucía, que pretenden recortar derechos de las mujeres, conquistados con tanto sufrimiento en el último medio siglo. Las manifestaciones han sido multitudinarias y demuestran el poder de convocatoria del Movimiento Feminista y la solidaridad  que han despertado en la sociedad civil, ante los ataques reaccionarios y machistas de la derecha instalada en el gobierno andaluz.

         “Pero es necesario tener presente que el poder se ejerce desde las instituciones y que debemos prepararnos para las convocatorias electorales del 26 de mayo donde se elegirán a los dirigentes municipales, de las comunidades y del Parlamento Europeo. El Movimiento Feminista tiene que decidir participar en política para frenar a las fuerzas de derecha que están avanzando peligrosamente en nuestro país, y cuyo triunfo significaría un retroceso grave para las mujeres muy especialmente, pero también para todas las clases trabajadoras, en los avances conquistados en estos cuarenta años de democracia.”

Con el mal estilo que caracteriza a una parte del Movimiento Feminista, aquel sector que acaba de sumarse a él, tanto por su edad como porque durante años permaneció indiferente y alejado de la lucha que librábamos las demás por hacer avanzar el país y beneficiarlas también a ellas, me ha contestado en una de las redes sociales, descalificándome e insultándome con epítetos que ni saben que significan.

Y no es importante tal cosa -si tuviese que replicar a cada uno de los fascistas, necios y enfermos mentales que me interpelan y me injurian no haría otra cosa en mi vida- sino lo que significa para el desarrollo y madurez del feminismo. La mayoría del Movimiento Feminista está muy contenta de haberse instalado en la dinámica conocida del trabajo asociativo: reuniones periódicas, a las que se asiste a veces, discusiones interminables sobre temas puntuales, la mayoría de las cuales no concluyen en ninguna resolución y que consumen tiempo, viajes y dinero, jornadas de presentación de ponencias y manifestaciones en la calle.

Ya sabemos que esas son las actividades propias del movimiento asociativo que contribuyen a crear y hacer avanzar la conciencia de clase cívica. Pero insuficiente para cambiar la situación política. Como he repetido muchas veces, quien tiene el poder es el que firma el Boletín Oficial del Estado, y de la Provincia y de la Comunidad y las ordenanzas municipales. Y en esa tarea el Movimiento Feminista está ausente, y aún peor, cree que no debe implicarse.

La derrota del PSOE y Adelante Andalucía en las últimas elecciones en esa Comunidad debería haber provocado una reflexión en el seno del MF que no veo. Tampoco en los partidos políticos, por lo que el próximo desafío electoral se anuncia con sombrías expectativas para la izquierda.

No he visto a esas feministas en las reuniones y asambleas y grupos de trabajo en los que ha participado el Partido Feminista para elaborar los programas y las listas electorales, ni he escuchado las consignas de voto que el MF debería haber dado antes de las elecciones andaluzas, ni tan siquiera estoy segura de que todas las participantes en las manifestaciones posteriores hubieran votado. Solamente después del catastrófico resultado del 2 de diciembre se han echado a la calle a gritar, como si ahora con sus marchas y sus cánticos pudieran revertir el resultado electoral.

Con una estrategia suicida una parte, importante, del MF hace gala de apolítico y de apartidista, y con esta cantinela que ha contribuido a que el PP nos gobernara en Madrid y en Valencia 25 años y ahora que el PP, Cs y Vox se hayan hecho con el gobierno en Andalucía, únicamente ha creado conflictos con el Partido Feminista y arrincona a los demás partidos y sindicatos que deben ser nuestros aliados. A menos que con una fantasía infantil crean que con las manifestaciones vamos a cambiar gobiernos y regímenes económicos.

Cuando escribí que las estadounidenses eran más listas que nosotras, puesto que en cuanto Trump ganó la presidencia más de 200 se postularon para los escaños del Congreso y del Senado y consiguieron con su esforzada campaña situar a más de 30 en la Cámara y contribuir a darle mayoría absoluta al Partido Demócrata, un amigo que presume de fundamentalista me criticó por ser demasiado moderada, y otra radical extremista, de las que quieren incendiar el mundo, escribió un artículo furibundo contra mí y contra el Partido Demócrata de EEUU.

Dejando aparte que ninguno de ellos, y otros más ultras –según la certera definición de Víctor Hugo que decía que el ultra es el que considera que la nieve es poco blanca y el rey poco monárquico, y aquí hay que añadir que  Lenin poco comunista- ni queman las instituciones, como oigo que alguien propone, ni cogen el kalashnikov y se van al monte -normalmente ni siquiera acuden a las reuniones políticas a las que se les convoca- porque cualquiera sabe a estas alturas que semejantes consignas solo prosperan en algún grupito fanático sin posibilidad alguna de influir en nuestra sociedad.

Mientras tanto, los partidos políticos con asentamiento en nuestro país se dedican a convencer a la población para que les vote. Y como decía un escritor norteamericano muy inteligente, “lo peor de la democracia es que gana lo que la gente vota”.

Si el tiempo, las energías, los esfuerzos y la inteligencia –si realmente la tienen- que invierten las participantes en esas Comisiones eternas del 8 de marzo y del 25 de noviembre en reunirse y pelearse, en ocasiones muy agresivamente, en discutir interminablemente textos que pueden repetirse cada año puesto que los problemas no remiten, y en manifestarse ritualmente, los invirtieran en participar en las elecciones apoyando a un partido feminista, haría tiempo que habríamos cambiado sustancialmente la correlación de fuerzas en los parlamentos autonómicos, en los ayuntamientos, en el Parlamento Europeo y en el Congreso. Y hubiéramos logrado legislar y gobernar a favor de las mujeres y de las clases populares.

Valga para demostrar lo que digo la transformación del Movimiento 15M, que se manifestó contra todo poder al grito de “no nos representan” e incluso pidió la abstención en las elecciones de aquel año, lo que ayudó al triunfo del PP, cuando fue organizado por dirigentes con sentido estratégico se convirtió en el partido Podemos.

Si la mayoría de las feministas se muestran tan despreciativas de las instituciones y el sistema de elecciones y no son capaces de organizarse y apoyar la opción política del Partido Feminista, serán corresponsables de la próxima derrota de la izquierda que podemos esperar.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Lidia Falcón y la colaboración de Felipe de la Nuez

lidia falcón

 

MANCHETA 9