Buscar
viernes, 01 de julio de 2022 23:40h.

hasta llegar a ser la vanguardia unipersonal del proletariado

Narcisismo de la vanidad, en la izquierda - por Antonio Cabrera de León

 

FRASE ANT CB D LEN

Narcisismo de la vanidad, en la izquierda - por Antonio Cabrera de León *

Sabida es la tradicional capacidad de las izquierdas para dividirse y subdividirse sin fin hasta llegar a ser la vanguardia unipersonal del proletariado. Para estas huestes, bien habría hecho Gramsci en escribir sobre el narcisismo de la vanidad en lugar de sobre el optimismo de la voluntad.

La izquierda española comenzó el siglo XXI ahogándose en el tsunami de ZP, pero resucitó aupada por la Revolución del 15M. Sus nuevos dirigentes fueron capaces de interpretar la indignación popular y dirigirla contra quienes abusan de la mayoría trabajadora. Pero tras unos éxitos electorales históricos, reapareció el tradicional narcisismo de la vanidad.

Madrid fue testigo de magistrales jugadas de ajedrez. Errejón y Carmena se subdividieron con nocturnidad y alevosía. Gran logro, vista la decisión electoral de la gente. Ahora los madrileños ya no tienen médicos de familia. Mañana no tendrán maestros. ¿Qué importa eso si tenemos otra vanguardia más?

En Andalucía la nueva partícula Teresiana subdividida, tras ser apedreada por sus antiguos compañeros, ha devenido regionalista. Pero la parte restante del átomo, una vez solos, se ha dedicado a no ponerse de acuerdo entre ellos con gran maestría. ¡Qué gran candidatura unitaria han logrado!

El narcisismo de la vanidad puede presumir en cada rincón del país de lo mismo que el Tenorio: “en todas partes dejé recuerdo amargo de mí”. Las mareas devinieron en marejadas, la diputada canaria ofendidita devino en tránsfuga, el diputado inconstitucionalmente depuesto crea la enésima subdivisión, y así ad infinitum.

¿Cómo desperdiciar la invasión de Ucrania para ponernos en desacuerdo? Aquí hay un gran motivo para insultarnos mutuamente y alcanzar nuevas y prodigiosas subdivisiones. Maestre acusa a los pacifistas y los anti-OTAN de vivir en el pasado y Levin responde que quienes defienden la ayuda militar son deshonestos. Baldoví manda a callar a Iglesias y éste responde que a él no lo calla un político profesional. Velasco escribe que todo es culpa de Iglesias que no deja que lo arreglen las mujeres, pero Yolanda convoca reuniones de mujeres excluyendo a las mujeres que la incomodan. Santiago Alba llama despechado a quien se mosquea por el protagonismo de Errejón, pero ninguno de los dos reconoce el atraco de Madrid. Luego vendrán las elecciones y nadie habrá tenido nada que ver con el resultado.

Llegados aquí, Yolanda está hoy en posición de intentar reunir nuevamente todas las partículas. Podemos cambiarle su proyecto Sumar por el nuestro favorito: Dividir. Podemos seguir en el narcisismo de la vanidad y que le den morcilla a los trabajadores. Pero no es sólo un problema de intolerancia, vanidad y sectarismo. Nop. Es también un problema de cortedad intelectual. La Ley de Godwin se enunciaría aquí como “La capacidad para el insulto y el sectarismo es inversamente proporcional a la capacidad de argumentación y comprensión del otro”.

No espero ver una extraordinaria demostración de madurez política. No confío en que nadie anteponga la defensa de las clases trabajadoras a sus intereses personales. Pero todavía cabe la esperanza de que, en un ataque de lucidez, todos entiendan que no pedimos el olvido ni el amor entre quienes se han acuchillado. Lo que exigimos es el perdón y la sensatez, porque sólo desde ellos se puede liderar a quienes luchan por una vida digna.

 

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Antonio Cabrera de León

ANTONIO CABRERA DE LEÓN RESEÑA

 

MANCHETA MAYO 22