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19:10h. jueves, 15 de abril de 2021

Recuerdo las penurias que pasó mi familia para reunir peseta a peseta el  dinero para poder pagar la casa

Ni regalo mi casa, ni está de rebajas.- por Atenea de Las Chumberas

 

ATENEA DE LAS CHUMBERAS

Ni regalo mi casa, ni está de rebajas.- por Atenea de Las Chumberas *

Recuerdo las penurias que pasó mi familia para reunir peseta a peseta el  dinero para poder pagar la casa. Recuerdo las privaciones, los sufrimientos y los apuros por cumplir para  pagar las facturas y la casa……la más gorda de las facturas.

En aquellos años fuimos nosotros, los canarios los que salimos fuera a buscarnos la vida. Nos fuimos a Venezuela, a Alemania, a Suiza y a otros muchos países a buscarnos la vida….porque aquí…no había posibilidad para  prosperar. 

Aguantamos el  frío y el trato que se nos dio a los que fuimos migrantes en esos  países. No siempre fueron amables con nosotros. Por eso no debemos olvidarnos de nuestro pasado cuando recibimos a alguien en busca de auxilio en nuestra tierra. 

Pienso en lo que nos aguarda y  me pregunto si otra vez tendremos que ir a un país extraño a buscarnos la vida porque en el nuestro, en nuestras islas y gracias a los que dicen representar la voz del pueblo, lejos de ejercitarse en trabajar a favor de una comunidad que lucha  por sobrevivir, se enriquece usándonos como peones.

Pero dejamos nuestra tierra en el pasado para construir algo…con mucho esfuerzo.

Y volvimos con toda la ilusión del mundo. Con el dinero juntado pa´comprar una casita en Las Chumberas.

Y  es que comprar la casa, no solo significa pagar dinero a cambio de una propiedad. Significa y significó mucho a cambio. Marcó nuestra vida.

Gastamos nuestra juventud trabajando pa´otros, lejos de nuestra tierra. Malvivíamos  en una habitación que tenía una estufa  en la  que cocinábamos porque no había pa´ más. Aquella estufa funcionaba fatal y llenaba toda la habitación de un humo que nos teníamos que tragar. Teníamos que elegir: el frío o el humo.

Él se hizo amigo de otros que también fueron allá a buscarse la vida. Cuenta que un italiano le vendió la vespa de segunda mano y allí mismo en el parque le enseñó a conducirla. Al primer intento la vespa le dejó sentado en el suelo y salió disparada con vida propia. Pero no se rindió. Se levantó dolorido del suelo, se sacudió los pantalones y se volvió a subir hasta que entendió cómo funcionaba. Y no se rindió porque no habían alternativas.

Aquella vespa fue su primer vehículo para  moverse por la ciudad. En invierno era duro, cuando nevaba, cuando el aire helado te cortaba, cuando las ruedas quedaban enterradas en la nieve y no  quedaba otra que bajarse y empujarla.

A la vuelta a casa le traía un anillo a su niña. Un anillo que había hecho él mismo con los restos del material de la fábrica. Su niña  dormía con un pañuelo recién planchado….

El amor por su niña le movía a levantarse cada mañana para construir algo mejor. Para volver a su tierra. Quería verla crecer aquí. 

Y lo consiguió. Y pasaron años con una caja de cartón virada al revés tapada con un mantelito haciendo las veces de mesita de centro. Porque todo no se podía tener. En mi casa el  Ketchup,  el  Nesquick o los yogures eran un lujo que no podíamos tener. Un par de veces al año podíamos comprar una prenda. Y había que elegir con mucho cuidado que fuese duradera y que sirviera para el invierno y el verano también. A los zapatos acababan saliéndoles agujeros de tanto usarlos y se le despegaba la suela…pareciendo que ya iba con la lengua por fuera. Y a veces tocaba llevar los zapatos del mayor con un poco de periódico en la punta, cosa que hacía que fuese dando tropezones y de vez en cuando perdiera un zapato que tenía que correr a recuperarlo.

Los  hermanos heredábamos los zapatos y la ropa de los mayores, ropa que  ni  habíamos elegido, ni nos gustaba y encima ya muchas veces llegaba con algún remiendo. 

Trabajaba, juntaba un poco de dinero y luego compraba lo más urgente…..

Su jefe de allá, se enamoró de esto de acá….de nuestro sol y de nuestra isla maravillosa. Así que trabajó para él aquí….aguantando las humillaciones a las que le sometía….

Era bueno en lo que hacía y poco a poco empezó a ser reconocido y valorado por su trabajo, hasta  que pudo abrir un pequeño negocio propio que les daría lo bastante para poder comer. Le vi trabajar  hasta tarde por las noches, muchas noches, muchos años….

No. No nos regalaron nada. Lo que tenemos nos lo hemos ganado trabajando durante toda una vida  para que vengan ahora cuatro chorizos de cuello blanco a quitárnoslo con falsas excusas. Tipos a los que no les cuesta  ganarse el dinero….y menos con las artimañas que emplean. Y como no nos han regalado nada, yo tampoco les voy a regalar lo que es mío a esos sinvergüenzas. 

“Estoy haciéndole fotos  antes de que lo tiren”…dijo….”que nos prometieron una vivienda nueva y  ahora no sabemos si nos la van a llegar a dar. Ahí viví  yo….desde que  me casé…..mis hijos crecieron en esa casa….y ahora…”

No pudo seguir hablando….bajó la cabeza  abatido  y continuó caminando despacio…triste,  silencioso….le vi alejarse y se me encogió  el alma….se me hizo chiquitita  apretuñándose…aguantando la  tristeza y el coraje que me daba ver a ese hombre…..con el miedo de haber perdido su casa.  Esto no  se va a quedar así…..me prometí.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Atenea de Las Chumberas

ATENEA DE LAS CHUMBERAS

MANCHETA 21