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08:47h. Martes, 24 de Octubre de 2017

No hagas que te envidien - por Erasmo Quintana

 

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No hagas que te envidien - por Erasmo Quintana *

La envidia, los españoles siempre se la han atribuido en exclusiva, afirmando que la misma ENVIDIA ALEMÁNes su deporte nacional, y resulta que no es así; que estamos equivocados, que ésta, por su fuerte contenido de carga humana, es universal. Ella nos acompaña desde que damos a trompicones los primeros pasos y es motor de voluntades y modos de conducirnos en nuestras relaciones personales, ya sean compañeros de pupitre y recreo   -la envidia está en la raíz del acoso escolar-, mesa de trabajo, colegas de alguna profesión o aquellos familiares más íntimos,  llegando a ser -la envidia- una de las grandes potencias del alma.

ENVIDIA 2Hay quienes evitan despertar la envidia temerosos de sus negativas consecuencias. ¿Logré algo importante, me van de perlas los negocios, gané un buen premio, ya en metálico o simple reconocimiento de mérito personal? cuanto menos gala se haga de todo ello mejor. Quien destaca por encima de los demás en una organización política, en la esfera privada, o mera representación social o profesional, a ése pronto le cortan la cabeza, cosa que también tiene mucho que ver con la mediocridad.

La envidia –creo- es un sentimiento y estado mental donde existe dolor en quienes la padecen, desdichados por no tener los bienes, el prestigio, la gloria del triunfo y la felicidad que observan en el otro, produciéndoles una profunda tristeza porque ellos nada de eso poseen. La posición social por el dinero heredado no se envidia tanto como la que es adquirida con el esfuerzo personal y el trabajo. Hay quienes se obsesionan y dejan de vivir en su tranquilidad porque están afectados de este mal. Ictericia del alma es la envidia.

QUEVEDOSegún Francisco de Quevedo, la envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come. Con Benito Pérez Galdós, su anticlericalismo militante y haber sido, por su íntima amistad con Pablo Iglesias Posse, diputado a Cortes por la Conjunción Republicana Socialista, sirvió de coartada a la caciquil envidia nacional para negarle la posibilidad del Nobel de Literatura. Y PABLO IGLESIAS POSEPÉREZ GALDÓSa Concha Espina, la niña de Luzmela, piadosa beata y apolítica, el hispanista y académico sueco, profesor Wulff, fue quien le presentó su candidatura a tan alta distinción; con los votos de la Academia Francesa y sin el apoyo de España -esa madre patria que ella tanto amaba-, la carcoma roedora de la envidia hizo que le faltara un solo voto para alcanzar tan preciado galardón. Gloria que no era únicamente para ella, lo era también sin duda para España. La caterva de enfermos de envidia no perdonan que nadie esté por encima de sus hombros, y no sean como ellos.

CONCHA ESPINA 2WULFF, FREDRIK

Concha Espina y Fredrik Wulff

 

* En La casa de mi tía por gentileza de Erasmo Quintana

ERASMO QUINTANA RESEÑA