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02:29h. martes, 25 de enero de 2022

Obituarios en el Día de las Aves (3 de octubre) - por Juan Manuel Martínez Carmona

En los últimos años han desaparecido de Tenerife, al menos, tres especies de aves. Sí, puede resultar paradójico hablar de extinciones en tiempos donde alardeamos de la red de espacios naturales, del amparo legal que confieren las leyes de conservación de la naturaleza y de contar con un extenso y cualificado plantel de técnicos y operarios en las administraciones que gestionan el medio ambiente.

Obituarios en el Día de las Aves (3 de octubre) - por Juan Manuel Martínez Carmona, biólogo . Ben Magec – Ecologistas en Acción *

En los últimos años han desaparecido de Tenerife, al menos, tres especies de aves. Sí, puede resultar paradójico hablar de extinciones en tiempos donde alardeamos de la red de espacios naturales, del amparo legal que confieren las leyes de conservación de la naturaleza y de contar con un extenso y cualificado plantel de técnicos y operarios en las administraciones que gestionan el medio ambiente.

A pesar de todo, la terrera marismeña, el chorlitejo patinegro y el camachuelo trompetero nos han dicho adiós con la misma discreción que transcurrieron sus vidas en la isla. Bueno, un anonimato matizado en el caso de la terrera marismeña, la popular 'calandria' de nuestra gente de campo, que nos alegraba con su vuelo amariposado y un sorprendente repertorio sonoro con el que imitaba las voces de otras aves.

Con estas extinciones se empobrece nuestra naturaleza, pero lo más importante es la lectura ecológica que deparan. Las aves son sensibles bioindicadores de alteraciones en las interrelaciones que construyen los ecosistemas. En ocasiones, estas perturbaciones acaban afectando a las personas, como ocurrió a mediados-finales del siglo XX con la extinción en Tenerife de dos de las aves más grandes que hayan volado por estos cielos: el 'guirre' y el milano real. El golpe de gracia para ambas especies fueron las fumigaciones masivas con insecticidas, entre otros DDT, durante las plagas periódicas de langosta africana. Pero la mortandad e infertilidad de las aves era un aviso, y recientes estudios científicos, como los efectuados en Canarias por el Dr. Luís Domínguez Boada, evidenciaron que casi el 90% de los habitantes tinerfeños tiene residuos de DDT en su organismo, a pesar de que este producto fuera prohibido en el año 1978. Esta bioacumulación en los tejidos grasos podría ser una de las causas del elevado número de cánceres de mama que sufrimos en la isla. Una vinculación entre DDT y cáncer que ha constatado la Dra. Bárbara Cohn, del Instituto de Salud Pública de Berkeley, en una exhaustiva investigación realizada en Estados Unidos.

 

Las últimas extinciones responden también a una trama ecológica:

El declive del camachuelo trompetero, es consecuencia, en parte, de la degradación de los ambientes áridos del sur de Tenerife, donde los últimos reductos naturales se conservan enclaustrados en pequeños espacios naturales rodeados de urbanizaciones e infraestructuras. Las exiguas dimensiones de estos espacios, y la ausencia de corredores ecológicos entre ellos, los convierten de facto en jardines naturalizados donde las poblaciones animales subsisten a duras penas.

Estos mismos factores, junto a la depredación por mamíferos introducidos (gatos y ratas), afectaron a la población sureña de terrera marismeña, mientras que las aves residentes en los espacios agrarios del norte de la isla fueron víctimas de la crisis de los cultivos de leguminosas y cereales de secano, así como del abuso de fitosanitarios. En la lista de espera de futuras extinciones en los campos de Tenerife figuran el gorrión chillón, la abubilla y triguero.

Peor aún lo tuvo el chorlitejo patinegro, por su vinculación a uno de los hábitats más castigados de la isla, el de charcos litorales y salinas. Sus poblaciones menguaron al ritmo que se degradaban las costas. Y es alegórico que la última población de la especie sucumbiera precisamente en el interior del espacio protegido de Montaña Roja, en El Médano, incapaz de resistir las molestias de personas y animales domésticos. Las últimas observaciones de la especie en la zona han correpondido a una hembra solitaria, por lo que hace unos cuantos años que no se reproduce.

Las aves representan uno de los símbolos más conspicuos de ese patrimonio tan valioso que es la naturaleza canaria. Catalogadas como área de importancia mundial para las aves por sus endemismos, convivimos en las islas con densas poblaciones de aves marinas y con especies tan carismáticas como el halcón de Eleonora, protagonista de hazañas migratorias que lo llevan a más de 8.000 kilómetros de distancia. Pero, sobre todo, las aves son esenciales en el funcionamiento de los ecosistemas. Por ejemplo, quizás sorprenda conocer que más del 50% de las especies vegetales autóctonas llegaron a Canarias en los buches o adheridas a los cuerpos de las aves. Por otro lado, muchas plantas dependen de sus aliados alados para la dispersión de las semillas, una relación que los convierte en magníficos restauradores de la vegetación.

* En La casa de mi tía por gentileza de Juan Manuel Martínez Carmona y de Ben Magec – Ecologistas en Acción