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08:54h. Jueves, 19 de septiembre de 2019

Origen de nombres de calles y monumentos de Las Palmas de Gran Canaria - por Mariana Soledad Rodríguez

Quienes como yo aman las ciudades canarias, seguro que disfrutarán este pequeño pero interesante trabajo de Mariana Soledad Rodríguez. Los nombres de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Aguadulce.- Llamada así por ocupar el espacio de la antigua “Marina de aguadulce”, unos manantiales de donde brotaba agua potable, a orillas de la misma, en lo que hoy conocemos como calle Luis Doreste Silva, en terrenos ganados al mar.

Arena.- Debido a la acumulación de arena en el trazado de la misma, como consecuencia del arrastre desde los riscos por causa de las lluvias o por el viento que desde los arenales la introducía por el derruido muro y arco de la portada de Triana.


Armas.- Toma el nombre de un personaje que vivió en ella, don José de Armas: Fiscal del Tribunal de la Santa Inquisición. Otra fuente indica que el nombre de la calle puede deberse a la industria que se había creado a raíz del asentamiento del Real de Las Palmas, indispensable para la guerra.

Audiencia.- En ella estuvo ubicada la Audiencia de Canarias, a partir de su creación en 1527, hasta su traslado a las Casas Consistoriales.

Barranquillo de Mata.- A la derecha de la Muralla de Triana, y al lado norte del castillo del mismo nombre, pasaba un barranquillo que desembocaba junto al fuerte de Santa Ana (donde hoy se encuentra la biblioteca pública). Desapareció bajo el asfalto a mediados del pasado siglo al canalizarse sus aguas que en la actualidad discurren bajo los edificios. Sus desbordamientos eran de año en año, algunos muy “sonados”. Hoy, dando testimonio de su cauce, en medio de las vías de subida y bajada, y rodeado de algunas edificaciones, quedan las ruinas del puente de Don Pantaleón.

Cano.- El Corregidor don Vicente Cano fue un hombre muy preocupado por los asuntos de la ciudad. En sus seis años de gobierno dotó a Las Palmas de suministro de agua potable, canalizándola por cañerías argamasadas desde la “Fuente Los Morales” hasta los pilares públicos. Cambió la fisonomía de la ciudad vieja, levantando muros en los cercados, creando nuevas vías y empedrando las ya existentes, entre 1787 y 1793.

Cervecería La Salud.- En la esquina de las calles Canalejas y Rafael Lorenzo García (Colmenares), existió hasta la década de los años 70 del pasado siglo, un edificio de dos plantas con varios huecos en ambas, que albergaba una fábrica de cerveza, cuyo producto se denominaba “Cerveza La Salud”. Con entrada por la calle Canalejas tenía la venta al detalle, en donde se expendía y servía la cerveza en jarras, desde el surtidor empotrado en un mostrador de madera de caoba y encimera de mármol, completando el espacio del salón, mesas y sillas para esparcimiento y servicio al parroquiano, con un altillo donde se ubicaba una orquesta. En el fondo del local - separando a éste de un patio al descubierto - se veía una celosía de madera por donde trepaba una enredadera. Una pequeña orquesta amenizaba las tardes-noche de los sábados, mañana y tardes de los domingos la estancia de los clientes, invitándolos al baile.

Clavel.- Antes, de los Genoveses. Probablemente tome su nombre debido a la exposición en alguna ventana o balcón, de la planta cariofilácea que destacaba por su hermosura.

Constantino.- En 1599 cuando el ataque del almirante holandés Pieter Van der Doez a la ciudad, un grupo de decididos personajes demostraron su valentía combatiendo al invasor. Entre ellos se encontraba Constantino Cairasco de Figueroa (hermano de “El Divino” Bartolomé). Anteriormente se le conocía vulgarmente como la Callejuela, paso que nacía en el caserío de “Las Lagunetas” y moría en un núcleo de casas pequeñas y humildes, concentradas en la llamada “Panza de Triana”.

Cuartel de Caballería de los Reyes.- Situado en la confluencia de las calles Reyes Católicos y García Tello se encontraba el citado cuartel, cedido al ejército para sus fuerzas de caballería tras ser adquirido por el Estado el 23 de Febrero de 1821. Convenientemente restaurado a principios de 1900, se dedicó a oficinas de la Caja de Reclutas y Centro de Movilización. Sin pretensiones arquitectónicas, refleja el clacisismo más austero del pasado s. XIX.

Cuartel de Caballería de Bravo Murillo.- En donde actualmente se emplaza el edificio identificado con el número 17 de la calle Bravo Murillo, estuvieron instaladas parte de las fuerzas de caballería del ejército. Era una construcción destartalada de dos plantas, con varios huecos de puertas y ventanas, que daban unas al frontis y otras a un patio empedrado adosado a su lado Este, que hacía de caballeriza, y depósito de carros y pertrechos. Una vez abandonado por los militares, se destinó a estación de coches “piratas” dedicados al traslado de pasajeros a la ciudad de Arucas.

Ermita de San Antonio Abad.- Iglesia de San Antón, levantada en los inicios de la Conquista y puesta bajo la advocación de Santa Ana, situada en el núcleo de lo que fue el Real de Las Palmas, asentamiento que se conserva en la actualidad. Habiendo sufrido el deterioro del tiempo pasado y los ataques y rapiñas de los piratas que nos visitaban, es reconstruida a mediados del s. XVIII. Luce en su frontis una placa en mármol que nos recuerda el paso de Cristóbal Colón por la ciudad, en su viaje a América, y que recoge en su diario su hijo Hernando,.

Herrería.- Antes, de las Herrerías, Los Herreros y Virgen de las Angustias. Dentro de lo que era el Real de Las Palmas y en la pendiente que baja hacia el barranco Guiniguada desde la explanada del promontorio (actual Casa de Colón), donde vivían los militares, clérigos y seglares, se ubicaron los menestrales trajineros, carreteros y artesanos del hierro con sus talleres y fraguas, dándole nombre a la calle.

Lentini.- Antes, del Sol. Debe su nombre a don Benito Lentini, profesor de piano, italiano de nacimiento y hombre de bien, quien se preocupó de darle categoría de ciudad a Las Palmas de G. C., costeando el embaldosado de la calle que actualmente lleva su nombre, dotándola de bancos, creando con ello un espacio público para descanso y paseo.

López Bota.- D. Antonio López Bota (1818-1888), se doctoró en jurisprudencia, fue distinguido promotor fiscal, decano cinco veces y magistrado de la Audiencia; primer rector del Colegio de San Agustín, reelegido para un segundo mandato. Alcalde hasta la Revolución del 68, acomete las obras del Mercado y el Puente de Palo, varios embaldosados de aceras y empedrados de calles fueron también sus obras, algunas costeadas de su propio bolsillo. Pobre, abandonado y denostado por sus conciudadanos, solicitó un destino en Cuba (en donde murió) para ayudarse en su vejez y alejarse de quienes tan mal lo querían, donde ejerció como Fiscal en el Tribunal de Cuentas. Designado para recibir la Gran Cruz de Isabel la Católica, la rehusó alegando que lo que trataran de hacer con él, “lo hagan por las Islas que son mi delirio y por Gran Canaria y Las Palmas, que son mi idolatría”. En 1904 la ciudad de Las Palmas de G.C. le hace los honores debidos al traer sus restos desde Cuba y conducirlos, en emotiva manifestación, hasta el cementerio de Vegueta, donde reposan en la actualidad.

Losero.- En ésta calle que hoy lleva su nombre, vivió un famoso personaje, José Flores “el losero”, marinero de profesión y único pescador de ballenas “diplomado” con que las islas contaban. En 1778 - una de las tantas veces que con él se contó para estos menesteres - le ponen al frente de una expedición organizada por la Real Sociedad Económica de Amigos del País, para la caza de estos cetáceos en las costas de Juan Grande y Arguineguín.

Matías Padrón.- Matías Padrón Fernández, natural de Valverde (El Hierro), nació en 1804. Estudió en el Seminario Conciliar de Las Palmas, del que llegó a ser vicerrector, compatibilizando el cargo con las cátedras de Filosofía, Teología dogmática y Moral, con tan solo 27 años de edad. Al crearse la parroquia de San Francisco de Asís, en 1840, obtuvo el nombramiento de Cura Párroco, en propiedad. Su piedad le llevó a trabajar intensamente por los pobres, especialmente por los de “fuera de la portada”, destacándose en su labor durante la epidemia del cólera morbo que afectó en 1851 a toda la isla. Falleció en 1894 y sus restos descansan en el cementerio de Vegueta.

Matula.- Mamá Gertrudis, así se la conocía, era una mulata cubana que tenía una casa de comidas y disponía para sus clientres de mariscos, pescado fresco y buen ron. Sus comidas eran muy celebradas, así como su hablar pícaro. Su nombre propio declinó en Tula y por contracción fonética con Ma’, pasó a llamarse Ma’ Tula. Ese es el origen del nombre de la calle.

Mayor de Triana.- Su nombre data a raíz del asentamiento del Real de Las Palmas. Sus primeros pobladores fueron andaluces que no desaprovecharon la ocasión para recordar a su tierra, y denominaron a la parte comercial de la ciudad, que crecía al norte del barranco (antiguo río) Guiniguada, barrio de Triana.

Molino de Viento.- Aún cuando a toda ésta zona se le denominaba Arenales, había una gran franja de tierra de labor que se extendía desde Bravo Murillo (Camino Nuevo) hasta el Parque de Doramas y desde la costa hasta el paredón del Paseo de Chil. Posiblemente toma el nombre de alguno de los molinos existentes en ésta pequeña demarcación más septentrional de la ciudad.

Munguía.- Conformaban este lugar de la actual calle de Triana un conglomerado de casuchas que a las primeras lluvias quedaban anegadas por el curso que tomaban las aguas, desde la zona de Lagunetas, Callejuela y Arena. Para evitar estos estancamientos de agua, el Ayuntamiento decide abrir hacia el mar dos callejones (Munguía y el del Artillero), teniendo para ello que sepultar el llamado Pilar de Munguía, que se encontraba en las inmediaciones.

Muro.- Antes, del Perro. Fue don Salvador Muro el primer subgobernador de Gran Canaria, al decretarse la división provincial en 1852.

Pamochamoso.- Llegado a Gran Canaria en 1595 como lugarteniente del gobernador Alonso de Alvarado, trabaja con éste en preparar la defensa de la isla, e interviene conjuntamente en las batallas que se libraron contra los piratas extranjeros. Es en 1599, en el ataque e invasión de la isla por el almirante holandés Van der Does, cuando se inmortaliza al hacer, junto a Alvarado (que muere a manos de la soldadesca extranjera, y al que Pamochamoso sustituye, tomando el mando de las fuerzas) una defensa heroica de la ciudad, de la que tiene que retirarse atrincherándose en el Monte Lentiscal, donde con gran esfuerzo y astucia, logra vencer al enemigo propiciando su retirada. Posteriormente, fue nombrado gobernador.

Parque de San Telmo.- La apertura de la ciudad hacia las isletas obligó a mediados del s. XIX a la demolición de la Portada de Triana y su muralla, quedando una gran explanada de suelo, propiedad de D. Cristóbal del Castillo y Manrique de Lara, quien la donó a la ciudad. Fue plantada de tarahales y otros arbustos, dándole el Ayuntamiento la categoría de parque. Su proximidad a la ermita de San Telmo lo señala con el nombre coincidente. Durante algunos años, a mediados del s. XX, se llamó Parque de Cervantes.

 

Pasaje de las Chapas.- Discurre entre las callesde Carvajal y Castrillo, paralela al poniente de Molino de Viento. En tiempos de prohibición de los juegos de azar existía en la Carretera del Puerto una casa con dependencias en la parte de atrás, que daban a un pequeño pasadizo en medio de los arenales y que facilitaba el acceso a esas habitaciones donde se solía jugar a la baraja. La invitación clandestina a los adeptos al juego era: “vamos a jugar a las chapas, en tal día y hora, vas ¿no?”

Peregrina.- La calle se conoce por este nombre desde el siglo XVI, aunque existe alguna duda sobre el origen del mismo. Néstor Álamo, en su libro “Tenesoya Vidina y otras tradiciones”, desvela datos que apuntan a la duda sobre si el apelativo de “La Peregrina” correspondía a Dª Marina de Muxica, una atribulada dama nacida en Sevilla (1565), nieta de D. Bernardino de Siverio, uno de los conquistadores de las islas, y que soportó un largo peregrinaje de idas y venidas a causa de su mala fortuna. Por otro lado, se habla de la existencia de otra dama, Doña Peregrina de Montesa, hija de Antonio de Montesa, regidor en 1562, y Beatriz de León. La boda de ésta con su vecino Mateo Cairasco Maldonado, fue sonada, pues además de celebrarse por todo lo alto en casa de su tío, el canónigo de Santa Ana, Pedro de León, se formó una fuerte trifulca, con espadas de por medio, la noche del 15 de Julio de 1574, en la que trató de mediar, sin éxito, Constantino Cairasco, alguacil mayor del Santo Oficio, según el atestado de la Inquisición (referido por José Miguel Alzola en su libro sobre la historia de ésta calle).

Pilarillo Seco.- Toma el nombre de un manantial de agua potable, situado muy cerca de la ermita de San Telmo y próximo a su playa, de donde se surtían los barcos para sus necesidades. Se sabe que se secó a finales del siglo XVIII, ya que en 1835 su actual nombre ya aparecía en el censo.

Plaza de la Feria.- (Pza. del Ingeniero León y Castillo). Con el crecimiento de la ciudad, y a finales del XIX, las ferias de ganado y artesanales se celebraban en estos terrenos. Se cuenta, además, que allí fueron ajusticiados en la horca el 16 de Enero de 1875, los tres autores del crimen del Callejón de Botas; y también se celebraban grandes luchadas, e incluso, un hecho insólito a finales del XIX: una corrida de toros.

Plaza de Santa Ana.- Antes, Mayor, de la Libertad y de la Constitución. Debe su nombre a estar presidida por la Catedral de Santa Ana, el monumento más importante del archipiélago canario. Es un espacio abierto que tiene sus orígenes en el año 1500, cuando solo era una explanada. Durante su urbanización en el s. XVI, Agustín de Zurbarán sitúa en su entorno los edificios más emblemáticos de la época, concentrando allí a los poderes Civil, Militar, Judicial y Eclesiástico, de la isla. Su aspecto actual se debe al arquitecto Laureano Arroyo, en 1892, sobre un proyecto de Manuel Ponce de León, firmado en 1877. Posteriormente, en 1895, se colocaron los ocho canes de hierro colado y pintados de verde, manifestándose en dos posturas diferentes, unas sedentes y otras tumbados. En el libro “Agustina González Romero - Poesía”, Edición de Néstor Álamo, nos dice, “cuando se pusieron los perros en la Plaza de Santa Ana, Doña Agustina se rascó esta poética garepa”: “¡Vaya, vaya, vaya! / El mundo se va a acabar / ¿Dónde se han visto ocho perros / cuidando la Catedral?”

Puente de López Bota, también conocido como “Puente de Palo”.- Instalado cerca de la desembocadura del barranco Guiniguada unía los barrios de Vegueta y Triana. Al desaparecer el cauce del barranco, cubierto por cemento, fue derruido. Nacía al final de la calle Mendizábal y moría al inicio de Triana, sobre él y a ambos lados había cuatro quioscos: el Café Suizo, últimamente también conocido como “bar Polo”, la tabaquería de Socorro y más tarde de los hermanos Gómez, Mauro y Rubén, el bazar que regentaba Santiaguito Pérez, dedicado exclusivamente a la venta de entradas y objetos de la U.D. Las Palmas, el comercio del “jarabandino” don Santiago Sahí (Said) y el Quiosco de las Flores, éste bajo pérgola.

Rabadán.- Durante un corto periodo de tiempo se llamó Sagrado Corazón de María, que tomó de la iglesia que se encuentra en la misma calle. Actualmente dedicada a la memoria de Don Bartolomé García Ximenez de Rabadán - Obispo Rabadán - natural de Zalamea la Real. Profesor de la Universidad de Salamanca y canónigo Lectoral de la Catedral de Sevilla, fue nombrado Obispo de Canarias en 1664, tomando posesión de su cargo el 5 de Diciembre de 1666, al cabo de 16 meses de viaje, después de pasar mil y un infortunios. La lámpara de plata de grandes proporciones que pende bajo el cimborrio de nuestra Catedral, fue regalo de éste prelado, que la adquirió en Génova, llegando a Las Palmas de Gran Canaria en el verano de 1678. Esta joya (lámpara genovesa) la conforma un plato muy abullado que sostiene ocho piezas en forma de eses, de las que sobresalen sendas águilas bellamente repujadas y cinceladas.

Reloj.- Debe su nombre al reloj que, antes de la construcción de la torre norte de la Catedral estaba colocado en una pequeña al sur, a la entrada de un estrecho pasadizo que se conocía como el de las Vendederas. En el pasado siglo, durante algún tiempo, llevó el nombre de Primo de Rivera.

Remedios.- Toma el nombre de la ermita que, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Remedios, fue erigida en 1497 en el extremo sur de la actual calle, ocupando parte del final de la calle San Pedro y algunos metros del solar del actual Centro Comercial Monopol.

San Pedro.- Fue conocida como Bajada de los Remedios. Toma el nombre de la Cofradía de Sacerdotes de las lágrimas de San Pedro, cuya sede estaba instalada en un anexo de la iglesia de los Remedios, emplazada al final de la calle.

Seminario Conciliar.- En el plano de Pedro Agustín del Castillo, ya se observa un viejo caserón con dos patios interiores, que había sido mejorado y reedificado en el año 1659, y en donde se hallaba la sede del Santo Tribunal de la Inquisición de Canarias. En una amplia casona dentro de éste monumental edificio, se instalaron algunos religiosos de la Compañía de Jesús, con el fin de crear un centro docente (colegio de la Sagrada Familia, primero que tuvo la ciudad), que abrió sus aulas el 11 de Enero de 1697. Con el paso del tiempo, la mansión fue acondicionada y ampliada con la anexión de casas colindantes, formando ya en el s. XVIII una amplia superficie con dos fachadas, la principal dando a la actual calle Doctor Chil y la posterior a la de los Canónigos (actual calle de López Bota). En 1767 hubo de cerrar sus puertas el centro educativo, al decretarse la expulsión de España de la Compañía de Jesús. En una de las dependencias de la planta baja del edificio, los jesuitas instalaron un oratorio, que ya en tiempos del obispo Guillén en el año 1754, después de 30 años de trabajos, se había convertido en lo que hoy es la iglesia de San Francisco de Borja. Resaltamos su cúpula, ya que representó una novedad arquitectónica en su tiempo. Su portada, una de las muestras más relevantes del barroco en Canarias, es de cantería azul de Arucas, en donde intervinieron canteros canarios especializados. Es en 1777 cuando el antiguo complejo jesuístico es ocupado por el Seminario Conciliar de Canarias, hasta principios de 1950, que se traslada a sus nuevas instalaciones en Tafira Baja. Hoy en día, dichas edificaciones forman parte del campus Universitario.

Terrero.- En el margen izquierdo del barranco Guiniguada, en donde el cauce se confundía con una pequeña explanada existente donde hoy está la calle de San Justo, se solían reunir cuando hacía buen tiempo y la Santa Inquisición lo permitía, los amantes de la “agarrada”, la Lucha Canaria. El terreno donde se practicaba dicho deporte ancestral, se le conoce como “Terrero”.

Toril.- La explanada de terreno entre la Plaza de Santa Ana y el margen derecho del barranco Guiniguada era utilizada como “encierro” para las reses bravas que habían de torearse. Este pequeño pasadizo, que se refleja en el plano de la ciudad de principios del s. XX, se utilizaba para la entrada de las reses en el coso desde su encierro, lleva hoy el nombre de Doramas, el caudillo aborígen.

 

Travieso.- Antes, de Genoveses. Existen dos versiones sobre el nombre de dicha vía, en una se la atribuyen al Capitán Don Felipe Travieso, segundo jefe del Batallón de voluntarios que marcharon a la península en 1809, recibiendo el honroso nombre de La Granadera Canaria, por su participación y heroísmo en la Guerra de la Independencia. Hay otra versión que nos dice que toma el nombre de una familia apellidada Travieso y que vivió en dicha calle.

Venegas.- Alonso Venegas Calderón, en el momento de la invasión de la ciudad por las huestes del holandés Van der Does, fue quien tuvo la responsabilidad de defenderla desde su puesto de alcaide de la torre de Santa Ana. Fue de tanta valentía su actuación, que ya sin municiones y acorralado por el enemigo, desoyó por tres veces el requerimiento de los suyos para que “desamparase el castillo, pues ya no había gente en la ciudad”. Su heroísmo se perpetúa dándole nombre a ésta calle próxima al lugar de los hechos.

Villavicencio.- Antes, Diablito, nombre de un caballo muy popular, ganador de casi todas las carreras en las que participaba, cuya cuadra estaba situada en ésta calle. Es en el s. XIX cuando el Ayuntamiento decide nominar la calle con el apellido de D. Manuel López Villavicencio, farmacéutico que creó un comercio muy fructífero económicamente, pero poco duradero en el tiempo - la cochinilla - insecto que se cría en las tuneras y que sirvió para hacer tintes y otros productos farmacéuticos.