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21:06h. martes, 25 de enero de 2022

Los Pactos de La Moncloa de ayer y la lucha contra los pactos sociales del presente, una reflexión necesaria - por Manolo de la Rosa

 

FRASE MANOLO DE LA ROSA

Los Pactos de La Moncloa de ayer y la lucha contra los pactos sociales del presente, una reflexión necesaria - por Manolo de la Rosa *

El 25 de octubre de 1977 se firmaron en el Palacio de La Moncloa, cuatro meses después de las primeras elecciones democráticas, un pacto que ha pasado a las posteridad con ese nombre. El Pacto son dos acuerdos, uno económico y otro político. El acuerdo económico incluye una serie de medidas de ajuste económico para estabilizar la economía capitalista en el Estado español. El acuerdo político reconocía una serie de derechos que posteriormente se trasladarían al Código Penal y a la Constitución de 1978. El Congreso y el Senado lo aprueban el 27 de octubre y el 11 de noviembre de ese año, respectivamente. Es interesante volver sobre ello en estos tiempos en que nuevamente el pacto social aparece en la escena política y puede ser determinante en el empeoramiento de nuestras condiciones de vida.

El marco político en el que se producen estos pactos

Una de los objetivos de Adolfo Suárez era el impulso de pactos sociales, para alcanzar consensos que favorecieran su actuación política. Es el caso, entre otros, de los conocidos como Pactos de la Moncloa.

En la presentación de los documentos de los Pactos de la Moncloa se incluye que “Las fuerzas políticas con representación parlamentaria eran conscientes de que la grave situación española requería un esfuerzo común construido a base del más auténtico patriotismo. Existía, por tanto, en la toma de conciencia de nuestra situación esa coincidencia en anteponer los intereses comunes y de Estado a los intereses de partido. Sobre estas bases se desarrolló la colaboración, el entendimiento y el consenso.”

Los firmantes fueron finalmente Adolfo Suárez (UCD) en nombre del gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo (por UCD), Felipe González (por el Partido Socialista Obrero Español), Santiago Carrillo (por el Partido Comunista de España), Enrique Tierno Galván (por el Partido Socialista Popular), Josep Maria Triginer (por la Federación Catalana del PSOE), Joan Reventós (por Convergencia Socialista de Cataluña), Juan Ajuriaguerra (por el Partido Nacionalista Vasco) y Miquel Roca (por Convergència i Unió). Manuel Fraga (por Alianza Popular) no suscribió el acuerdo político, pero sí el económico. que se justifican con la excusa de “crisis económica” de aquellos años y en la necesidad de “consolidar la Transición a la democracia.”

Es de suyo propio que estas nuevas fuerzas de la derecha se planteen como cuestión clave la razón de estado, pero que a eso se apuntaran el PCE y el PSOE podría resultar poco comprensible, si no  conociéramos la trayectoria de uno y otro partido.

El PSOE ya había decidido en el Congreso de Suresnes de 1974 en que toma el control una hornada de militantes con Felipe González a la cabeza que va a ir dejando atrás toda veleidad radical. La colaboración de la socialdemocracia alemana fue fundamental para el curso de moderación del PSOE que colaboró con financiación, aportando cuadros y entrenamiento técnico que fue crucial en el lanzamiento a gran escala de su proyecto e imagen para convertirse en una organización política significativa. En el año 1979 celebrará dos Congresos. En septiembre se celebró un Congreso Extraordinario en el que se abandonó definitivamente los postulados marxistas, se aceptó el socialismo democrático como línea política oficial y consolida el liderazgo de Felipe González y se preparan para que su partido llegue a ser sostén y garante de todo lo que se preparaba entre bastidores.

El PCE, que había tenido durante la dictadura un papel mucho más relevante y decisivo que el PSOE dentro de la lucha antifranquista, se preparaba para darle continuidad a su tradicional política de reconciliación nacional, preparando a su base para aceptar la monarquía, el papel preponderante de la UCD como vertebrador del nuevo régimen en curso. Fue un abanderado entusiasta de los pactos sociales como los conocidos como Pactos de la Moncloa o del proceso que llevó a  conformar un nuevo régimen. Santiago Carrillo, secretario General del PCE llegó a afirmar de los Pactos de la Moncloa que “fueron el programa básico de la transición”

Surgen agrupamientos obreros de izquierda que tienen como centro la denuncia a las políticas pactistas auspiciadas por las direcciones del PCE y de Comisiones Obreras, especialmente con los llamados Pactos de La Moncloa por su repercusión en las retribuciones, jornada laboral y condiciones de trabajo del conjunto de la clase obrera. 

Las formaciones a la izquierda del PCE promoverán la denuncia y movilización social contra los Pactos de la Moncloa. La LCR puso en el centro de su actividad política la denuncia y oposición a estos pactos, llamando a la más amplia unidad de fuerzas sindicales, sociales y políticas. Hubo algunas resistencias, incluyendo importantes  manifestaciones pero ello no permitió cambiar la correlación de fuerzas.

Los Pactos de La Moncloa supusieron una derrota para el movimiento obrero y sindical y para las diversas izquierdas no reformistas existentes del Estado español en aquellos momentos. “Unidad sindical, contra el pacto sindical” era la consigna que animaba este movimiento. Esa derrota colocó a las organizaciones que se oponían a esos Pactos en una situación difícil, donde la mera resistencia se hacía ya en una situación desfavorable e incierta.

El contenido de los acuerdos firmados

Se habla mucho de los Pactos de La Moncloa y menos de su contenido y significado que cayeron como un jarro de agua fría sobre los trabajadores, el movimiento obrero y el sindicalismo. El presidente Adolfo Suárez tras la firma manifestó su confianza en que “el pueblo aceptará los sacrificios que a todos nos impone un programa de este tipo” y manifestó que “la austeridad va a ser la protagonista de nuestras vidas en los próximos meses”

La burguesía española tenía el temor de que la situación social y política se viera desbordada. El nuevo gobierno de UCD no las tenía todas consigo, con el agravamiento de la crisis económica y un movimiento obrero que no cesaba de hacer valer día a día sus demandas. La burguesía necesitaba modificar esa situación a su favor. Ahí entraba el papel que podría jugar un pacto social.

.Las claves de este pacto eran las contrapartidas económicas que se pusieron sobre la mesa y que iban a ser sufridas por la clase trabajadora, las razones y acuerdos en el terreno político, aunque importantes, no eran lo decisivo. Lo esencial era reconducir al movimiento obrero hacia la paz social y hacia la derrota, en nombre de la democracia y la amenaza de la vuelta atrás hacia los tiempos oscuros del franquismo.

Los Pactos los formaban un apartado político (Programa de Actuación Jurídica y Política) y otro económico (Programa de Saneamiento y Reforma de la Economía). El económico a su vez podía dividirse en las medidas urgentes (contra la inflación y el desequilibrio exterior) y las reformas necesarias a medio plazo para repartir los costes de la crisis, que no es difícil adivinar sobre quienes iban a recaer. El gobierno de UCD  contaba con la colaboración fundamental del PCE y CCOO, que tenían la voluntad, la fuerza y la decisión para ponerse al servicio de ese objetivo. Pero también del PSOE y UGT.

En los Pactos de La Moncloa se estableció que las subidas salariales fueran inferiores al IPC, y se vinculaban a la inflación prevista, no al aumento real del coste de la vida. Así se establecieron topes salariales que les venían bien al empresariado para aumentar sus tasas de ganancias, y se facilitaban los despidos a las empresas, hasta de un 5% de las plantillas, si se sobrepasaban dichos límites salariales. Con una inflación del 26% se estableció un tope salarial del 22% para 1978. Se respondía a las reivindicaciones empresariales facilitando la contratación temporal y la reducción de plantillas mediante despidos. Además, se reducían los productos sometidos a control de precios por el estado, se ponían topes al gasto público y limites al déficit. En contrapartida a los ajustes y recortes que debían sufrir los trabajadores, se prometían políticas sociales de urbanismo, vivienda, reforma de la seguridad social, aumento de servicios sociales, reforma fiscal, etc. Las contrapartidas sociales que correspondía cumplir al gobierno no se llevaron a cabo en la mayoría de los casos.

Desde CCOO llegaron a defender que los pactos suponían un cambio a mejor en la política económica y que promoverían la moderación salarial. Era la línea oficial del PCE, el mismo Carrillo aseguraba que los Pactos eran "la plasmación de la política de reconciliación nacional”, llegando a calificarlos de progresistas. Para el PCE no fueron un mal menor, sino todo un éxito. Marcelino Camacho (CCOO), llegó a reconocer que tuvo que “vencer algunas resistencias para sumar a Comisiones”, calificó los Pactos de “históricos”, asegurando que no se trataba de un pacto social y que no se podía conseguir algo mejor.

Es inadmisible que organizaciones como el PCE o CCOO aprobaran dentro de esos pactos el darle al empresariado la posibilidad de despedir al 5% de la plantilla libremente, si se superaban los topes salariales, era una medida de presión y chantaje para que los trabajadores no se movilizaran y rebajaran su potencial reivindicativo. Los Pactos de La Moncloa eran un ataque en toda regla al movimiento obrero, y suponían un retroceso para los derechos laborales, un aumento de la precarización y el establecimiento de un marco jurídico cada vez más favorable al mundo empresarial; por tanto, los Pactos fueron una avanzadilla de futuros ataques y exigencias patronales.  

El escenario actual de nuevos pactos

Hoy quedan lejos aquellos presupuestos políticos e ideológicos que se  manejaban en la llamada transición. Pero si hay un fondo que es el del consenso político en nombre del interés general, de las razones de estado que determinan la actividad política de Izquierda Unida y de Podemos hoy. Aunque su pragmatismo político orienta su actividad a mantener sus parcelas de gestión dentro del gobierno estatal.

Los distintos acuerdos que se han planteado por parte de los socios del gobierno estatal de coalición están cruzados por la política de pacto social de fondo. Esto se ha visto en acuerdos de pensiones o más recientemente con el acuerdo de la reforma laboral en la que pactan el gobierno, la CEOE y los sindicatos CCOO y UGT no derogar la reforma del PP de 2012, ya de la del PSOE ni hablan de cambiarla. Ni tampoco derogan la reformas de las pensiones del PSOE y PP.

El ejecutivo español en lugar de llevar adelante sus acuerdos de programa de gobierno como correspondería, vuelve a recurrir al pacto social tripartito entre patronal, sindicatos y gobierno.

En 1977 el movimiento obrero y popular fue derrotado y traicionado por sus direcciones: Las fuerzas que abogaban por el rechazo a los Pactos de la Moncloa no pudieron hacerle frente con una amplia participación social suficiente, les faltó en muchos casos la unidad, la organización y coordinación que eran necesarias, aunque lo intentaron.

Ahora en este 2022 tenemos que derrotar en la calle, en los centros de trabajo y en los barrios los pactos sociales con los que pretenden cercenar nuestros derechos sociales y libertades. Será necesaria la unidad y coordinación de todas las organizaciones que rechazamos el acuerdo de pensiones, el pacto social de mantenimiento de la reforma laboral del PP, exigiendo juntas la derogación de todas las anteriores reformas.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Manolo de la Rosa

MANOLO DE LA ROSA

 

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