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13:10h. Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

¡A París con 50 pesos! - por Renato Recio (+2017) el año 1978, sobre Alejandrina Santos. Comenta Alenia Benitez Santos

 

FRASE RECIO BENÍTEZ

¡A París con 50 pesos! - por Renato Recio (+2017) el año 1978, sobre Alejandrina Santos. Comenta Alenia Benitez Santos

La historia del movimiento obrero a través de los trabajadores.

Artículo de Renato Recio, Revista TRABAJADORES, 1978

Los esbirros del Buró de Represión de Actividades Comunistas, disfrazados de empleados de aviación, registraron minuciosamente a los miembros de la delegación cubana al III Festival Mundial de la Juventud. A todos menos a la única mujer del grupo.

Ante ella, pequeña, joven, delgada, con un rostro expresivo  que era dulce y vivaz al mismo tiempo, el agente del BRAC se sintió inclinado a la cortesía y no registró el equipaje. Observó en cambio el pasaporte y se detuvo a leer la chequera de viaje.

-¿Así que la dama se nos va a París?, dijo. ¡A Paris con cincuenta pesos!

 

CONTRA LA BURLA

Alejandrina Santos, de 23 años, obrera de la empresa Concordia Textil, en Guanabacoa, era ya, en 1951, una mujer que no tenía nada que ver con el papel de muñeca, sometida y ociosa, que seguramente quería expresar la palabra ¨dama¨ en boca delo aquel hombre.

¨París¨ era una mera escala hacia el Berlín democrático, ciudad que ofreció a Alejandrina lo que no podía recibir de la capital francesa. Aquel Berlín devastado por la guerra reciente, marcado por la huella bestial del fascismo derrotado, era una extraña mezcla de pasado y porvenir, de realidad y leyenda, que se apareció a la joven cubana como un himno a su esperanza de Revolución.

Aquellos ¨cincuenta pesos¨ no eran muchos ciertamente, pero no habían salido de la subvención estatal, ni del bolsillo de los que lo tenía a manos llenas. Era el dinero recaudado entre los obreros, centavo a centavo, desafiando la represión policíaca y patronal.

Para participar en el III Festiva de la Juventud, y los Estudiantes cada delegado debió aportar ochocientos pesos. ¿Qué ahorros podía tener Alejandrina Santos, que con su oficio de tejedora debía mantener a una familia numerosa, incluyendo a sus hermanos que estaban sin trabajo?

Fue de fábrica en fábrica, de taller en taller, explicando a los trabajadores qué era un Festival y por qué era importante la participación de la delegación cubana. De esa forma, con el sacrificio generoso de sus hermanos de clase, la muchacha llegó a recaudar los ochocientos pesos que apenas alcanzaban para el pasaje. Los cincuenta pesos que quedaron en su chequera de viajero valían mucho más de los que podía calcular  el hombre que pretendió hacer burla sobre cosas que verdaderamente no entendía.

 

ENCUENTRO CON LA IMAGEN QUE SE FIJO EN MI MEMORIA

ALEJANDRINA SANTOS¨Íbamos en un tren abarrotado de jóvenes africanos, asiáticos y latinoamericanos. Aquel viaje no era precisamente de ¨paseo¨. Por un lado no había forma de asearse ni de conseguir ningún alimento para mitigar las necesidades de tantas horas de travesía. Por otra parte, aunque no nos preocupáramos mucho por eso, estaba presente la amenaza de una agresión, porque había soldados yanquis en muchos puntos de Europa.  En medio dela ¨guerra fría¨ y de una feroz campaña mundial de represión anticomunista, era previsible una provocación o un sabotaje contra nosotros, jóvenes revolucionarios de tres continentes que veníamos hacinados en un tren con la sola protección de algunos diputados del Partido Comunista Francés, quienes asumieron con gran celo y preocupación esa responsabilidad¨

¨Pero a pesar de todo, aquel recorrido fue alegre. Nuestra delegación era tan joven y homogénea ideológicamente que nadie pensaba en las incomodidades de ese momento, sino en las experiencias que nos aseguraban¨

¨Yo recuerdo que me quedé dormida durante unos instantes y me despertó la parada del tren en una pequeña estación de un pueblito. Me asomé a la ventanilla y vi una imagen que ha quedado fija en mi memoria con todos sus detalles y colores: había allí, a pocos metros de distancia, un soldado rojo. Lo vi con su uniforme y su gorra, vi el emblema de la hoz y el martillo y aquella visión me pareció el regalo de un sueño maravilloso¨

¨Es difícil de explicar por qué aquella imagen tuvo una tan especial resonancia en mi espíritu. Yo creo que una joven comunista como era yo en aquella época, educada por mi familia en el amor y la admiración a la Unión Soviética, aunque sin una sólida formación filosófica, tenía que sentir aquella súbita aparición como el encuentro con un milagro, porque veía con mis ojos, a través de aquel soldado, a un pueblo al cual me había acercado de modo entrañable, sólo por la convicción personal de algunas ideas que, en aquel tiempo, eran brutalmente puestas en duda por la mayoría de la gente¨

 

REGRESO A CUBA Y ME BOTAN DEL TRABAJO

¨Durante las dos semanas que duró el Festival, que comenzó el 5 de agosto de 1951. 26000 jóvenes de todo el mundo realizamos numerosos encuentros, nos conocimos y adoptamos resoluciones contra los incendiarios de nuevas guerras¨

¨La delegación cubana, presidida por Antonio Núñez Jiménez y Raúl Valdés Vivó, realizó un brillante papel y fue elogiada por su disciplina y cohesión. Todos quedamos impactado por los horrores de la guerra, los campos de concentración que nos mostraron y por el verdadero espíritu de aquel pueblo alemán que comenzaba a redimirse¨

¨De vuelta a Cuba, me botaron del trabajo por haber estado en el Festival, estuve ocho meses en una situación económica muy difícil, pero  todos los sacrificios fueron insignificantes comparados con aquel privilegio que me dio mi vida de joven militante revolucionaria¨

ALEJANDRINA SANTOS 2

 

Comenta Alenia Benítez Santos:

Esta es la historia de la participación de Alejandrina Santos Estrada (1928-2007), luchadora de la clandestinidad contra los gobiernos en Cuba antes del triunfo de la Revolución en Enero de 1959.

Aleja o Alejita como muchos la llamaron, menos mi padre que siempre la llamó por su nombre completo, fue hija de Cándido, inmigrante español (al que nunca conocí por fallecer cuando ella tenía solo 17 años) y Cristina, mi querida abuela con la que sueño que regresa de la muerte recurrentemente y me alegra mucho de verla viva. No fui su nieta preferida pero convivimos hasta su muerte y me cuidó para que la protagonista de este artículo trabajara en su fábrica textil, en la cual estuvo hasta su jubilación.

Luchadora incansable, comunista de verdad, de las de aquella época y que siguió siéndolo en ésta.

A mi mamá este pequeño homenaje por la autenticidad de sus ideas.

 

RENATO RECIO RESEÑA

ALENIA BENÍTEZ SANTOS RESEÑA

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