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11:52h. Viernes, 06 de diciembre de 2019

Parte (fantasmal): "En el día de hoy, divididos y apocados los votantes de izquierdas, han alcanzado las derechas franquistas los últimos objetivos electorales. La brega ha terminado (por ahora) - por Agustín Millares Cantero

 

FRASE MILLARES

Parte (fantasmal): "En el día de hoy, divididos y apocados los votantes de izquierdas, han alcanzado las derechas franquistas los últimos objetivos electorales. La brega ha terminado (por ahora) - por Agustín Millares Cantero, historiador *

 

Era asombroso, pensábamos, que las izquierdas alemanas no hubiesen advertido, desde arrancar los años veinte de la pasada centuria, el significado de la amenaza de los nazis, y más sorprendente todavía que la III Internacional definiera a la socialdemocracia como “el ala izquierda” del fascismo en semejante coyuntura. Los costos de aquellos errores fueron terribles en múltiples ámbitos y, frisando el siglo de distancia, se podría creer en un aprendizaje concluyente de dichas lecciones entre los militantes antifascistas. Pero el estadio actual demuestra que algunos de ellos siguen empeñados en repetir la catástrofe, alineándose formalmente en idénticas trincheras.

Los procesos históricos no se repiten con exactitud en épocas distintas, aunque hayan determinados paralelismos sobre los análisis concretos de las situaciones. El sistema capitalista vuelve a recurrir a la guerra y al repertorio fascista ante una de sus crisis. Son operaciones dirigidas por el imperialismo para garantizar su dominación a escala planetaria, cuando otras potencias emergentes repugnan la hegemonía de los Estados Unidos impuesta al término de la II Guerra Mundial. La correlación de fuerzas tiende a ser desfavorable para las estrategias geopolíticas de la dictadura financiera que rige el centro neurálgico del capitalismo histórico. Aborta la doctrina del Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense, a pesar de las actuaciones intervencionistas de la OTAN encaminadas a romper el multilateralismo.

En medio de estas y otras rivalidades, sobresale un panorama general de retroceso de las fuerzas revolucionarias tras el hundimiento del llamado “socialismo real”, una debacle que ha pretendido atribuirse, de forma burda y peligrosa, al abandono de los modelos estalinistas como supuesta expresión del gobierno de los soviets. Los éxitos parciales están asediados por la acción conjunta de las instancias imperialistas y sus testaferros oligárquicos en los países dependientes y semidependientes. Dentro del “mundo desarrollado”, las organizaciones de los trabajadores (las pocas que no han sucumbido a la claudicación), se baten contra una ofensiva del capital que ha liquidado conquistas arrancadas luego de enormes sacrificios de varias generaciones.

Muy lejos estamos de las opciones entre reforma y revolución social. Ahora lo que impera es la disyuntiva entre democracia y fascismo, lo cual exige la recuperación y actualización de los fundamentos del Informe Dimitrov al VII congreso de la Komintern. Si alguien pretende la toma del poder por la clase obrera e imponer a la burguesía la dictadura del proletariado conforme a los esquemas del Octubre de 1917, habita en una pura fantasmagoría que nada tiene que ver con el marxismo. En ninguna zona del planeta se asiste a los prolegómenos de un asalto al Palacio de Invierno. El proletariado y sus hipotéticas clases aliadas, hoy por hoy, distan de alimentar las condiciones para abrir una vía revolucionaria de tal naturaleza.

El peligro fascista y militarista tiene que figurar en la agenda de cualquier formación verdaderamente democrática, sobre todo de las que se demandan de la tradición de las izquierdas. Hay quienes apuntan que la adaptación de los Frentes Populares a la actualidad debe componer una idiosincrasia bien distinta de la expuesta en el siglo XX, pues ya no cabe reducirla a un mero programa democrático y ha de atender efectivamente a la perspectiva del socialismo. Si el remozamiento se acomoda a la realidad, entonces resultan errados los objetivos maximalistas. Las circunstancias existentes son peores, a tales efectos, que las reinantes hace más de ocho décadas.

Aquel reformismo fuerte, dispuesto por el Partido Comunista Italiano en los años setenta, constituye en el presente una expectativa de potencialidades revolucionarias que posee encaje dialéctico en el horizonte de la lucha por el socialismo a medio y largo plazo. Las diligencias en favor de las reformas, en lo que tienen de recuperación de derechos sociales y políticos arrebatados por las embestidas neoliberales, sirven para concienciar y movilizar a segmentos considerables del bloque asalariado y a predisponerlos hacia nuevos y superiores envites. El conjunto de las transformaciones implementadas por el chavismo en Venezuela, hasta el momento, no ha ido más allá de las directrices del laborismo británico al inicio de la segunda posguerra, y sin embargo es atacado denodadamente por la reacción interna y externa con todos los recursos a su alcance.

La función de las minorías revolucionarias en la España de hoy, según mi punto de vista, reside en incidir sobre los movimientos sociales y los sindicatos en la medida de sus posibilidades, terciar en la lucha ideológica, promover el internacionalismo antimperialista y organizar la resistencia al neofascismo (a menudo, un fascismo de cuello blanco con numerosos disfraces), tratándose del instrumento en firme de las agencias capitalistas si la democracia representativa (y no digamos la participativa) lesiona cualquiera de sus intereses. En suma, acumular efectivos a la espera de entornos más favorables. Mientras sea imposible lograr la victoria de un solo candidato en las urnas, es imperativo retirarse de la contienda electoral y apoyar a las agrupaciones reformistas con posibilidades de frenar la deriva fascistoide, permaneciendo vigilantes ante el menor signo de debilidad a propósito. Estamos ante una emergencia ciudadana que torna dañosas las candidaturas estériles. Ya no es cuestión del voto útil, sino del voto ineludible.

Es obvio que, toda persona consecuentemente de izquierdas, está obligada a votar en comicios donde se corre el riesgo de una involución reaccionaria de alto calado. Por grandes y diversos que sean los reproches que merezcan determinados grupos, por justificadas que estén las críticas a los procederes colectivos o personales, abstenerse ahora supone favorecer a las derechas franquistas y criptofranquistas, permitir la conculcación de derechos sustantivos que ha costado mucho obtener. No vale quedarse en casa bajo el pretexto fútil de que los reformistas traicionan al movimiento obrero y al conjunto de las capas populares, o que adormecen las movilizaciones de los sectores oprimidos.

Y una observación final relativa a Canarias. En ambas provincias del Archipiélago, el Frente Popular ganó las elecciones legislativas de febrero de 1936 con apenas el 40% de los votantes y una abstención casi pareja, bastante por encima de la media nacional. Las derechas perdieron por concurrir divididas, mas superaron con amplitud a sus oponentes fundidos. Esta mayoría ultraconservadora arropó la dictadura franquista y sólo una pírrica minoría se opuso al régimen. La base social de las izquierdas en las Islas fue siempre frágil y el predominio histórico de las derechas no emanó en exclusiva de los aparatos caciquiles. Que tengan muy presentes estas verdades los que se empeñan en seguir afectados por la enfermedad infantil del izquierdismo y toda suerte de voluntades sectarias en los tiempos que corren.

    

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Agustín Millares Cantero

AGUSTÍN MILLARES CANTERO RESEÑA

MANCHETA 9