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08:49h. Lunes, 25 de mayo de 2020

¿Partidos políticos o sectas religiosas? - por Antonio Aguado

 

 

antonio aguadoLa frase tan recurrida y despreciativa de muchos ciudadanos que exponen: "Yo no soy político", pero después desde posiciones reaccionarias precisamente hablan de política y se pronuncian en contra de ésta (igual que la de quienes expresan que no son racistas, pero a continuación se manifiestan con posiciones desfavorables hacia los inmigrantes), no tiene sentido y es que la política lo envuelve y determina todo y las posiciones políticas de cada cual, mientras se defiendan sin violencia son todas respetables.

¿Partidos políticos o sectas religiosas? - por Antonio Aguado, coherente veterano militante socialista *

La frase tan recurrida y despreciativa de muchos ciudadanos que exponen: "Yo no soy político", pero después desde posiciones reaccionarias precisamente hablan de política y se pronuncian en contra de ésta (igual que la de quienes expresan que no son racistas, pero a continuación se manifiestan con posiciones desfavorables hacia los inmigrantes), no tiene sentido y es que la política lo envuelve y determina todo y las posiciones políticas de cada cual, mientras se defiendan sin violencia son todas respetables.

Nadie puede escaparse del deterioro tan grande que se le viene haciendo a la política y en consecuencia al sistema democrático en su conjunto. La desafección y el rechazo que produce la política, tiene unos responsables directos, los políticos y sus respectivos partidos, pero también indirectos que somos todos nosotros, ya que por acción u omisión participamos o consentimos el deterioro y degradación tan grande que se le viene produciendo a la democracia.

El ejercicio de la política debe ser noble, sincero y generoso y es así como lo entiende y practica la gran mayoría de los políticos, especialmente quienes como regidores de medianos y pequeños municipios se ven diariamente con el compromiso de tener que atender a sus convecinos, en los problemas que les afectan y que cada vez son más graves y acuciantes.

El deterioro se produce en la alta política, donde hay más intereses creados, confundiéndose los generales con los particulares. Los dirigentes a esos niveles han creado o modificado las estructuras de sus partidos, haciéndolas a su imagen y semejanza, para poder mediatizar o secuestrar desde las instituciones a sus respectivas organizaciones políticas, mediante la formula de ostentar cargos orgánicos e institucionales al mismo nivel (juez y parte) y predominando este último, con todo el riesgo que como se está demostrando conlleva, no en vano, es el cargo público con el poder que ostenta y los presupuestos que maneja, el que se suele degradar y en muchas ocasiones corromper.

Esas mismas estructuras jerarquizadas casi como de sectas religiosas, que produce docilidad, sumisión y pleitesía al líder, son las que permite que se pueda llevar a cabo otro de los grandes problemas de la democracia: la profesionalización de la política y tener que soportar a políticos a perpetuidad y en muchos casos si la abandonan, es para mediante “las puertas giratorias”, pasar a engrosar la nómina de los consejos de administración de grandes empresas, de sectores y servicios esenciales o claves, que previamente han privatizado como el del abastecimiento de agua o energía y entidades bancarias.

Es patético e indignante comprobar la utilización de instituciones como el Senado, cámara inservible pero que nos está costando anualmente más de 51 millones de euros, para enviar a los políticos decadentes o conflictivos que no saben sus respectivos partidos políticos qué hacer con ellos. Es evidente que por higiene democrática y ahorro presupuestario, esta institución debería ser disuelta.

Faltando a la coherencia y dependiendo si se está en el gobierno o la oposición, los políticos suelen enfrentarse y crispar la vida política y social. Sin embargo, en la defensa de sus intereses particulares, como los relacionados con sus prebendas e incrementos salariales, suelen sin fisuras apoyarse mutuamente.

Todos los partidos políticos tienen grandes carencias democráticas, aunque el PNV es el que menos, precisamente porque no existe compatibilidad entre sus cargos públicos y orgánicos, siendo este el que prevalece y en consecuencia desde el mismo se apoya a sus militantes que gobiernan en las instituciones, para que realicen la mejor gestión posible, pero al mismo tiempo les controlan para que no tengan desviaciones y/o conductas indeseadas. Con toda probabilidad, será por eso que no son conocidos casos de corrupción en esta formación política, que viene gobernando en la mayoría de las instituciones del País Vasco.

Desde las organizaciones políticas se constituyen los diversos poderes: legislativo, ejecutivo y desde éste en el caso de España al no existir separación entre ellos, incluso el judicial. Se hace necesario regenerar y renovar la vida política, empezando por los propios partidos políticos para lograr una Sociedad más democrática, justa, plural, transparente y participativa. En este sentido se debe buscar formulas y aplicarlas para que el articulo 6 de la Constitución se haga realidad y que las estructuras y funcionamiento de los partidos políticos sean realmente democráticos.

La propia Constitución debe ser sometida a revisión y modificación, para que se produzcan los cambios cada vez más evidentes y necesarios, entre otros, que la soberanía radique efectivamente en el pueblo y no nos veamos impotentes ante tantos desmanes, producidos por una determinada casta política, que no le importa erosionar nuestra convivencia y menoscabar la propia democracia, teniendo muy en cuenta que la misma, no debería consistir solamente en depositar cada cuatro años un voto.

Tenemos suerte ya que el PP acoge en su seno a gran parte de la derecha extrema, pero si continúan tantas injusticias, desigualdades y restricciones a la libertad, corremos el riesgo de que aflore o consolide en nuestro país igual que han hecho en otros de Europa, el populismo, la xenofobia y el fascismo. Al margen de cualquier consideración partidaria, los demócratas debemos unirnos y no consentir que por irresponsabilidad o intereses mezquinos, se ponga en juego la democracia y que nos retrotraigan a épocas pasadas, con la perdida de derechos y libertades.

* En La casa de mi tía por gentileza de Antonio Aguado Suárez

ANTONIO AGUADO RESEÑA