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06:15h. Domingo, 21 de julio de 2019

¿Qué pasa con las pensiones? - por  Miren Etxezarreta

 

FRASE MIREN

 

¿Qué pasa con las pensiones? - por  Miren Etxezarreta  *

Los pensionistas de este país llevamos tiempo movilizándonos para salvar nuestras pensiones. Durante años nos han dicho que no hay dinero para pagarlas, que son económicamente insostenibles. Nos dicen que hay demasiado viejos que nos empeñamos en vivir demasiados años, que hay cada día menos trabajadores y que, con unos salarios cada vez más bajos, no pueden financiar a tantos pensionistas que se empeñan en no morir.

Por eso llevan años ‘reformando’ (léase rebajando) las pensiones. En 2011 y 2013 ‘las reformaron’ más a fondo. Este año, además, nos han escrito una carta para explicarnos que  nos las ‘subían’ un 0,25%  (es así desde 2015), mientras los precios en 2017 subían un 1,16%,  es decir rebajándolas más. Añadiendo el insulto a la injuria.  No hay dinero, es la única justificación. Ni una palabra sobre las consecuencias que esto tendrá en los casi nueve millones de pensionistas actuales y los millones y millones de pensionistas futuros.

Los pensionistas se han dado cuenta de la maniobra. Que cada día sus pensiones cubren menos necesidades y que los pensionistas del futuro lo tendrán muy mal. ‘Somos viejos pero no tontos’ han dicho muchos. Se han indignado y han salido a la calle a protestar. Por ellos mismos, por sus hijos y sus nietos Los pensionistas saben que un sistema público de pensiones es imprescindible si quieren vivir una vejez decente, aunque sea modesta. Y por miles y miles han decidido luchar por sus derechos manifestándose por todo el territorio. Se han movilizado en la calle y, además, amenazan con cambiar sus votos.

Como lo único que mueve a los partidos son los votos y la tranquilidad en la calle, unos partidos se han asustado pues ven sus votos en peligro y otros esperan ganar votos con este enfado. Y el partido en el poder y algún partido regional (PNV) ante el miedo a perder las próximas elecciones han recogido velas a toda velocidad.  Han encontrado el dinero que antes decían que no tenían y dicen que si se aprueban los presupuestos subirán las pensiones igual que el IPC y un poco más las pensiones más bajas. Dejando muy claro que lo que ellos llaman ‘la crisis de las pensiones’ es una fabricación de conveniencia por algunos poderes a los que así les conviene. Los pensionistas han ganado una batalla  y están contentos y orgullosos de haberlo logrado.

Se ha visto claramente que las movilizaciones masivas en la calle, bien planteadas, son útiles. Que la dinámica social es valiosa y puede conseguir algunos resultados. Que la movilización popular puede autoorganizarse  y expresarse sin necesidad de organizaciones ajenas que la tutelen.  Que exigir tiene su valor y puede lograr algunas cosas. Que moverse vale la pena. Que se pueden ganar algunas batallas.

Pero al mismo tiempo hay que revisar lo que esto supone. Una batalla ganada no supone ganar  la guerra de los derechos sociales. No podemos ahora descansar y dormirnos en los laureles. En el mejor de los casos es un compromiso para dos años, este y el próximo, y no sabemos que querrán hacer después. Que a juzgar por lo que han hecho todos los gobiernos  y las instituciones internacionales hasta ahora no augura nada bueno.  Lo que pretenden es recuperar los votos que ven en peligro y seguir con sus planes de descomposición de las pensiones públicas.

Tenemos que seguir alerta y sin cejar en la lucha, no podemos permitir que con hábiles argumentos nos dividan (distintos territorios, distinto importe de las pensiones, edades distintas…). Tenemos que lograr que una mayor parte de la opinión pública, los grupos más jóvenes,  compartan nuestras preocupaciones y participen de nuestras luchas. No podemos dejar que esta victoria pírrica nos lleve de nuevo a nuestras casas a regocijarnos de lo conseguido y ver como la tele explica (mal) nuestra victoria.  Necesitamos un sistema de pensiones permanente, estructural, universal, satisfactorio, que permita un nivel de vida decente (las palabras se han degradado tanto que decir un nivel de vida digno es casi un sarcasmo). Y por esto tenemos que seguir luchando.  

Las pensiones ahora están financiadas por los trabajadores en activo. Son sólo transferencias entre trabajadores. Es nuestro dinero el que se utiliza y nadie nos da nada. Pero creemos que esto no es justo: toda la sociedad se ha beneficiado del trabajo de los que hoy son pensionistas, y toda la sociedad tiene que participar en el mantenimiento de las personas mayores. Todos los gastos colectivos de la sociedad (infraestructuras, justicia, ejército, Casa Real, salud, educación, etc.) se financian con impuestos, ¿Por qué las pensiones tienen que ser diferentes? Los beneficios de las empresas tienen que contribuir también al sostén de los ancianos, pero ahora no participan.  Necesitamos un sistema de impuestos integral que haga que toda  la sociedad participe en financiar los derechos de la ciudadanía y permita mantener todos los servicios sociales necesarios. ¿Por qué los beneficios al capital, es decir los capitalistas, no han de contribuir a las pensiones?

Las pensiones no deben ser sólo salarios diferidos sino derechos de ciudadanía. Son derechos y como tal se tienen que mantener, no estar al albur de lo que decidan los gobiernos de turno. Y son derechos, no sólo de los que han podido cotizar sino de toda la ciudadanía. Si no es así, poco a poco, todos perderemos los derechos.

¿Por qué tanta insistencia en que no hay dinero, y más precisamente para las pensiones? Porque el dinero de las pensiones es muy goloso para las instituciones financieras (bancos, compañías de seguros). Estos quieren manejar ese dinero que les permitiría tener muchos más beneficios y poder. Por eso, si nos convencen que no hay dinero público, los que tengan capacidad de ahorro harán pensiones privadas. ¡Qué bien se cierra el círculo¡ El Estado gasta menos y las finanzas ganan más.  Y los pobres que nunca han podido ahorrar… pues que vayan a Caritas o alguna otra institución de caridad. Pobres cuando trabajas y todavía más pobres, humillados viviendo de una caridad incierta cuando seas mayor.

Esto es el capitalismo. Toda la economía y sociedad dirigida al beneficio para unos pocos. Mientras este sistema exista siempre tendremos que estar alerta y luchando permanentemente por nuestros derechos, que desaparecen en cuanto aflojamos la lucha. Y es este sistema lo que hay que cambiar. Tenemos que defender nuestras pensiones, conseguir pensiones mejores  con todo nuestro aliento, pero no es suficiente. Al mismo tiempo tenemos que luchar por otra sociedad, una sociedad diferente, alternativa- justa, igualitaria, participativa-. Será lo único  que garantice una distribución justa de la riqueza y los derechos de la ciudadanía.  Y unas pensiones decentes.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Miren Etxezarreta y la colaboración de Luis Pérez Serichol, de la Asociación por la Defensa de las Pensiones Públicas de Canarias

MIREN ETXEZARRETA RESEÑA