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13:13h. lunes, 12 de abril de 2021

El acceso libre e igualitario al conocimiento es un derecho constitucional que no se puede ejercer sin bibliotecas  municipales

Peor que una pandemia -  por Aurora Jiménez Tarajano

 

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Peor que una pandemia -  por Aurora Jiménez Tarajano

Sin bibliotecas ¿Qué tenemos? Ni pasado, ni futuro.

(Ray Bradbury) 

Google puede darte 100.000 respuestas. Un bibliotecario puede darte la correcta.

(Neil Gaiman) 

 Dolor, tristeza, enfado son los sentimientos que experimentan los amantes de la  cultura cuando una biblioteca pública anuncia su cierre. Estos sentimientos derivan en rabia y vergüenza cuando se trata de la única biblioteca pública de tu pueblo, la de  toda la vida, que llegó con una recién estrenada democracia, la que venía ofreciendo servicios durante casi cuatro décadas sin interrupción, a los vecinos de todas las  edades y condiciones. Está claro que algo va mal cuando unos dirigentes deciden acabar con un símbolo, con una institución tan esencial, como esta longeva biblioteca  pública, que obtuvo reconocimientos por sus actividades de promoción de la lectura,  como el Premio María Moliner de alcance nacional.  

 En 2002, George Bush hijo, por entonces el presidente de Estados Unidos,  declaró que la forma definitiva de acabar con los incendios es talar los bosques, lo que  provocó el estupor y la carcajada general. Esto mismo ha ocurrido con la única  biblioteca pública en Ingenio-casco pues, para resolver el problema de la  compatibilidad con el edificio que la albergaba, se ha ocasionado un problema mayor, decretando su cierre sin otra alternativa y anunciando, que se tardarán muchos años  en volver a tener en el lugar una biblioteca municipal, hasta la construcción o  habilitación de un nuevo edificio. Hasta ese momento, los miles de ejemplares que  conforman sus fondos permanecerán en cajas, almacenados en los sótanos de unas dependencias municipales, fuera del alcance de los ciudadanos y es evidente que no  se puede decir, con propiedad, que esto sea una solución. La decisión confiere mayor  gravedad, si cabe, si se tiene en cuenta que la otra biblioteca pública del municipio, la  ubicada en el Centro Cívico de Carrizal, permanece cerrada y en obras desde  noviembre de 2019 por desprendimiento de cascotes del techo. 

 Así, nos encontramos con que el municipio de Ingenio, en la actualidad, ostenta el dudoso honor de ser el único de la isla que carece de biblioteca pública que ofrezca  de forma plena sus servicios a los ciudadanos del municipio. Se ha querido maquillar tal decisión con la apertura de salas de estudio en el IES Ingenio y en un espacio  dentro del mencionado Centro Cívico de Carrizal, confundiendo salas de estudio con  servicios bibliotecarios. No nos oponernos a su creación pero no nos engañemos, no  son más que mesas y sillas, sin necesidad de libros ni personal bibliotecario especializado. De ninguna manera pueden sustituir a una biblioteca pública, puesto que solo sirven al sector estudiantil de la población, y privan de servicios bibliotecarios a la gran mayoría de los habitantes que tiene también necesidades de formación, ocio y conocimiento. Es como si el transporte público se confundiera con el transporte  escolar y fuera sustituido por este último; o como si la sanidad pública sirviera  solamente al sector estudiantil, dejando fuera de su cobertura al resto de la población. 

Se pierde, además, una eficaz herramienta para la reducción de la brecha digital que,  sin ninguna duda, se verá amplificada de manera significativa en el pueblo. Es  evidente la necesidad de satisfacer una creciente demanda de estos servicios, si  tenemos en cuenta la crisis provocada por la situación sanitaria actual y sus  consecuencias laborales, económicas y sociales, de especial dureza para los más  desfavorecidos. 

 Si obviamos el dicho de que las comparaciones son odiosas y echamos un  vistazo a las dotaciones bibliotecarias de los municipios vecinos que, junto al de Ingenio, conforman la Mancomunidad del Sureste de Gran Canaria, observamos que en el municipio de Agüimes, en este momento, están activas cuatro bibliotecas y en el  de Santa Lucía funcionan nueve bibliotecas de barrio además de la central de Vecindario, sumando así diez sucursales. Esto demuestra que la atención y el cuidado  del servicio bibliotecario en el municipio de Ingenio presenta unas carencias de  extrema gravedad. 

Ingenio es cuna de escritores de la talla de Juan Jiménez, Francisco Tarajano o  Pepa Aurora, organiza eventos relevantes como el Festival Internacional de Folklore  “Muestra de los pueblos” y otros festivales y acontecimientos culturales de calidad  pero, a la vez, descuida y maltrata a la base, a las principales agencias que facilitan gratuitamente el acceso a la cultura, las más esenciales, las más democráticas y cercanas a sus ciudadanos, las bibliotecas municipales. Ahora, incluso, con mayor  motivo ante el considerable aumento de la circulación de noticias falsas que siembran  la ignorancia y el oscurantismo, y ayudan a expandir peligrosamente las ideas  ultraconservadoras y racistas. Las bibliotecas públicas son las principales vacunas  para defender al pueblo contra la desinformación. 

 La actual pandemia, tarde o temprano, pasará. Sus consecuencias serán duras  para la economía y la sociedad en su conjunto. Los ciudadanos ingenienses las  sufrirán como en el resto de Canarias, pero tendrán el añadido, no lo olvidemos, de no  poder contar, por muchos años, con el consuelo que proporcionan unos servicios  bibliotecarios adecuados, colocándolos en inferioridad de condiciones con respecto a  los habitantes de otros municipios que sí los disfrutarán y que, aunque tributen como  éstos, obtendrán menos de su ayuntamiento. El acceso libre e igualitario al conocimiento es un derecho constitucional que no se puede ejercer sin bibliotecas  municipales equipadas, sin personal especializado que lo facilite. 

 Se avecina una época oscura, en lo social, cultural, educativo y de  entretenimiento que, con el tiempo, los ingenienses recordarán como algo peor que  una pandemia. 

(En recuerdo de Juan Alberto Hernández, ingeniense, bibliotecario y poeta )

* seudónimo

 

 

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