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03:49h. miércoles, 19 de enero de 2022

Pesares, incertidumbres y… algunas alegrías (II) - por Ana Beltrán


Una de las mayores satisfacciones -y son muchas- que me da hacer La casa de mi tía es recibir textos de alguna gente que, en mi opinión, no valora su talento. Como Ana Beltrán. Vean esta sabrosa, pero no exenta de su dosis de ira, reseña que hace del mes de abril. Inefable, la referencia a la injusticia laboral de la jerarquía de la iglesia católica.

Yo espero que Ana se anime y se decida, por lo menos, a una crónica cada treinta días del mes que terminó.  

Pesares, incertidumbres y… algunas alegrías (II) - por Ana Beltrán

 Abril llegó a su fin, y como en los meses anteriores, los que llevamos de año, no ha parado de darnos disgustos. Y según los expertos lo peor está por llegar; ya nos iremos enterando en los meses venideros. Pero, ¿no decían que con el PP en vez del escándalo llegarían las vacas gordas? Ver para no creer.

 Y siguiendo con las plagas bíblicas: se ha dicho que en épocas de vacas flacas siempre hay alguien que se beneficia, aunque ya sabemos que muchos son los llamados y pocos los elegidos, que en este caso no son otros que los fabricantes de tijeras; con tantos recortes no van a dar abasto. Ellos son los únicos que no sufrirán el paro, aunque no todo les va a ser favorable: no podrán entrar directamente en el Reino de los Cielos.

Sin embargo, el temido desempleo se puede paliar si los hombres se acogen al sacerdocio, que yo sepa hay un obispo que se atreve a garantizarles el trabajo a perpetuidad. A ellos, claro. He aquí la injusta discriminación con respecto a la mujer, que ni cobrando menos salario la admiten en la iglesia, sancta santorum del llamado sexo fuerte. Lo peor de todo es que, siendo los sacerdotes obligatoriamente célibes, esos sueldos no van a beneficiar ni a esposas ni a hijos, lo que supondría un tremendo derroche, un verdadero desperdicio en los tiempos que corren, y eso es algo que estaría muy mal visto.

Igual de mal ve Paul Krugman el rumbo que están tomando los países europeos con tantas restricciones. Todos sabemos (y él más nadie, que para eso es Premio Nobel de Economía) que si no se consume no hace falta producir, lo que lleva de cabeza al desempleo, que es lo que ahora mismo está sucediendo, y de lo que el señor Krugman culpa a la derecha, que mayoritariamente manda en Europa. Ya sólo nos queda la esperanza en la segunda vuelta de las elecciones en el país vecino, ése del que nos separan los montes Pirineos. Es un decir.

Como también digo, y de ello me congratulo, que Santa Cruz tiene otra cara. Que esa cara se puede mejorar lo sabemos todos, no cabe ninguna duda, pero por lo menos luce un poquito más limpia, y las aguas negras (¡por fin!) ya no se ven barranco abajo. Y como hay que ser serios y coherentes, desde aquí animo al señor Bermúdez a seguir con su operación limpieza, a la que todos, sin excepción, debemos contribuir.

Y hablando de contribuir… Muchos hemos participado en la celebración del Día del Libro (éste sí ha sido un gran placer), unos leyendo narrativa, por lo general fragmentos de novelas o relatos cortos, y otros recitando poesía. Sé de una librera que emulando al San Jorge barcelonés regalaba una flor; aunque la rosa fuera sustituida por una gerbera, que también tiene algo de poesía.

 Y poesía de la buena es la que contiene El vals de la vida, un libro de pequeño formato que vio la luz a principios de abril (buen mes éste para la poesía), obra de la escritora Paquita Fernández, cuyos poemas tienen una inmensa carga de realismo, muy semejante a la vida misma, pero a los que ella quita hierro impregnándoles su gran sentido del humor. Enhorabuena, Paquita, y que tus insomnes noches, al menos te sirvan para seguir creando.

 Antes de despedirme de este abril florido deseo expresar mi alegría por los nuevos nombramientos con que han distinguido a dos paisanos ilustres: J. J. Armas Marcelo, que entra en la Academia Hispanoamericana de las Ciencias, Artes y Letras, y Juan Cruz, que lo hace en el Instituto de Estudios Canarios. Qué más se puede pedir.