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05:28h. Domingo, 19 de Agosto de 2018

Presentación de "Cuando el bucio nos llama" de Paco Viña. Palabras de Julián Ayala y Prólogo de José Manuel Castellano

 

FRASE EL BUCIO

 

 

A propósito del poemario de Francisco Viña ‘Cuando el bucio nos llama’* - por Julián Ayala, periodista *

Palabras pronunciadas en la presentación en La Laguna del poemario de Paco Viña Cuando el Bucio nos llama.

Esta noche yo sólo debería prestar voz a las palabras que como prólogo al libro de Paco Viña escribió el profesor José Manuel Castellano Gil, nuestro querido amigo Pepe Castellano, otro canario trasterrado, que ha encontrado allende los mares el trabajo y el reconocimiento a su labor educativa e investigadora que le han negado aquí, en su tierra, los mezquinos intereses creados de algunos detentadores del poder social, económico y político.

Se lo prometí a Pepe y voy a leer su prólogo. Pero el también amigo Paco Viña me ha pedido, además, que aportara una reflexión personal al acto que nos congrega hoy aquí, la presentación de su libro Cuando el bucio nos llama, un poemario bello, coherente, motivador y lleno de una profunda sensibilidad poética. Vamos a ello.

LA MÁS UNIVERSAL DE LAS ARTES.- La modernidad, de la que somos hijos, acabó con el  ideal de pureza en el arte, mostrando que conceptos clásicos como la inspiración y la mímesis forman parte de la misma urdimbre que hace posible la creación poética. Los y las poetas no son demiurgos de un poder intangible y ajeno. La inspiración no les viene de fuera, como se creyó en otros tiempos. Solo ellos son responsables de sus obras y sus creaciones son reflejo tanto de su personalidad consciente y en gran parte también inconsciente, como de sus sentimientos, emociones, experiencia y conocimientos, en los que hay que considerar sus recuerdos, su formación, su cultura, la inter-relación con su entorno social y sus vivencias en general. Es decir, todo aquello que constituye  lo que podríamos denominar su patrimonio espiritual.

A la imaginación poética se le puede aplicar plenamente el lema clásico “nihil humani a me alienum est” (en román paladino, “nada humano me es ajeno”), porque humana es la intuición poética, humano el acto de imaginación creadora. La poesía nos invita a recuperar la lógica del sueño y los instantes privilegiados que brotan de la lucidez de los sentimientos. El fundamento poético es un símbolo de  libertad, de necesidad comprendida y, por tanto, de anhelo conceptual. Por ello, la poesía ha sido considerada la más universal de las artes, pues fundamenta al lenguaje e inspira a los conceptos un hálito de vida superador, el espíritu que late en la palabra.

LA LECTURA COMO ACTO DE CREACIÓN.- Pero en la poesía no coinciden sólo estos aspectos inherentes a la condición humana y, por ende, profundamente subjetivos. La obra poética tiene también una entidad objetiva, que es la que construye el poeta con el dominio –mayor o menor– de los recursos convencionales de su arte. Y esa entidad es susceptible de ser captada por el lector o lectora, que a su vez la recrea de acuerdo con su experiencia, su sensibilidad y sus conocimientos.

Leer es también, en cierta manera, un acto de creación, pues la emoción poética del lector tiene un significado personal, a menudo distinto del significado que tiene para el poeta, pero siempre complementario de éste. He aquí la clave y la grandeza de la poesía: hacernos partícipes a los demás de la emoción (el entusiasmo, decían los antiguos) que le dio origen, convertirnos en poetas, aunque  sólo sea en momentos puntuales y por transferencia.

Y es que no existe una única interpretación correcta del poema y muchas veces ni siquiera el poeta puede explicar por qué ha escrito lo que ha escrito. No porque esté poseído por un dios, como creían los antiguos, pues la inspiración creadora –ya lo hemos apuntado antes– nace del propio ser del poeta, es un don personal y está hecha del mismo material con que están confeccionados los sueños.

FICCIÓN SOBRE FICCIÓN.- Estas observaciones, me dan pie para intentar recrear, es decir, interpretar de acuerdo conmigo mismo, algunas claves de Cuando el bucio nos llama, advirtiendo antes que esto es una ficción sobre otra ficción.

La poesía, como la vida de las personas de la que forma parte, no tiene un discurrir lógico y rectilíneo. Antes bien, es como un río lleno de meandros y rápidos, con momentos poco comprensibles y hasta incomprensibles, porque sus motivaciones no pertenecen muchas veces al campo de lo consciente. Confieso que hay versos y estrofas de este libro, como de tantos otros poemarios que conozco, que no he entendido (y me atrevería a decir que, en algunos casos, incluso el autor tampoco). Pero ahí están y todos juntos –los más y los menos comprensibles– contribuyen a crear la indefinible sensación poética, a intensificar la mirada que trasciende lo cotidiano, a hacernos intuir la realidad que existe más allá del lenguaje. Ese es el fin último de la poesía y el libro que estamos comentando lo logra en gran medida.

Como introducción a su obra, Paco Viña cita fragmentos de tres grandes poetas canarios: el palmero Domingo Acosta Guión, el gomero Félix Casanova de Ayala, y la tinerfeña Cecilia Domínguez Luis. Todos aluden al mar, que nos aísla y, al mismo tiempo, nos abre a los canarios y canarias nuevos horizontes vitales.

Ese mar que el gomero Pedro Bethencourt Padilla, extraordinario poeta y no menos extraordinario personaje, identificó con la poesía misma en un poema más breve que un haikú y profundo como un aforismo:

“La poesía es el Océano infinito.

El poeta se ha dormido a la orilla de la playa.”

 

También Paco Viña ha dormido cerca del mar, y de su sueño pelágico, aparte del caracol marino –el bucio ancestral– que el Océano suele regalar a los poetas, ha regresado con un puñado de poemas llenos de espuma y de salitre, de  rabia por las injusticias de los poderosos y la impasibilidad de las víctimas, de apasionada defensa de la dignidad humana y de esperanza en un futuro superador de este presente ingrato.  

VERSOS COMO TALADROS.- Los versos del poeta son como taladros que hurgan y perforan hasta el último rincón del alma de las multitudes, donde yacen olvidadas y llenas de telarañas las viejas pancartas, pero se encuentran también la pintura y los lienzos necesarios para hacer otras nuevas, en ese tejer y destejer que es la lucha social en las Islas. Los poemas de Viña nos retrotraen la eterna dialéctica de la injusticia y la rabia, la pasividad y la rebeldía, el (auto)engaño y la verdad, la coherencia y el caos.

En nuestro parque jurásico los dinosaurios se autoclonan continuamente, vigilan nuestro sueño y a muchos les parece que siempre van a estar ahí.  Pero Paco Viña no lo ve así y en sus versos nos transmite la vieja máxima sobre el pesimismo de la realidad y el optimismo de la voluntad. De vez en cuando el fresco alisio del mar desbarata la calima agarbanzada que nos agobia; sobre nuestro yermo paisaje social sobrevuela el pájaro de fuego que Pandora pudo mantener en su caja: La esperanza, brillante como una luciérnaga en medio de la noche.

 

“Y volver a beber de tu serena risa,

compañera isla,

ese instante feliz de toda tu hermosura.

Y volver a tener tus manos en mis manos

acariciando lento pero con todo ardor.”

 

La Laguna, 8 de junio de 2018

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Prólogo al libro: CUANDO EL BUCIO NOS LLAMA por José Manuel Castellano Gil, historiador por la ULL, Profesor Titular UNAE Ecuador, Miembro de la Academia Nacional de Historia de Ecuador

 
CANTOS DE UN VOLCÁN ENCENDIDO EN LA PACIENCIA

 

 
 

 

cuando el bucio nos llama

Portada del libro de Francisco Viña
 


Esta selección de poemas de Francisco Viñas, junto al deleite de su lectura, abre una suma de interesantes interrogantes y una profunda reflexión sobre nuestro tránsito colectivo y sobre nuestro accionar cotidiano. Qué tendrá esas islas que no cesan de parir poetas comprometidos que se regazan en su mística naturaleza, surgida a fuego incandescente desde los fondos oceánicos, y se adentran en aguas profundas de ida y vuelta sin dejar de jalonar mensajes reivindicativos frente a aquellos que vician el entorno y traicionan a su tierra y a sus gentes por ambiciones especulativas de carácter social, económicas, políticas y medioambientales. Qué tendrán esos isleños de costa, medianía y cumbres cuyos sueños, palabras y versos traspasan su doble contorno geográfico -insular y archipielágico- para armar a hombres y mujeres “en” y “con” integridad, sin miedo a las nuevas y siempre rancias cadenas caciquiles enquistadas en esos lares. Cómo se forjan esos canarios desde unas ínsulas al pie del majestuoso Atlas para volar tan alto y tan lejos sin olvidar nunca sus orígenes. Es éste, sin duda, un concepto de canariedad concebido desde la universalidad y no bajo ese yugo identitario de ombliguismo ramplón y simplón que niega la alteridad. Pues justamente “el otro” ha sido y es un elemento clave en la conformación de una “canariedad” dinámica moldeada por los distintos condicionantes sociohistóricos a lo largo del tiempo, desde el poblamiento originario del Archipiélago hasta la actualidad. Sin “el otro” Canarias, tal como la percibimos, nunca hubiera existido.

 
Francisco, Paco Viñas es uno de esos isleños que desde su atalaya literaria continúa el sendero abierto por otros tantos canarios y canarias que desde la Cultura han caminado y siguen caminando sobre el azul Atlántico y pasean entre los alisios con unas raíces bien sujetas a la madre tierra, con voz propia y libre, con palabras directas, claras y con un compromiso abierto, transparente y reivindicativo. De este modo, Francisco Viñas, tras un preliminar recordatorio a Domingo Acosta Guión, a Félix Casanova de Ayala y a Cecilia Domínguez, mucho más que una simple y hermosa declaración simbólica, hace resonar nuevamente su caracola marina como hacían sus ancestros. El sonido del bucio -metáfora empleada por el poeta para fusionar sus orígenes y su tradición con el presente- es un medio para alertar a la ciudadanía para que alce definitivamente su mirada hacia el horizonte social de un mañana solidario que debe ser construido desde el ahora, sin más dilación.
 
Sus poemas tejen un duro contexto social castigado, aunque más hiriente y doloroso resulta descubrir esa rabia contenida escondida en la trastienda social del Archipiélago que alienta una impasividad indolente generalizada que supone la victoria, la rapiña y botín de guerra para los codiciosos sectores dominantes. El poeta intenta liberar y redimir esa situación a través de una batalla limpia y solidaria, “con soldados de la armonía” y construir colectivamente a base de sueños, esperanzas, amor y pasión un futuro distinto que evite la destrucción individual, colectiva y natural para que “uno” vuelva “a ser uno con todos” y borrar que nuestros procreadores se saquen de “la boca cerrada todo menos la esperanza”.
 
Sin duda, me resulta extremadamente sublime ese poema que descodifico, desde una perspectiva cargada de subjetividad y con gran atrevimiento, como síntesis del comportamiento secular isleño sobre una historia que nunca fue vivida, aunque sí deseada: “Y EN CUALQUIER / barra oscura / que jamás compartimos, / quedarán una noche / en el fondo de un vaso, / revueltos con el hielo y el hastío, / un montón de proyectos / y de besos / que no tuvieron tiempo / o sin saber por qué / no se lo dimos”. Es hora pues de caminar con la mirada erguida y puesta en ese futuro-presente que aspiramos. Es tiempo de dignidad.
 
* La casa de mi tía agradece la gentileza de Julián Ayala y José Manuel Castellano y felicita a Paco Viña por el feliz parto poético
 
julián ayalapaco viñajosé manuel castellano
 
 
 
 
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