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05:14h. Viernes, 24 de Mayo de 2019

El primer negro (y canario) en el Congreso de los Diputados - por Nicolás Guerra Aguiar

 

FRASE GUERRA


 

 

El primer negro (y canario) en el Congreso de los Diputados - por Nicolás Guerra Aguiar *

 

A los veintiséis minutos del recién nacido 29 de abril ya figuraba en el periódico digital Público un mensaje enviado por el canario José Oliva Socas con el título “Una hora menos”. Decía así: “En Canarias llevamos años con la tauromaquia prohibida, con varias celebraciones del  orgullo LGBT, vivimos con gran diversidad cultural y, en las elecciones de hoy, VOX no ha conseguido ni un escaño en ninguna de las islas. Una hora menos pero 10 años de adelanto”.

  Y es cierto: ninguna circunscripción insular le dio diputados a VOX para el Congreso. No obstante, le faltó añadir al señor Oliva Socas que Gran Canaria había elegido al primer negro para la Cámara Baja cuyo nombre, Luc André Diouf, figuraba en segundo lugar por el PSOE. (Ironías de la vida. No lo del PSOE, precisamente.)  

  Monsieur Diouf Dioh (sospecho dos apellidos), senegalés con DNI español (habla también inglés, francés, serer, wólof y alemán) es señoría con todas las atribuciones que les confiere la Constitución a los trescientos cincuenta diputados. Es decir, este hombre negro que durmió durante cuarenta y cinco días en la playa de Las Canteras cuando agotó el dinero de reserva, inmigrante ilegal, sin papeles, ingresado en un hospital por enfermedad y a punto de ser devuelto a su país “gozará de inviolabilidad por las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones”.

  Más: “Gozará de inmunidad y solo podrá ser detenido en caso de flagrante delito”. Además, únicamente el Congreso de los Diputados podrá autorizar su inculpación y procesamiento. Por su trabajo “percibirá una asignación”. (Cuarenta y tantos millones de españoles no gozan de tales prerrogativas. Pero el negro senegalés-español Diouf Dioh, sí: son los prodigios del sistema democrático. ¿Se lo imagina, estimado lector, como ministro del Interior?)

  Por tanto, la Constitución Española no distingue apellidos para ocupar cargos públicos (Chaib, marroquí; Bosaho, guineano; Surra, uruguayo; Truta, rumano; Diouf, senegalés; Smith… están presentes en la política). Tampoco le afectan lugares de nacimiento, condiciones de anterior ilegalidad, color de la piel, si tienen doble o triple nacionalidad... La única condición es la de ser ciudadano español, como lo son por derecho los casi ochenta mil musulmanes residentes en Ceuta y Melilla.

 Pero ya no solo se trata de instituciones altas, intermedias, regionales o municipales, en absoluto. Así, diecisiete jóvenes de otros tantos países ingresaron como nuevos agentes de la ley en la promoción de 2007: entre ellos el primer chino-español, Que Li. Lo cual me recuerda algo: treinta años atrás el IES Pérez Galdós fue el primer centro canario que incluyó en su programación clases de español exclusivas para extranjeros, alumnos  matriculados en cursos normales de Secundaria con absoluto desconocimiento de nuestra lengua.

  El profesor don Francisco Merino, cerebro privilegiado y creador casi desde la nada de perfectos horarios por el rigor pedagógico, empleó sus células grises para encajar tres horas semanales a lo largo del curso sin perjudiciales interferencias en las otras asignaturas, pues bien era cierto que salvo en Matemáticas e idiomas (por sus específicas peculiaridades) los extranjeros de nada se enteraban. (¿Imagina usted, estimado lector, cuatro horas semanales de Historia en una lengua absolutamente ajena a la suya y con grafías árabe, china o búlgara -respectivamente, فن الخط; 書法; почерк- también extrañas?)

  Tuve la grata experiencia de impartir las clases durante un par de cursos: hubo varios chinos, cuyos padres empezaban a ampliar el número de restaurantes; dos húngaros, un búlgaro, un rumano, dos hermanos guineanos, una marroquí (trabajaba como camarera; hoy es médica), dos francesas, una finlandesa… Europeos y africanos terminaron el Bachiller y pasaron a la Universidad de Las Palmas. A muchos les he perdido la pista, pero de otros tengo alguna noticia: uno es ingeniero y trabaja en Budapest; el búlgaro estudió Informática y marchó a Londres… Los chinos -visión comercial- terminaron la Secundaria Obligatoria y hoy son prósperos comerciantes en la calle La Naval.

   Miles de residentes, hijos de extranjeros, obtuvieron la nacionalidad española. Y cualquiera de ellos, como los arriba mencionados, disfruta también del artículo 14 de la Constitución: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza […] o cualquiera otra circunstancia personal o social”.

  La democracia, así, va lentamente despojando a las instituciones del monopolio reservado a españoles de rancia tradición o pura sangre acaso encarnados en el protagonista del poema machadiano Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido:  “[…] un señor / de mozo muy jaranero, / muy galán y algo torero; / de viejo, gran rezador”, quien asentó su cabeza “de una manera española / que fue a casarse con una / doncella de gran fortuna”…

  Sí, en efecto: algo así como cuando los jóvenes de Podemos hicieron su entrada en el Congreso de los Diputados ante la perpleja mirada de señorías legítimamente conservadoras, arrebatadas algunas en la esencia patria por tal irrupción de nuevos diputados sin americana y corbata, mangas recogidas hasta arriba, besos en la boca entre varones, madre que amamanta a su bebé en el mismo hemiciclo, chicharreras rastas en la cabeza del parlamentario Alberto Rodríguez, colectividad proletaria de colonias piojeras, insectos anopluros alimentados con la isleña sangre de quien recibió palabras de escarnio y maldecir. Así, la señora Villalobos temió que “le pegue un piojo”; y una periodista identificó renovación y jabón Lux, el de nueve de cada diez estrellas cinematográficas: "La progresía no está reñida con la ducha". 

  Recuerdo también el “caso Blanco” (exconseller pepero valenciano expulsado por su partido) cuando desvió fondos públicos destinados a proyectos de ayuda. Para él, África es “Negrolandia” y “lo nuestro se pone por delante a lo de los negratas” (El País, enero 2014).

 La democracia -dirán algunos “progres”-, se pasa. Pero la Britania Máxima no pudo frenar al musulmán paquistaní Sadiq Khan, actual alcalde laborista de Londres. Y pone socialista negro junto a blancos en el Congreso español. (“¡Hombreee!…, demócratas sí pero… ¡karajo!”, añadirán las voces de algunos coros.)


* La casa de mi tía agradece la gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

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* La casa de mi tía agradece la gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

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