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20:23h. miércoles, 25 de mayo de 2022

Mi primera boda gay - por Paco Vega

Ayer acudí entre curioso y sorprendido a mi primera boda gay...

Mi primera boda gay - por Paco Vega

 
Ayer acudí entre curioso y sorprendido a mi primera boda gay. Nunca antes había acudido a una, y reconozco que fue muy emocionante ver a los novios -dos chicos jóvenes con un año de convivencia previo y varios de relación- comprometerse en un emocionante acto civil ante sus numerosos familiares y amigos. Nunca antes lo había vivido en persona y para mí significó una nueva experiencia que agrandó, aún más si cabe, mi espíritu tolerante hacia las personas que sienten y expresan su amor de forma diferente a la mayoría. Fue una boda celebrada precisamente el Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia, no sé si premeditado o fruto de la casualidad.
 
Un acto muy bonito y emocionante que fue oficiado, en el lugar habilitado al efecto en el magnífico Parque de Las Flores de Arucas, por la Concejal del Ayuntamiento Dª Marisol Collado Mirabal, quién dirigió con simpatía y naturalidad un acto cargado de emociones por parte de los contrayentes y familiares.
 
Al margen de las lógicas emociones y sentimientos por parte de los más allegados, me sorprendió la generosidad y maestría con la que La Concejal dirigió el acto, buscando siempre la sonrisa y complicidad de los contrayentes que se mostraban con los lógicos nervios de la responsabilidad del momento. Me gustaron sus palabras, sus bromas, su seriedad en los momentos más formales y solemnes del acto, pero sobre todo la naturalidad con la que condujo la ceremonia.
 
Hoy alrededor de 80 países en el mundo criminalizan la homosexualidad y condenan los actos sexuales entre personas del mismo sexo con penas de prisión; ocho de estos países (Afganistán, Arabia Saudí, Irán, Mauritania, Pakistán, Sudán, Yemen y algunos estados del norte deNigeria) mantienen para estos casos la pena de muerte. La discriminación basada en la orientación sexual y en la identidad de género no está oficialmente reconocida por los Estados miembros de las Naciones Unidas (a pesar de que organismos de derechos humanos como el Comité de Derechos Humanos han condenado repetidamente la discriminación basada en la orientación sexual y la identidad de género).
 
Este tipo de actos ayudan a normalizar cada vez más lo que ya de por sí es natural desde el origen de la humanidad (hipocresías y prejuicios aparte).
 
Apostemos por dar carta de normalidad lo que ya viene siendo connatural a nuestra especie humana desde el origen de los tiempos. Nada malo puede haber entre dos personas que se quieren y se respetan cuando lo único que a todos debe importarnos (si es que algo debe importarnos), es su felicidad.