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18:33h. Martes, 22 de octubre de 2019

Por lo pronto se rompe el bipartidismo - por Nicolás Guerra Aguiar

 La mañana del 21, mientras esperaba a que me llamaran para una prueba médica (pura rutina en mi sexta juventud, obviamente), me martirizaron sin derecho a réplica con un programa de TVE1. Son, acaso, nuevas técnicas médicas para comprobar el aguante de nuestra tensión arterial, ya sabemos cómo avanzan las investigaciones. Pero no sé hasta qué punto la estructura físico-mental de un normalito ciudadano puede ser emocionalmente sometida a tales embates.

Por lo pronto se rompe el bipartidismo - por Nicolás Guerra Aguiar *

   La mañana del 21, mientras esperaba a que me llamaran para una prueba médica (pura rutina en mi sexta juventud, obviamente), me martirizaron sin derecho a réplica con un programa de TVE1. Son, acaso, nuevas técnicas médicas para comprobar el aguante de nuestra tensión arterial, ya sabemos cómo avanzan las investigaciones. Pero no sé hasta qué punto la estructura físico-mental de un normalito ciudadano puede ser emocionalmente sometida a tales embates.

   Sucedió que las imágenes del señor Rajoy y su plana mayor en el balcón de la sede madrileña (que no en el Palacio de Oriente) fueron proyectadas una y otra vez, y otra vez, y otra vez… mientras en la parte inferior un rótulo permanente dejaba notarial constancia de que el PSOE había pasado de 110 diputados a 90 y de 7 003 511 a 5 530 693 votantes. De fondo, la voz de una interviniente en la tertulia avanzaba catástrofes y tsunamis: Europa está muy preocupada por el avance de algunos; y ya hay rumores entre empresarios, banqueros…

   Mientras Europa preparaba la Santa Cruzada para salvar a España según la sajorina pitonisa, hete aquí que la señora Merkel -jefa del Gobierno alemán y gobernadora universal de los destinos europeos- es consecuente con la realidad. Y afirma sin apasionamientos ni amiguismos ideológicos que ganó en votos el PP, pero no son suficientes para la directa investidura del señor Rajoy como presidente del Gobierno. Por tanto, no lo felicita; pero sí se congratula con el pueblo español por su alta participación en las urnas.

   O lo que es lo mismo: la señora Merkel sabe de sumas y restas en cuanto que la alianza Ciudadanos – PP no es suficiente para obtener la mayoría absoluta, y que con los nacionalistas catalanes no puede contar por torpezas anteriores del señor Rajoy. Aunque siempre quedará la gran incógnita, el desajuste interno del PSOE y muchos desaciertos en la campaña electoral como, por ejemplo, las intervenciones de los señores González Márquez y Guerra, cabezas visibles de un PSOE que dejaron descomponerse entre silencios y galeadas. La presencia de aquellos ex significó que aún hay fuertes vínculos con el grisáceo pasado que representan desde finales de los años 80, siglo XX.

   Por primera vez en la historia democrática reciente el juego político no estaba entre A o B, entre derechas e izquierdas, entre PP y PSOE, monótona y repetitiva alternancia en el poder. Bien es cierto que ambos partidos figuran en primer y segundo lugar, respectivamente. Pero si las reglas de juego fueran justas y no estuvieran constreñidas por trasnochadas consideraciones, el orden final hubiera sido otro. Casos hay, flagrantes y contrarios a la voluntad popular, en que un puñado de votos tiene más poder decisorio que un conjunto de miles. Si no existieran las circunscripciones (estudio de PUBLICO, ratificado aunque no al cien por cien por EL MUNDO), los resultados habrían cambiado. Así, el PP tendría 106 parlamentarios (y no 123); los 90 actuales del PSOE hubieran descendido a 81; Podemos estaría en 76 frente a los 69 de hoy; Ciudadanos rondaría el medio centenar (y no 40); Unidad Popular – IU, estaría en 14 frente a los dos actuales.  Y “Otros”, de 26 hubieran bajado a 21.

   Ante esta realidad, A y B se negarán siempre –incluso con pactos de sangre- a que se mueva una coma en las actuales normas de funcionamiento: el enemigo acecha. Aunque ese supuesto enemigo no es más que la pura, limpia y sacrosanta voluntad popular que reclama la circunscripción única. Pero tanto el PP como el PSOE (ya lo dijo Fraga Iribarne) son, desde la tradición de normas bien atadas, los únicos partidos llamados por los dioses para aquellas cosas del Gobierno. Y fiel a los principios fraguísticos, aquellos momentos del programa televisivo que nombro al comienzo enfocaban la información como si los otros partidos emergentes fueran simples comparsas en medio de dos. Y como ellos están en el poder, el perenne rótulo se refería al PSOE aunque más llamativo, sin duda, era el fuertísimo bajón del PP. Para el programa, sin embargo, nada había cambiado a pocas horas de los definitivos resultados.

   La realidad española es otra por voluntad popular. Los partidos políticos tradicionales de la alternancia en el poder deben tomar urgente conciencia de que todo ha cambiado a partir del 20 de diciembre. Y que tanto PSOE como PP (obviamente, con legítimo derecho en sus aspiraciones) ya no son las únicas fuerzas con capacidad para gobernar desde las instituciones del Estado. Es más: urge que ambos partidos se planteen con serenidad, desapasionamientos, rigurosos análisis y sentido común las razones de sus tales descalabros. Por el momento –y me preocupa- no les he escuchado ni oído el público reconocimiento de su fracaso, el de ambos. Un partido (PP) que pierde 60 parlamentarios en cuatro años y otro (PSOE) que sigue su revés de bajada no pueden disimular la realidad, su agónico descendimiento.

   Torpezas, mediocridades, soberbias, corrupciones, corruptelas, los ERE, las comisiones económicas… han influido –aunque no en la proporción que se esperaba- en los resultados. Pero hay algo a la vista: este proceso evolutivo también es imparable. Estoy seguro de que si la campaña se hubiera alargado una semana más, el señor Iglesias sería hoy el jefe de la oposición. La nueva sociedad exige nuevas personas, nuevas fórmulas, serenas pero revolucionarias maneras de entender la política. Una nueva generación -¡al fin despertó!- ha llegado, y no para una estancia pasajera. Traen palabras que la sociedad ya había olvidado: pudor, decencia, ética, honestidad, vergüenza, Ideas, pensamientos…

   ¿Que muchos de los nuevos aprovecharán la mínima oportunidad para delinquir? ¿Que hay interesados en lo personal? Sin duda alguna, es una sociedad formada por seres humanos. Pero por el momento crean ilusiones y, estoy seguro, los demás reaccionarán sin miramientos ni amiguismos frente a los tales supuestos. Se llama regeneración.

* En La casa de mi tía por gentileza de Nicolás Guerra Aguiar